La integración debe abarcar a todos
ISIDORO GILBERT
Los tres mandatarios están a partir de un confite pese a reciente chisporroteos entre el argentino y el brasileño al punto que Kirchner y Lula cerrarían, en este primer viaje oficial del argentino, los agujeros negros en su vinculación comercial, un antiguo diferendo que no clausura todos, pero que retira la relación bilateral de la bruma de lo imprevisible.
Lo que restaría para cerrar es el contenido definitivo de la Cláusula de Adaptación Competitiva (CAC), el nombre técnico de las salvaguardias, es la fórmula para determinar el «daño» producido por alguna importación brasileña. Si bien las partes todavía están algo atrasadas en la redacción final, funcionarios de la Cancillería argentina aseguran que la decisión política de Brasil es la de llegar a un entendimiento.
Un asunto delicado ingresará a las charlas con Hugo Chávez y es la que se refiere al veto norteamericano a la venta de armamento español y aviones brasileños a Venezuela porque Caracas es parte del «eje del mal» y el caso actúa como test para Kirchner y Lula.
Otro tema no sencillo, que llena a todo el Mercosur, es la relación de los grandes con sus socios menores y a la no sencilla incorporación de Bolivia al bloque. Es que para La Paz, antes de dar paso en dirección a ser un asociado, debe corroborar cuán flexibles serán argentinos y brasileños con el precio del gas que vende.
Vale la pena detenerse en los preparativos de la Cumbre. Los cancilleres Jorge Taiana y Celso Amorim se tomaron su tiempo para entender el significado de las novedades oficiosas que llegan desde hace semanas de Montevideo sobre un giro uruguayo para firmar una zona de libre comercio con los norteamericanos.
Brasilia permitió a argentinos y brasileños cristalizar una definición crucial para el futuro del Mercosur. Coincidieron que es preciso eliminar las asimetrías de tamaño, especialmente con los socios más pequeños, que ponen al bloque bajo fuertes tensiones.
Taiana y Amorim reconocieron que existe «disconformidad» de los socios más chicos del Mercosur. Y sobre todo admitieron que expresiones llegadas desde del gobierno uruguayo, y que pondrían en duda la fidelidad oriental al bloque, son un «toque de alerta».
Ya se sabe que el ministro de Economía Danilo Astori sostuvo que Uruguay pretendía marchar hacia un acuerdo de libre comercio con EEUU y que el propio canciller Reinaldo Gargano no lo desechó si se dan las condiciones ideales para una negociación, que es lo que ahora no existen, claro. Fueron señales a sus socios regionales.
Primero hace saber que está decidido a encarar negociaciones comerciales con EEUU y a la vez, no quiere romper con el Mercosur; es como pedir respaldo del bloque para dar esos pasos.
Pero por sobre todo pretende que los socios mayores no lo ignoren en la toma de decisiones y no le impongan trabas comerciales.
Llamados a la reflexión
«Técnicamente, esto es imposible» creen sobre un Tratado de Libre Comercio uruguayo-norteamericano tanto en Brasilia como en Buenos Aires donde ese deseo de «cortarse en soledad» es más un síntoma que una realidad. No dejaron de hacer su mea culpa. Lo dijo Amorín: «Estas manifestaciones deben llamarnos a la reflexión. Si Uruguay no ve que el Mercosur le dé los resultados que espera, o cree que estos son insuficientes, hay que discutir cómo hacemos para encontrar las soluciones. Es una responsabilidad de los dos países más grandes
Las voces orientales sonaron como un trueno. Al principio, todo se relacionó aquí con una interna en el Frente Amplio que existe sin duda alguna pero está muy lejos de explicar lo que ocurre. Luego, la diplomacia local centró la bronca oriental con el diferendo por las papeleras de Fray Bentos, tema que sacude al menos a un sector de la provincia de Entre Ríos en actitud peleadora convencida que el daño de esas fábricas complicará los tiempos venideros quien sabe hasta cuando.
Al final, tanto el Palacio San Martín como Itamaraty concluyeron el disgusto de su socio menor, que bien podría estar acompañado por Paraguay, demanda un replanteo global sobre el Mercosur. Se verá con que cosas concretas se va a abordar la crisis.
Va de suyo que el asunto papeleras requiere un entendimiento aparte que ni la diplomacia ni la política argentina aciertan a formular. Se reconoce en las más altas esferas que una propuesta, de la semana pasada, concertando una nueva ubicación para las papeleras con auxilio financiero argentino fue mal formulada y por lo tanto rechazada.
Por lo que se sabe se tratará de invitar a Uruguay a discutir un programa de inversiones que permita, entre otros proyectos, atender el desplazamiento de las plantas de la discordia a algún sitio que asegure que no habrá contaminación. En que en el gobierno, donde dicen no comulgar con el sesgo que le dio al diferendo el gobernador e Entre Ríos, Jorge Busti, creen que las papeleras no dañarían las aguas del río Uruguay pero sí la atmósfera.
Lo objetivo que ya hay daño sobre la economía uruguaya y el bloqueo de los puentes perturba gran parte del comercio bilateral, y el transporte de mercadería brasileña.La escalada de los cortes debe detenerse; una vinculación histórica no puede quedar subordinada a situaciones o hechos que condicionen esa relación, Al decir de «Clarín», » este desafío estimula la búsqueda imaginativa de soluciones diplomáticas bilaterales o de terceras partes que contemplen los intereses en juego y las necesidades de la región».
