ANALISIS INTERNACIONAL

La diversidad cultural en la Unesco

EL JUEVES 20 se aprobó en la Unesco, en París, la Convención Internacional sobre la protección y promoción de la diversidad cultural y de la expresión artística. La votación, que culminó la 33ª Conferencia General del organismo para la ciencia y la cultura de la ONU, arrojó 149 votos a favor y 2 en contra.

 

Estados Unidos contra el mundo

Los votos contrarios corresponden a Estados Unidos e Israel. Una vez más, como en otros temas de fundamental importancia para la humanidad, la potencia imperial se enfrenta, casi en solitario, al mundo entero.

El objetivo de la Convención, según surge de su texto, es garantizar la libertad y las condiciones para que los países puedan formular sus propias acciones y políticas nacionales en defensa de la diversidad cultural y de la circulación de esas artes por el mundo.

El corresponsal de O Estado de São Paulo en la capital francesa, Jotabê Medeiros, trazó un cuadro de situación en vísperas de la votación. Bajo el título: «En París, la diversidad cultural coloca a los (norte)americanos contra el mundo. Gilberto Gil es uno de los artífices de la nueva Convención», escribía: «París está en guerra. No se trata de un conflicto armado, sino del enfrentamiento en torno a la aprobación de una novísima Convención internacional sobre la protección y promoción de la diversidad cultural y de la expresión artística. De un lado de la batalla, 158 países, contando España, Inglaterra, Japón, Canadá y otros pesos pesados. Brasil es figura de proa en dicha legislación, pues inició ese debate durante el Foro de las Culturas en Anhembi, en São Paulo, un año atrás, el cual se tradujo en la Carta de São Paulo, base del documento sometido a votación en la actual instancia en la Unesco. En aquella ocasión, el texto recibió la adhesión de un número reducido de países, pero ahora solamente los Estados Unidos quedaron fuera, como señaló una reciente nota de The New York Times. Los (norte)americanos están amenazando con retaliar (tomar represalias) contra la organización, retirando el apoyo financiero.

Hoy el 22% de los recursos de la Unesco son de fuente estadounidense. Los EEUU permanecieron durante 19 años fuera del organismo y retornaron frente a la ‘amenaza’ de una nueva convención que puede restringir las exportaciones de bienes culturales del país como el cine, productos editoriales, televisivos y otros».

La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, enfiló contra la Convención, alegando que se trata de una política «proteccionista» y que atenta contra una «liberalización mundial del comercio situada bajo la égida de la OMC». Se dice incluso que EEUU apeló al director general de la organización, Koichiro Matsuura, para intentar cambiar el rumbo de la votación. Por lo visto, sin resultado.

 

Gilberto Gil en defensa de las culturas específicas

El ministro de Cultura de Brasil, Gilberto Gil, señaló que el principio rector de la nueva Convención es salvaguardar las culturas específicas y frágiles de una invasión industrial, y precisó: «La idea es que los países tengan autonomía para crear sus regulaciones y que los productos y servicios culturales sean tratados en forma diferenciada, a partir de sus especificidades simbólicas y subjetivas, y no como cualquier otra mercadería».

El secretario de Diversidad Cultural del ministerio de Cultura de Brasil, Sergio Mamberti, puso un ejemplo: «En Brasil, el 90% de las pantallas de los cines está ocupado en forma hegemónica por Estados Unidos.

Eso crea un desequilibrio. El principio de la diversidad cultural consiste en respetar la diferencia, mediante el diálogo y los intercambios».

Por su parte, la ministra canadiense de Patrimonio, Liza Farulla, criticó «la agresividad de Condoleezza Rice y la violencia de sus propuestas», celebró «la enorme coalición» que enfrenta a EEUU y adelantó que «no cambiaremos una coma del texto de la Convención», como efectivamente aconteció. En ese ámbito se recordó que desde 1982 la Unesco promovió diversas convenciones motivada por la agresividad de la globalización en manifestaciones culturales, con el objetivo de garantizar el derecho a la diferencia.

 

Un paso significativo

«Claro que una convención no basta cuando se trata de la promoción de la diversidad cultural y de las culturas locales», dijo también el ministro Gil, que fue impulsor de las diversas manifestaciones que conformaron a lo largo de 2005 el año de la cultura brasileña en Francia. «Pero  agregó- es un paso significativo. La Convención no va a cambiar la vida, pero representa una toma de conciencia. Yo pregunto: ¿no valió la pena poner en marcha el Protocolo de Kyoto, aun sin la aprobación de EEUU? Logramos un avance real, aunque gradual. Así funcionan las cosas, las políticas se hacen con avances graduales». *

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