Después de 40 años de existencia, el grupo separatista armado vasco sigue activo

"Utopía", el desarme de ETA

Después de 40 años de existencia, ETA sigue activa, a pesar de los golpes policiacos y judiciales que el gobierno español le ha asestado. En el último año detonó 66 bombas, pero lleva dos años sin cometer asesinatos, lo que abre la puerta a eventuales conversaciones que podrían incluso mejorar la situación de los más de 800 presos vascos dispersos ilegalmente por las cárceles del país.

Las fuerzas policiacas siguen haciendo su trabajo: en el último año detuvieron a 170 miembros de ETA.

Por su parte, la banda armada anunció una «tregua parcial», consistente en no cometer atentados contra políticos electos para cargos públicos.

Ambas partes iniciaron un intercambio de gestos de «buena voluntad» que pueden llevar a la distensión y tal vez a establecer una mesa de negociaciones que conduzca a la anhelada paz.

Desde la instauración de la democracia, todos los gobiernos españoles han sostenido conversaciones con ETA para intentar que deje las armas. En 1976, el gobierno de Adolfo Suárez inició pláticas con la organización armada en Ginebra. En 1988, el diálogo se estableció en Argel con el gobierno de Felipe González, y en 1999, en Suiza, con el decidido romper el silencio y publicar un libro de memorias, Espía en el País Vasco (Plaza & Janés), en el que narra los orígenes de la lucha del Estado contra ETA.

Hasta ahora, aquellas conversaciones en Ginebra que él encabezó son las únicas que han aportado claros resultados. Ugarte, general de artillería, consiguió la desaparición de ETA Político-Militar. A sus 74 años de edad y en la reserva desde 1991, su experiencia le permite observar el actual proceso de diálogo y advertir, en entrevista con Proceso, los riesgos a los que se enfrenta el actual gobierno en su lucha contra el terrorismo.

 

Gobierno «engañado»

«ETA no está dispuesta a dejar las armas. Por el contrario, está engañando al gobierno español para intentar reestructurarse», dice contundente Angel Ugarte, quien fue el responsable de conocer e intentar controlar el mundo radical de ETA infiltrándose en él y consiguiendo encuentros secretos como los que actualmente se desarrollan con sus integrantes.

«Desde los primeros contactos que tuvimos con ellos han pasado 30 años y, aunque todos los gobiernos han intentado buscar una fórmula y un camino para tratar de acabar con ETA, ha sido sin éxito», agrega.

–¿Por qué es tan difícil ver el final de ETA?

–Ese enemigo que tenemos enfrente no ha estado nunca dispuesto a terminar. Siempre ha tenido un objetivo estratégico: conseguir un País Vasco independiente.

–¿Cree que ahora es distinto y que ETA puede estar dispuesta a dejar las armas?

–No, porque estamos en una situación muy complicada. El gobierno está metido en un lío tremendo porque sigue paso a paso todo lo que está marcando la propia ETA. Se está creando una división política muy grave. Las víctimas del terrorismo están divididas políticamente.

Se está creando una España donde se enfrentan unos con otros.

–¿Cuáles son los riesgos del diálogo que el gobierno ha iniciado con ETA?

–Si diálogo significa que las dos partes expongan con libertad lo que piensan, estamos asistiendo a un diálogo a voces.

La pregunta es: ¿diálogo para qué? ETA entiende el diálogo de una manera muy clara: que el contrario le dé lo que ella quiere. Para ETA esto no son más que simples movimientos tácticos de los que trata de sacar un beneficio y una ganancia.

–¿Cuál es el estado actual de ETA?

–Hasta hace un año, ETA estaba en una situación de clara debilidad (….) Lleva más de 40 años sin conseguir dar un paso definitivo hacia adelante. ETA sabe que por la línea democrática no tiene nada que hacer, por lo tanto se sigue planteando una revolución por la fuerza de las armas y el terror, para así tratar de imponer sus criterios.

–¿Cree que ETA se está reorganizando en este período de diálogo?

–Sí, ETA está avanzando y ha terminado su período de debilidad que le produjo la presión policial y jurídica, así como su aislamiento en el plano internacional.

Sufrió descalabros importantes en su estructura; luego, en el plano social, quedó en una situación muy angustiosa después del secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco (Garrido, el joven concejal de Ermua, Vizcaya; asesinado por la organización el 12 de julio de 1997).

–¿Cómo está logrando su reestructuración?

–Primero, porque ha conseguido entrar en el Parlamento Vasco, consigue lo que está diciendo a voces a través de sus principales interlocutores, como puede ser Otegi, y consigue la división del PSOE con el Partido Popular. En definitiva, obtiene todo lo que pretende –responde Ugarte, en referencia a Arnaldo Otegi, portavoz y exparlamentario de la ya ilegal organización izquierdista vasca Herri Batasuna.

–¿Qué importancia tiene la tregua parcial que ha declarado?

