Mueren 88 personas a causa de estampida para entrar a estadio filipino
Miles de personas se precipitaron ayer sábado para entrar a un popular estadio de Manila donde se iba a transmitir en vivo un popular programa de televisión con grandes premios, causando una estampida en la que murieron 88 personas y 337 sufrieron heridas, según el último balance.
Algunas personas habían acampado durante días para participar en la grabación del programa «Wowowee» y funcionarios dijeron que ignoraban lo que provocó esa aglomeración fuera de las puertas del estadio, que se encuentra en el suburbio de Pasig, en el este de la capital filipina.
«Teníamos esperanzas de ganar dinero», dijo un ama de casa, Esperanza Marasigan, que buscaba ansiosamente a sus parientes en medio del caos. «Nunca pensamos que esto se convertiría en una pesadilla», agregó.
El senador Richard Gordon, que también es presidente de la Cruz Roja Filipina, dijo que se había confirmado la muerte de 88 personas y que otras 337 habían sido heridas cuando el gentío se apretujó fuera del escenario del espectáculo.
La presidenta Gloria Arroyo ordenó una investigación oficial de la causa de este accidente que se produjo el sábado de madrugada en el estadio Ultra, donde la policía indicó que se habían congregado más de 10.000 personas, algunas a partir del jueves, para asegurarse de que tendrían entradas para este espectáculo.
Arroyo trató de consolar después a los heridos en los hospitales de la zona, cuyas salas de urgencia estaban atestadas de víctimas, algunas de las cuales se vieron obligadas a esperar tratamiento sentadas en sillas de plástico o incluso en el suelo.
La jefa del Estado filipino prometió que difundiría los resultados de la investigación en un plazo de 72 horas.
Los cadáveres fueron sacados del estadio y colocados en una calle llena de basura, cubiertos de bolsas de plástico o de periódicos. Algunas personas acariciaban los rostros de sus seres queridos muertos, llorando y en estado de conmoción después del tumulto.
Melvin Salazar, de 17 años, trataba de consolar a su padre Melquíades, que se negaba a soltar el cadáver de su esposa Jocelyn, de 42 años, mientras un enfermero trataba de intervenir. *
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