El desafío del presidente argentino a Estados Unidos
Mientras en los pasillos del Departamento de Estado en Washington domina la percepción de que Argentina está jugando con fuego en su asociación cada vez más «estratégica» con la Venezuela de Hugo Chávez, los funcionarios estadounidenses entrevistados por los medios argentinos suelen referirse a su «decepción» por la cercanía entre ambos mandatarios sudamericanos.
Y, en una virtual campaña de presiones que van de las sutilezas a las amenazas, desde Wal Street algunos operadores advierten que la alianza Caracas-Buenos Aires podrá ayudar a Néstor Kirchner a pagar los vencimientos de su deuda con el FMI -mediante la venta de bonos argentinos a Venezuela-, pero complicará las relaciones de la Casa Rosada con Washington y el Grupo de los Siete, y alejará la posibilidad de un acuerdo con el FMI.
Mientras tanto, al presidente Kirchner parecen no afectarle las críticas, y menos aun las advertencias que llegan del norte. E inclusive ordenó a su canciller, Rafael Bielsa, enviar un mensaje claro a Washington:
«Hablar de un nuevo ‘eje del mal’ (Buenos Aires-Caracas-La Habana) es un disparate irresponsable», y «supone una visión arcaica de la historia», manifestó Bielsa en referencia al «eje del mal» en el que Washington puso a países «enemigos» como Irán, Siria, Corea del Norte y el Irak de Saddam Hussein.
Además, Buenos Aires no está dispuesto a seguir el ejemplo de otros países del área que (como México) se forman detrás de la economía más poderosa en su plan del Area del Libre Comercio de las Américas (ALCA). «La ilusión de acercarnos a los más grandes para ser más grandes por contigüidad es una receta adolescente», sentenció el canciller, en un artículo publicado en La Nación, dos días después de la cumbre que Kirchner y Chávez mantuvieron el 21 de noviembre en Puerto Ordaz, Venezuela.
A su vez, un ex asesor electoral de Carlos Menem, el economista Aldo Abraham, expuso en entrevista con Proceso: «No creo que Estados Unidos, a partir de toda esta nueva relación de Kirchner con Chávez, considere a Argentina un amigo prioritario y pudiera, desde allí, forzar alguna carta de intención del FMI que no tenga el respaldo del resto de los países del Grupo de los Siete, como lo hizo en setiembre de 2003. Ahora no va a haber una apuesta fuerte a favor de Argentina, ya que generaría un costo político para Estados Unidos.
«Argentina -señaló- no va a tener a Washington en contra, pero Bush no hará jugadas que le signifiquen un costo político, como pretende Buenos Aires, para firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional sin condicionamientos».
Lo anterior, porque el gobierno argentino busca un acuerdo «sin condicionamientos» con el FMI para refinanciar los pagos de la deuda que, hasta 2012, deberá hacer a dicho organismo. Se trata de alrededor de 12 mil millones de dólares, y el plan de Kirchner es acelerar un proceso de «desendeudamiento» para acabar con la tutela del FMI en asuntos internos. Desde la asunción de Kirchner al poder, Argentina ha cubierto a ese organismo unos 6 mil millones de dólares de vencimientos de capital y otros 2 mil 400 millones en intereses.
Por su parte, el FMI presiona para que se realice una serie de reformas estructurales, para que Argentina negocie con los «bonistas» privados que quedaron fuera de la quita de la deuda (faltan negociar unos 20 mil millones de dólares) y para que aumenten las tarifas de servicios públicos en manos de trasnacionales. Pretensiones todas ellas que Argentina rechaza.
Para Eduardo Curia, viceministro de Economía durante la primera presidencia de Menem, la alianza de Kirchner con Chávez «repercute en los vínculos con Estados Unidos», y en especial en la nueva negociación que el país debería comenzar con el FMI. «Ahí está el interrogante en el aspecto más complicado» de las relaciones estrechas con Chávez, dijo Curia a Proceso.
Sin embargo, el gobierno argentino afirma que puede seguir sin un acuerdo con el FMI durante todo 2006 y dilatar las negociaciones para el año siguiente, cuando Kirchner buscará la reelección. Para ello se apoya en los buenos resultados económicos, con un crecimiento de 9% en 2004 y de 8,5% que se espera para este año; en la baja del desempleo (de 22 a 11%) y en el descenso de la pobreza (de 54 a 38% en los últimos dos años), aunque la crisis social sigue vigente.
Pese a todo, alertó Abraham, «yo no creo que sea gratis asociarse ideológicamente a un presidente como Chávez».
La cumbre
Kirchner y Chávez, quienes se sienten cómodos en sus actuales relaciones, terminaron de cerrar filas en la reciente Cumbre de las Américas de Mar del Plata, a principios de noviembre, cuando el mandatario argentino se enfrentó con Vicente Fox en el asunto del ALCA. La disputa diplomática fue inevitable, y siguió con las críticas que Chávez le endilgó al presidente mexicano -al que tildó de «cachorro del imperio»- y que generaron una crisis bilateral aún sin solución.
Hoy por hoy, Kirchner y Chávez son los principales «enemigos ideológicos» de Fox, junto con Fidel Castro, en la región. Aunque lo nieguen en público para no inmiscuirse en los asuntos mexicanos, voceros de ambos gobiernos admiten fuera de micrófono que las relaciones con México volverán a la normalidad tras la salida del poder de Fox en 2006, con las próximas elecciones que, concuerdan analistas en Buenos Aires y Caracas, llevarán a la Presidencia de la República al ex alcalde de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador.
