Escrito por: FRANCISCO MARIN (*)

ValparaÃso, Chile. Cuando en marzo de 2000 Michelle Bachelet asumió el Ministerio de Salud, la mayorÃa de los chilenos no sabÃa quién era ella. El presidente Ricardo Lagos le impuso como primera misión la ardua tarea de poner fin, en un plazo de tres meses, a las colas que tantos malestares causaban a los modestos usuarios de los centros públicos de salud.
“En menos de un mes, Michelle tenÃa a todo el ministerio trabajando en pos de este objetivo”. Y lo logró. Lo hizo “transmitiendo su mÃstica y sentido del deber”, cuenta su madre, la antropóloga y defensora de los derechos humanos Angela Jeria.
En realidad, al terminar los tres meses, Bachelet habÃa conseguido gran parte de lo solicitado por Lagos. Las colas se habÃan reducido en 80%. Más como no habÃa cumplido cabalmente su encomienda, presentó a Lagos su renuncia, pero éste la ratificó en el cargo, y le dijo que lo estaba desempeñando bien y que la gente valoraba su dedicación.
Dos años después, Lagos la nombró ministra de Defensa. Por primera vez en Chile, esta cartera quedaba en manos de una mujer. Fue una jugada arriesgada del presidente. Bachelet descendÃa de una familia de militares y era una experta en defensa: habÃa sido la mejor alumna de un curso de especialización que tomó en la Academia Nacional de Estudios PolÃticos y Estratégicos. Además, recibió un curso sobre defensa continental en el Colegio Interamericano de Defensa, ubicado en Washington, y se desempeñó como asesora del Ministerio de Defensa de Chile.
Y en el perÃodo en que se incrementaron los juicios contra los militares involucrados en crÃmenes de la dictadura de Pinochet -incluso habÃan matado a su padre, y a ella y a su madre las habÃan encarcelado y torturado-. Bachelet supo operar para que las Fuerzas Armadas se mantuvieran fieles a las instituciones democráticas.
Su posición de presidenciable la obtuvo justamente al mando de este ministerio. El 3 de junio de 2002, cuando fuertes tormentas azotaban gran parte del centro y el sur de Chile, Bachelet se dirigió a las inundadas barriadas de la periferia de Santiago y se montó sobre un carro de combate Mowag para supervisar las operaciones de rescate de los damnificados. Esa imagen quedó viva en la memoria de millones de chilenos que esa noche la vieron por televisión. Ese dÃa se consolidó la idea de que Bachelet era una madre acogedora que vendrÃa a rescatar a los humildes de sus desgracias.
Dos mese más tarde, una encuesta de la consultora CEP situó a Bachelet como el personaje público mejor evaluado de Chile, y un año después su nombre comenzó a aparecer en las encuestas como uno de los favoritos para ocupar la Presidencia, lugar que mantiene hasta ahora.
Michelle es la segunda hija del matrimonio formado por el general Alberto Bachelet y Angela Jeria. Entre el nacimiento de su hermano mayor y el de ella; su madre perdió cinco bebés. “ni los largos perÃodos de reposo casi absoluto impidieron que la niña llegara al mundo dos meses antes de terminar el embarazo, que fuera una criatura de apenas 1,8 kg.. -blanquÃsima, rubia, translúcida- y que sus primeros tiempos los pasara en una incubadora forrada en algodones no más grande que una caja de zapatos”, relatan Elizabeth Subercaseaux y Malú Sierra en su libro biográfico Michelle. “Creció siendo la niña bonita de su papá, la perla de sus ojos”, refieren.
En el seno familiar de los Bachelet-Jeria “habÃa muchas discusiones acerca de la situación de pobreza en Chile y en el mundo. Y se buscaban fórmulas para hacer cambiar esas injusticias. De esto se hablaba comúnmente en la mesa a la hora de las comidas. Michelle, que era muy inquieta y ávida de conocimientos, estaba siempre atenta a lo que se decÃa”, cuenta por su parte a Proceso la señora Jeria.
Michelle, continúa, “creció en la idea de que lo más importante en la vida era el respeto a los demás. Esa fue la regla de oro que, junto con mi marido, tratamos de transmitir a mis hijos”.
Bachelet creció entre dos mundos: “el militar y el de las ideas progresistas. Del primero, representado por su padre, le marcaron la disciplina, el sentido del deber y el estudio. Del segundo, muy arraigado en la familia materna, le vienen las ideas sobre la igualdad de género, la libertad individual y la inquietud por los demás”, señala a su vez el libro Bachelet: La historia no oficial, de Javier Serrano y Andrea Insunza (2005).