Un nuevo papel para Brasil
Precisemos algo. A Kirchner no le viene mal el alerta oriental sobre el Mercosur, porque sus reclamos de asimetría a Brasil son mutatis mutandis las que hace Uruguay al bloque. Lula parece haber entendido que no se podrá mantener la cohesión del agrupamiento regional a menos que haya «sólidas concesiones» a sus socios. Pero apresuremos a subrayar que Brasil no es el demonio sino que el proceso de integración, por haber tenido la impronta de los grandes grupos económicos, derivó en el Mercosur actual y que debe ser reformulado con la presencia de los Estados.
Siempre hubo voces, no las más influyentes, en los dos grandes, que sostenían no saber que hacer con Uruguay y Paraguay y la pregunta que requiere respuesta urgente es precisamente como se enfoca de otra manera el Mercosur para que importe a los uruguayos más allá de la retórica. Dicho de otro modo, sin un proyecto regional de crecimiento discutido por todos como iguales, mantendrá viva la tentación de encontrar el becerro de oro en los EEUU
Las cosas no suceden en cualquier momento; hay una vieja prédica de Washington a favor de desmembrar el agrupamiento regional, más ahora con la incorporación venezolana y la eventualidad de que Bolivia siga el mismo camino aunque no será sencillo. En los cambios que se dan en el espacio sudamericano, la idea sobre la Comunidad de Naciones luce como menos utópica y por ello, para entender lo que pasa: no alcanza totalmente la señal de disgusto oída estos días sino, además flota la cizaña.
Veamos. Es probable que el senador por la Florida, Mel Martínez, hombre del riñón de George W. Bush se haya dejado llevar por sus desconocimientos proverbiales cuando anunció por una radio porteña, con acceso a la embajada norteamericana, que su país con Uruguay estaban cerrando un acuerdo de libre comercio, afirmación que sacudió varias cancillerías.
Confundió, dijo luego, con el tratado sobre inversiones. Viniendo de quien viene es factible pensar en una operación desestabilizante.
Hay y habrá mucho comedido en el futuro prediciendo la desintegración del bloque que en Mar del Plata ganó autoridad e independen
cia de criterio al frenar el propósito de fijarle fecha al ALCA. Esta presencia que sumó a Venezuela no es liturgia antiimperialista; desbroza una manera nueva de integración a través de grandes obras de infraestructura como el gasoducto que nacerá en Venezuela, atravesará Brasil y pasará a Argentina y Uruguay.
Su construcción haría de la zona una potencia que suma energía barata, alimentos y un despliegue industrial que transformará el modo sudamericano de integrarse al mundo, que es lo que en definitiva está en debate.
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El paso de Tom Shannon
En este contexto de pos Cumbre de Mar del Plata y de ruidos sudamericanos es que estuvo en Buenos Aires, el hombre de Bush para América Latina, Thomas Shannon, el llamado a recomponer las relaciones o enderezarlas y no solamente con Argentina.
Tomemos lo ocurrido en Buenos Aires como un ejemplo. Shannon abandonó la dureza en las palabras de sus antecesores, Roger Noriega y Otto Reich, pero sería ingenuo pensar que ha dejado de lado la pretensión de Washington para América Latina y sus obsesiones, Venezuela y Bolivia, que rememora los tiempos del gran garrote.
Kirchner no quiere enfrentamientos con la administración norteamericana. Ha planteado sus disensos en cuestiones latinoamericanas o en relación con los organismos financieros internacionales. Pero, por ejemplo, públicamente no ha cuestionado el belicismo de Bush, más allá de reivindicar en la ONU el multilateralismo. Así es que hizo abrir todos los despachos ministeriales que el visitante tuvo interés y le concedió una audiencia fuera de agenda cuando conoció que en esos encuentros las charlas no fueron litigiosas. Juran en la Rosada que la reunión fue distendida y que Shannon no insinuó lo que se sabe que quiere Washington en América Latina.
Al contrario como gesto respondió con otro lenguaje respecto de Bolivia en vísperas de la asunción de Evo Morales a la que irá en nombre de su gobierno. Fue prudente en cada ministerio. En Defensa no manifestó reclamos como la reanudación de maniobras militares conjuntas con las inmunidades a sus soldados, asunto estancado y fuera de los objetivos próximos de los locales. Si le importó el papel actual de las FFAA y mucho verificar el compromiso argentino con su presencia en Haití. Lo que oyó aquí es que se cumpla la ayuda económica y el cronograma electoral para no convertir la estancia de soldados latinoamericanos en Haití como permanente.
Sin embargo, pese a lo que dijo Shannon aquí sobre la recomposición positiva de las relaciones, en Washington siguen considerando a Kirchner una interrogante no dilucidado. El hombre que maneja las relaciones con América Latina seguirá semblanteado al Presidente cuando se vuelvan a ver en La Paz, en la asunción de Morales.
La obsesión norteamericana sobre el futuro de Bolivia quedó instalada, pero solo en lo epidérmico todavía no la colocan al nivel de Venezuela. Y esperan de Kirchner el papel de moderador, no de socio de estos dos países que se salieron del libreto de los EEUU *
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