Abu Hamza: clérigo islamista, terrorista
Es el perfecto villano. Parche en el ojo izquierdo, ganchos en cada brazo en lugar de manos. Y como si eso fuera poco, también lleva un turbante.
Abu Hamza, terrorista, incitador de asesinatos y violencia islamista, extremista religioso, orador radical y ya que estamos, «hombre de la bolsa» y zombie que se alimenta de los sesos de jóvenes incautos.
Su ficha técnica exhibe simplemente los siguientes datos. Profesión: predicador islámico; lugar de residencia: Londres, Inglaterra; tendencia: extremista.
Pero en el juicio de este mes en Londres se le acusa de ser todo aquello y mucho mas. También es acusado de ser «el embajador europeo de Osama bin Laden». A su alrededor hay oscuros personajes de todo tipo: agentes secretos ingleses, prisioneros torturados en el exterior, sospechosos de terrorismo islamista y espías americanos.
Sobre «el caso Hamza», no es necesario que el fiscal de su majestad la Reina de Inglaterra diga nada más. El resultado del juicio puede predecirse: Abu Hamza, culpable de todos los cargos, condenando a las mazamorras mas profundas de la Torre de Londres y candidato principal para una introducción de la horca, la guillotina, la cámara de gas, la silla eléctrica o la inyección letal. O, mejor, todas en simultáneo. No sabemos qué demonios hurgan en la cabeza de este anti Cristo. Hay que estar preparados para lo peor.
Pero ojo. Falta que el abogado para la defensa diga algo, porque todavía no ha hablado. OK. Estamos en una democracia así que hay que dejar hablar al abogado defensor. Como en las películas de Hollywood, tal vez se nos ablande nuestro benévolo corazón, al escuchar las motivaciones del acusado. Tal vez nos informemos de sus orígenes humildes en calles llenas de patoteros injustos, en barrios árabes pobres. Condenado, va a ser condenado. Pero por lo menos vamos a poder decir que su juicio fue justo.
Abu Hamza no nació terrorista ni se brutalizó o enloqueció por ingestión de algún sicofármaco. El ahora clérigo radical de 47 años era un ingeniero civil en Londres antes de viajar a Afganistán y Bosnia como apoyo voluntario islámico durante la década del 90.
En Afghanistán, Hamza perdió sus dos manos y un ojo limpiando aparentemente una zona de minas de guerra. Poco tiempo después se translado a Bosnia, donde se contactó con guerrilleros islámicos anti-Serbios. Es de suponer que sus experiencias en aquellas dos regiones resultaron en la radicalización islamista de Hamza.
Durante los años 90 en Bosnia el horror de la guerra de Los Balcanes estaba en su apogeo. En Sebrenica, cientos de hombres islámicos fueron separados de sus familias, llevados a un bosque cercano y sumariamente ejecutados. Todo bajo la atenta pero paralizada mirada de algunos cascos azules holandeses apostados en la ciudad.
Que se sepa, Hamza nunca empuño un arma. Antes de convertirse en un clérigo radicalizado, supervisó varias construcciones, entre ellas un ala aledaña al complejo militar de Sandhurst, en Inglaterra, donde ahora los príncipes reales William y Harry están haciendo su servicio militar.
Mapas de Sundhurst fueron encontrados en su domicilio, conjuntamente con las cintas de video y los manuales de terrorismo, que forman la base acusatoria de sus actividades terroristas en el Reino Unido.
Pero el arma secreta de Abu Hamza nunca fue una escopeta o el cemento, sino su talento orador radicalizado para quienes lo querían escuchar.
Fueron los sucesos del 11 de setiembre lo que destapó las actividades de los clérigos islámicos londinenses cuando uno de los sospechosos, el acusado «vigésimo terrorista» de ese día, confirmó que había vivido en Londres y había frecuentado las diversas mezquitas radicalizadas de la capital, entre ellas Finsbury Park y Brixton. Otro terrorista, Richard Reid, conocido como «el terrorista del zapato» y apresado durante un vuelo entre París y Nueva York con un par de championes-bomba, también había sido visto en Finsbury Park y otras mezquitas inglesas.
Es probable que Abu Hamza sea todo lo que se le acusa que es y mucho más. Pero, para los observadores del juicio en su contra, su radicalización obedece más que nada a factores objetivos.
El suceso de Hamza como orador es el resultado de la presión a la que está siendo sujeta la cultura islámica del Medio Oriente. La mayoría de los sheiks, reyes y dictadores de esa región bailan alegremente al son musical de la diplomacia americana y europea. Por ejemplo, Egipto, Jordania, Afghanistán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Líbano, Israel y Turquía. Pero el viejo arreglo de influencia a cambio de petro dólares ya no convence a los clérigos.
Los únicos dos países estratégicos que no obedecen directa o indirectamente al Departamento de Estado o al Pentágono son Irán, Siria y los conjuntos habitacionales palestinos.
Pocos se acuerdan hoy que alguna vez Irán sí obedecía a la política exterior de Estados Unidos. Aquellos eran los tiempos del Shah de Irán, Reza Palhavi. En aquella época existió otro clérigo islamista llamado Ayatollah Khomeini residente en París y que en 1979 destronó al dictador Shah porque bailaba el tango demasiado estrechamente con Occidente; y que dio origen a la revolución que hoy gobierna Irán.
En 1953 luego de la nacionalización de los pozos petroleros iraníes, el electo primer ministro Mosaddeq fue objeto de un golpe de estado organizado por potencias extranjeras y liderado por Reza Palhavi, cuya sangrienta dictadura fue sancionada como legal por las potencias occidentales, hasta su caída.
El clérigo Abu Hamza no podría ni abrocharle las sandalias al Ayatollah Khomeini. Es apenas un soldado religioso islámico. Pero tanto Hamza, Qatada, Khomeini, Rafsanjani, al Sadr y otros son producto de una situación regional causada por la excesiva presión internacional de varios poderes en contra de una cultura. Cada uno es resultado directo de esa presión. El círculo vicioso no parece estar a punto de cortarse. Es muy probable que la situación empeore en los próximos meses. Aún si Abu Hamza termina en una mazamorra. *
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