Durante su infancia, Michelle se mudó muchas veces de casa de ciudad debido a la profesión militar de su padre. “Era bien triste separarse de los amigos, cambiar de afectos y de casa, y a veces de paÃs, pero cada vez sabÃas que podÃas volver a empezar”, declaró a sus biógrafas Subercaseaux y Sierra. Este nomadismo le permitió estar mejor preparada para la experiencia del exilio, que le tocarÃa vivir cuando rozaba los 23 años.
A los 12 años, entró al tradicional y pluriclasista Liceo 1 de Santiago, donde se caracterizó por ser muy extrovertida y carismática, además de una muy buena estudiante, con innatas dotes de lÃder. Organizaba festivales, jugaba voleibol, participaba en Clip Clap, un popular conjunto musical. Siempre fue una buena lectora y una apasionada amante de la música. Hasta la fecha le gusta bailar, cantar y tocar guitarra, en la que ejecuta preferentemente música folclórica chilena.
Ya quinceañera, se hizo fanática de los Beatles. llegó a ver la pelÃcula A Hart Day´s Night 37 veces. Cuando el popular conjunto de Liverpool lanzó el disco Rubber Soul, Bachelet entró casi en éxtasis. La razón: el disco contiene la canción Michelle, que ella en su delirio, escuchó como si le hubiere sido dedicada.
Este perÃodo estuvo marcado por cierta rebeldÃa hacia su familia, asà como por la aparición de sus primeros amores. Sin embargo, a esta edad era habitual escucharla hablar de temas polÃticos. “A la Unión Soviética le hace falta algo fundamental para ver democracia: libertad”, declaró cuando tenÃa 16 años a la revista Ercilla. Era 1969 y esa publicación habÃa realizado un reportaje sobre lÃderes juveniles del paÃs.
Al terminar la preparatoria en 1970, ella querÃa estudiar sociologÃa, pero la influencia del oficial Bachelet pudo más e ingresó a la Facultad de Medicina en la Universidad de Chile. Ahà sus intereses sociales y polÃticos la convirtieron en una disciplinada militante de izquierda. Ingresó a la Juventud Socialista. Trabajó en la campaña que llevó a la Presidencia a Salvador Allende. Participó en trabajos voluntarios. Se unió a un destacado cÃrculo de militantes, liderado por el presidente del Centro de Estudiantes de su facultad, Carlos Lorca, quien dentro de su partido fue uno de los principales referentes del sector más allendista, en abierta contraposición con el ultraizquierdismo que en ese entonces hacÃa presa de esta organización y que desconocÃa la validez de la “democracia burguesa”. La mayor expresión de esta corriente era el secretario general Carlos Altamirano.
En este cÃrculo, Bachelet, a pesar de su juventud, desempeñó un destacado papel en la formación polÃtica de su organización. Enseñó materialismo dialéctico, marxismo e historia de los movimientos de reforma universitaria. “TenÃa una facilidad especial para traducir al lenguaje común las áridas construcciones marxistas. Además, era empática con sus alumnos y poseÃa un liderazgo integrador, femenino, distintos al estilo frontal tan en boga por esos dÃas”, afirma el libro Bachelet: La historia no oficial.
En la medida en que pasaban los meses de 1970, la situación polÃtica chilena se volvÃa cada vez más
complicada. Las presiones del empresariado y la derecha se habÃan convertido en franco boicot contra el gobierno. El descontrol hacÃa presa de los propios partidarios de la Unidad Popular, que no eran capaces de imponer el orden.
La noche del 10 de setiembre de 1973, Michelle Bachelet durmió en el centro de estudiantes de su facultad. La razón: la inminente arremetida de estudiantes y profesores antiallendistas que querÃan tomar esa casa de estudios. Allà la sorprendió el golpe militar. Desde el techo de su facultad, ubicada cerca del centro de Santiago, pudo ver el bombardeo al palacio de La Moneda. Minutos más tarde, escuchó el último discurso de Allende.
Su padre, que habÃa ocupado un cargo en la Dirección Nacional de Abastecimiento y Comercialización (Dinac), fue detenido y acusado de conspirar con grupos izquierdistas para asesinar a miembros del algo mando de su rama castrense. Además, se le acusó de apropiación ilÃcita de dinero. Fue brutalmente torturado. Michelle y su madre bregaron por conocer su paradero y obtener su libertad.