¿Pero qué saca Kirchner de su acercamiento a Chávez?, es la pregunta que se hacen los argentinos.
Abraham contesta: «Desde el punto de vista económico, Venezuela compra mil 200 millones de dólares en bonos (argentinos). Este es un beneficio económico que le saca presión a Buenos Aires ante las necesidades de conseguir financiamiento hasta el año que viene, cuando deberá enfrentar pagos por unos 5 mil millones de dólares con el FMI. Esto es, sin duda, importante».
Ante este panorama, Kirchner admite en privado que tiene una deuda de gratitud con Chávez, según publicó el diario argentino Clarín, el más vendido del país. En concreto, Venezuela ya ha adquirido 950 millones de dólares en bonos y se propone comprar una nueva serie de títulos argentinos por otros 300 millones.
Al respecto, el analista político venezolano Italo Luongo-Blohm escribió en El Universal de Caracas, marcadamente opositor a Chávez: «Qué bendición ha resultado Venezuela para Argentina. Compramos bonos de su deuda por cientos de millones de dólares y también reactivamos sus industrias. Argentina es un país que se encuentra muy mal económicamente, y Venezuela es el salvador y colaborador que compra su deuda. Papeles que casi nadie, o nadie, se arriesgaría a comprar en el mercado mundial de títulos de valores de crédito».
Esta política, según la oposición venezolana, se enmarca en lo que el Washington Post llamó la «petrodiplomacia» del presidente venezolano, es decir, aquella que utiliza el dinero del petróleo o el propio combustible como herramienta diplomática para ganar «amigos» o «aliados» en el continente y evitar así el aislamiento al que lo empuja Estados Unidos.
Pero no sólo de bonos vive la nueva sociedad argentina-venezolana. la agenda se nutre, además, con el ingreso de Venezuela al Mercosur (integrado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, y que se convirtió en el verdadero frente anti-ALCA del continente); la provisión de combustible venezolano (5 millones de barriles de gasoil anuales) para maquinarias agrícolas argentinas; la construcción de un reactor nuclear en Venezuela con tecnología arg
entina (un tema que preocupa a Washington) y un megagasoducto que uniría a ambos países desde territorio brasileño a un costo de 4 mil millones de dólares. Asimismo, está latente la posibilidad de colocar productos agropecuarios y manufactureros argentinos en Venezuela.
Pero Abraham duda de las perspectivas de muchos de estos proyectos. «Hay que ver qué posibilidades de concreción tiene, por ejemplo, el gasoducto. Chávez, en este momento, es un nene querendón. Tiene cualquier cantidad de plata del petróleo venezolano para hacer lo que quiera, independientemente de si es un proceso rentable o no, empujado por políticas de posicionamiento estratégico y político en la región.
«Para Argentina -precisa el economista- es importante este plan porque ha sufrido inconvenientes con la provisión de gas y el congelamiento de precios tras la devaluación (de 2001). La producción nacional está acotada y no puede proveer el total que necesitamos. Depende de Bolivia, con todas las complicaciones políticas que vive ese país. El aprovisionamiento que viene desde allí está marcado con signos de interrogación. Y tener los envíos asegurados desde Venezuela es algo muy importante».
Por su parte, Curia afirma que la asociación especial con Venezuela «es un tema abierto porque, en definitiva, hay cosas que tienen una positividad intrínseca, como los acuerdos económicos y comerciales concretos, con la compra de bonos, por ejemplo; aunque hay otros, como el macrogasoducto, que presentan algunos interrogantes. Sin embargo, estos son los elementos favorables», dice.
Y matiza: «El aspecto negativo es cómo repercute todo esto en Estados Unidos. Argentina, hasta ahora -y esto no se puede negar-, enfrentó el tema de la negociación externa de una forma propicia (con la quita de cerca de 50% en la deuda con ‘bonistas privados’). pero la duda se proyecta hacia el momento en que el país atraviese por una nueva negociación. Ahí va a estar lo más complicado».
En su análisis de la situación, el especialista sostiene que, «de todas maneras, Kirchner puede actuar como un elemento moderador o como una bisagra entre estas dos posiciones antagónicas de Venezuela y Estados Unidos. En una de esas, Kirchner puede inclinar los aspectos positivos por sobre los negativos y evitar daños en la relación con Estados Unidos. Es una cuestión abierta que le puede ofrecer un margen operativo».
Según un sondeo del diario Clarín en su edición on line, 69% de los entrevistados considera que la nueva relación con Venezuela será benéfica para Argentina, contra 13% que cree que perjudicará el futuro de la nación, y 17,6% que piensa que «no cambiará nada».
-¿Y qué recibe Venezuela a cambio? -pregunta el reportero a Curia.
– Un fuerte respaldo político para el ingreso al Mercosur -responde.
Y esto, desde luego, dará a Chávez más fuerza en su pelea ideológica con Washington y profundizará su oposición al ALCA, con el Mercosur como estandarte.
Como sea, Chávez y Kirchner sellaron de este modo un pacto de mutuas conveniencias políticas y económicas, bajo la mirada atenta y preocupada de Washington. *
Tomado de la Revista mexicana Proceso
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