Los presidentes de Latinoamérica, entre ellos Tabaré Vázquez, estarán en España para el acto

Iberoamérica rinde homenaje a la entronización de Juan Carlos I

Los gobernantes iberoamericanos no han dudado en celebrar la Cumbre en Salamanca el 14 y 15 de octubre como gesto hacia el monarca español, conocido por su firme apoyo a estos foros desde sus comienzos en 1991.

«Sólo me resta ahora por invitarles (…) a participar en la XV Cumbre Iberoamericana de octubre de 2005 en Salamanca, lo que hago con una satisfacción muy especial y de todo corazón en un año que coincidirá, además, con el 30 Aniversario de mi proclamación como Rey», afirmaba el monarca en su discurso de clausura de la XIV Cumbre Iberoamericana de San José, en noviembre de 2004.

España se convertirá así en el único país, hasta ahora, que habrá celebrado dos veces una cumbre, tras la que tuvo lugar en Madrid en 1992.

«Nos hemos propuesto que la cita de Salamanca sea el punto de arranque de una nueva y fecunda etapa en el proceso de cumbres tanto en sus formas como en sus contenidos», afirmó recientemente el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

En la búsqueda de este éxito del foro iberoamericano no tendrá un papel menor la presencia del monarca español, que asumió como «rey de todos los españoles» el 22 de noviembre de 1975 ante las Cortes.

El propio monarca se ha referido en diversidad de ocasiones a la importancia de esa región, a la que efectuó sus primeros viajes tras asumir la Corona, con sendas visitas entre el 31 de mayo y el 6 de junio de 1976 a la República Dominicana y Nueva York, y entre el 10 y el 16 de octubre del mismo año a Santo Domingo, Colombia y Venezuela.

El gobierno de Zapatero está decidido además a que el jefe del Estado español asuma un papel preponderante en la política exterior española, en la que Latinoamérica es un eje principal.

«Deseo que la jefatura del Estado ocupe un papel muy relevante en política exterior», había señalado Zapatero tres días después de ganar las elecciones generales del 14 de marzo de 2004.

«Nuestro rey es el mejor embajador que tenemos en el mundo», afirmaba Zapatero, haciendo suya una percepción muy extendida entre los españoles, que ven el rey una figura representativa de España por encima de las pugnas políticas.

Conocido por su campechanía, el monarca español, de 67 años de edad, ha sido en varias ocasiones el elemento «pacificador» y de consenso tanto en foros internacionales como en problemas internos, siempre cercano a los ciudadanos en momentos de crisis.

La Corona española fue la barrera que atenuó la indignación popular dirigida al gobierno conservador de José María Aznar (1996-2004) en episodios como los atentados del 11 de marzo de 2004 en los que murieron 191 personas y 1.900 resultaron heridas. El buen humor del rey también sirvió para relajar el ambiente cuando en la Cumbre Iberoamericana de Panamá en el año 2000 se produjo un conato de enfrentamiento verbal entre el presidente cubano, Fidel Castro, y el entonces mandatario salvadoreño Francisco Flóres, a instancias de José María Aznar.

Pero, el rey tuvo que trabajar duro para lograr la aceptación internacional y, sobre todo, nacional, en un país que al principio lo veía como sucesor del dictador Francisco Franco, quien en 1969 nombró como su sucesor al entonces joven príncipe Juan Carlos. Su discurso en el acto de asunción de la Corona mostrando su intención de restablecer la democracia y su actuación en defensa de la misma durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, acabó por granjearle el respeto de todos los españoles y el de la comunidad internacional.

Ahora, la Cumbre de Salamanca testimoniará el respeto de sus participantes a un monarca que llevó a España de la dictadura a la democracia, manteniéndola, tras 30 años de reinado, en el concierto internacional de naciones. *

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