A finales de 1973, a Alberto Bachelet se le concedió libertad vigilada. Ya en casa, le consultó a su hija su parecer respecto de la posibilidad de viajar a Perú, donde el gobierno del izquierdista general Juan Velasco Alvarado, les ofrecÃa acogida. Michelle le señaló que si él se iba, todos pensarÃan que ea culpable de las acusaciones que pesaban sobre él. Pero también le dijo que, como estaban las cosas en el paÃs, no iba a ser fácil que lo escucharan. “Tienes que decidir tú lo que más te acomode”, le aconsejó.
-Eso lo sé. Soy inocente y preferirÃa quedarme aquà para demostrarlo. pero si me voy, quiero saber si tú vas conmigo.
-No papá, yo me quedo… Tengo cosas que hacer acá.
-Entonces no se habla más del tema. Nos quedamos, porque no te voy a dejar sola.
Con el tiempo, esta conversación le causarÃa mucho dolor a Michelle Bachelet. A principios de 1974, el general fue de nuevo arrestado y torturado, situación que lo llevó a la muerte.
Michelle, Jaime López (su pareja en esa época), Lorca y otros dirigentes dieron vida a una dirección clandestina del Partido Socialista, que se conoció como Dirección Interior. La Exterior se mantuvo en manos de Altamirano, quien fue sacado por agentes secretos de Alemania Oriental. En ese entonces el grupo de Michelle luchó por articular un amplio frente antifascista que tuviera en los partidos Socialista y Comunista su eje principal. Estas ideas quedaron registradas en lo que se conoce como Documento de marzo, escrito en 1974 con la colaboración de Bachelet. Se trata de una despiadada crÃtica al papel que jugó la directiva de Altamirano en el derrumbe del sueño socialista.
Bachelet combinó estas actividades polÃticas con el apoyo a las vÃctimas de la represión. hasta que una de sus compañeras -que habÃa sido detenida y torturada- la delató. Bachelet y su madre fueron apresadas y engrosaron las filas de los recluidos en Villa Grimaldi, el centro de tortura y muerte del despiadado Manuel Contreras, jefe de la DINA, la policÃa polÃtica de la dictadura.
Allà fueron golpeadas y humilladas. Debieron dormir en pequeños cubÃculos por más de una semana, sin derecho a más alimento que un durazno. Sin embargo, Michelle habÃa logrado dar aviso de su detención a su cuñada. Eso permitió que un amigo de su familia, el general Osvaldo Croquevielle, reclamara su libertad y la de su madre. Tuvieron asà cierta protección. Se salvaron de ser llevadas a la parrilla de descargas eléctricas y de formar parte de las listas de desaparecidos.
Después de varias semanas, Michelle y su madre fueron liberadas y expulsadas del paÃs. Viajaron a Australia. Tras un corto perÃodo en ese paÃs, en el que ambas denunciaron la represión de la dictadura chilena, Bachelet viajó a la República Democrática de Alemania, donde realizó por un lustro actividades humanitarias y polÃticas.
Luego de cinco años de exilio, en 1979 Bachelet y su madre regresaron a Chile. Michelle volvió con su hijo Sebastián, fruto de su relación marital con el arquitecto Jorge Dávalos. Una vez en Chile, completó sus estudios de medicina. Durante los años ochenta, Michelle Bachelet tuvo una destacada actividad en defensa de los derechos humanos, particularmente en el cuidado de hijos de vÃctimas de la represión. Asimismo, contribuyó a la rearticulación del Partido Socialista y -según el libro Bachelet: La historia no oficial- realizó algunas actividades de apoyo al brazo armado del Partido Comunista, el Frente Patriótico Manuel RodrÃguez. Algo que ella niega categóricamente.
En 1990, al comenzar los gobiernos de la Concertación por la Democracia, Bachelet comenzó a trabajar como epidemióloga en el Ministerio de Salud. A la sazón conoció al doctor Antonio HenrÃquez, quien fue su pareja durante algunos años, y tuvo a SofÃa, su tercera hija (su segunda hija, Francisca, también nació en Chile producto de su primer matrimonio).
Debido a su buen criterio y a los logros alcanzados en su labor, fue designada en 1994 asesora del ministro de Salud, Fernando Muñoz. En 1996 fue a Washington a estudiar un curso sobre defensa continental en el Colegio Interamericano de Defensa, gracias a una beca presidencial. En 1998 volvió a Chile, y fue nombrada asesora del Ministerio de Defensa, puesto que ocupó hasta el año 2000, cuando Lagos la nombró titular de Salud. Desde entonces su figura y su presencia en la polÃtica chilena no han dejado de crecer. *
(*) Publicado en acuerdo con la revista mexicana Proceso
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