General iraquí reveló la existencia de torturas en centros secretos de detención
«Era un horror. Miles de detenidos, a menudo adolescentes, golpeados, quemados, que recibían descargas eléctricas y luego, en su mayoría, (resultaban) muertos», declaró ayer en una entrevista concedida a la AFP en Ammán.
Este hombre de 45 años, con cuatro hijos, afirma que huyó en julio de Irak, donde había sido solicitado por el anterior gobierno de Iyad Alaui para reincorporarse a sus funciones castrenses.
Dos intentos de atentados que dice haber sufrido y los «horrores» que vio en decenas de lugares de detención secretos que visitaba en calidad de militar de alto rango hicieron que decidiese abandonar el país y se dirigiese a Jordania, de donde prevé partir «hacia un lugar seguro en el extranjero». El general Samarrai, un sunita militar de carrera, asegura que empezó a tener problemas con sus superiores en el ministerio del Interior cuando destituyó un comité de investigación de 14 miembros que reemplazó por «hombres íntegros» y dejó en libertad a 124 habitantes de la localidad de Samarra que, según él, eran inocentes.
En una cinta que afirma haber grabado y ha entregado a la AFP, aparecen varios hombres con señales de haber sido flagelados y con quemaduras. Uno de ellos tiene un ojo destrozado, otro las piernas rotas y un tercero el cuerpo lleno de clavos.
En las imágenes aparecen los cuerpos mutilados de tres hombres muertos, al parecer, de las torturas.
El general acusa al ministro de Interior iraquí Bayan Jaber Sulagh de haber empleado a 17.000 milicianos de la Organización Badr (pro iraní), vinculada al Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak (CSRII, principal partido chiíta), como policías dependientes del ministerio «mientras seguían cobrando salarios de Teherán».
Asegura que los prisioneros son «todos sunitas» y que los policías hablan persa.
«Los verdugos son iraníes o iraquíes que han vivido en Irán y vinieron a Irak después de la invasión» estadounidense, en marzo de 2003, añadió.
Cita como ejemplo a uno de los adjuntos del ministro y actual responsable de las prisiones secretas, Bachir Naser al-Awandi, quien, según él, tiene nacionalidad iraquí solamente desde el 12 de mayo de 2004.
En noviembre pasado, el ejército estadounidense desmanteló una de estas cárceles en el barrio bagdadí de Jadriya.
Pero el general Samarrai dice que quedan otras nueve: tres en la capital y al menos otras tantas en las regiones sureñas de mayoría chiíta.
«El centro más grande es el de la plaza Al-Nusur en Bagdad. Cuenta con casi 600 prisioneros», afirmó.
Según él, también hay dos centros de detención para mujeres en Bagdad, en los que «las prisioneras son torturadas y violadas».
El 2 de diciembre, el ejército estadounidense anunció que hará inspecciones por sorpresa en prisiones de Irak para asegurarse de que los reclusos no sufren maltratos.
El general Samarrai cree que las fuerzas norteamericanas «deben estar al corriente de lo que pasa» ya que «las detenciones se realizan durante redadas nocturnas en pleno toque de queda y los vehículos utilizados por el ministerio del Interior son claramente reconocibles». En Ammán, el general contó sus vivencias a responsables de la oficina iraquí del Comité Internacional de la Cruz Roja pero no se hace ilusiones de que puedan hacer algo por evitar esa crueldad. *
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