–Ha declarado una tregua para los cargos electos. Eso no es más que un síntoma del desastre que estamos viviendo.

–¿Cree que ETA todavía tiene comandos operativos y fuerza militar?

–Sí, claro que los tiene. ETA ahora no necesita mucho. (No se trata de) volver a los años setenta u ochenta, cuando había más de 100 asesinatos al año. Le basta mantener su presión, de vez en cuando un coche bomba, una serie de artefactos, seguir con la kale borroka (violencia callejera) y, en su momento, si ETA previera que es oportuno y favorece a sus intereses, cometer un asesinato. ETA tiene comandos más que suficientes para llevarlo a cabo.

 

La factura

Se le pregunta al general de artillería en reserva Angel Ugarte cómo se debe desarrollar una negociación para llevarla a buen término. A lo que responde:

–En primer lugar, hay que tener una idea muy clara de cuál es la situación. Nosotros empezamos a tener los primeros contactos con ETA y sabíamos de sobra que conseguir que ETA dejara armas y abandonara el terrorismo era una utopía, por lo tanto éramos realistas.

«ETA es como una epidemia; por tanto, no es lo mismo una enfermedad localizada que una epidemia, como es la que venimos soportando con ETA. Tenemos que hacerle frente con todas las armas que tiene un estado de derecho, y con todas las fuerzas políticas y toda la sociedad, donde todos estén unidos. Y tratar de reducir esa epidemia a través de golpes policiales, judiciales y económicos; así como del apoyo internacional, principalmente de Francia».

–Cuando usted negoció, había etarras a favor y otros en contra. Ahora se habla de dos ETA, una a favor y otra más dura que está en contra del diálogo…

–Hay personas de la organización que llevan años en la cárcel. Están cansadas, desmoralizadas y ven que el camino de sangre y de terror después de tantos años no ha conducido a nada. Otros siguen aferrados a su utopía de independencia y otros más sencillamente no quieren que se acabe el terrorismo porque saben que también es un gran negocio y mueve miles de millones de euros, sobre todo por la vía del chantaje, el impuesto revolucionario y los negocios que mantienen en España, Francia y otras partes del mundo.

–El fin de ETA que han planteado los distintos gobiernos en los últimos años, ¿es una posibilidad real?

–No. La posibilidad de que ETA desapareciera no ha existido en estos últimos años. Los distintos gobiernos lo han intentado, pero al final vieron que no sirvió para nada, porque cuando el de enfrente no está dispuesto a dejar definitivamente la violencia
y lo único que trata es de sacar tiempo y ganar ventaja, pues naturalmente no ha habido nunca esa posibilidad.

–¿Es falta de estrategia gubernamental o sencillamente porque ETA no está dispuesta a desaparecer?

–Es que ETA voluntariamente nunca ha puesto unas condiciones realizables. Quiere los presos en el País Vasco, la neutralización total de la fuerza de orden público, la autorización de todas las organizaciones ilegales a fin de que les dejen actuar legalmente, quiere que Navarra y el País Vasco francés se incorporen a Euskadi… utopías.

–¿Actualmente se están creando unas expectativas sobre el fin de ETA que no corresponden con la realidad?

–Sí, eso es lo peor, porque lo que no se puede es engañar con falsas expectativas, con el silencio o haciendo pensar que uno tiene unos «ases» o unas cartas misteriosas en la mano. Al final, el que engaña tendrá que pagarlo. España sí que va a tener una factura como sigamos en esta situación, una factura muy seria.

–¿Cuál factura?

–Pues ya lo estamos viendo: enfrentamientos dentro de la sociedad, división política, enfrentamiento entre distintas autonomías del país. Una nación con los años de historia de España que haya llegado a este nivel de incomodidad que estamos soportando en muy poco tiempo… este es un camino verdaderamente suicida.

 

No hay modelos

–Usted, ¿cómo definiría a los etarras? ¿Son personas que pueden sentarse a una mesa de negociación?

–Son muy variados. Con algunos de los que yo hablé eran ideólogos, pero la utopía la abandonaron pronto. Los polimilis terminaron incorporándose a la política nacional, casi todos por la vía socialista o nacionalista, dejando por completo las armas y el terrorismo.

–¿ETA se resiste a desaparecer no sólo por cuestiones ideológicas, sino económicas?

–Claro, tiene un montaje económico tremendo, tiene gastos actuales y futuros muy fuertes. Si el día de mañana estos 800 presos salen, no los va a dejar allí tirados diciéndoles que busquen la vida, tendrá que asumir las subvenciones como lo hace actualmente con algunas cantidades destinadas para ellos, para que estén tranquilitos en las cárceles y calladitos, cumpliendo las consignas de la banda.

Eso sirve para la reivindicación permanente del traslado de los presos al País Vasco o para la amnistía.

–¿Cuál es el futuro que usted prevé para para ETA?

–Lo que se basa en el terror, no puede durar eternamente. Si con ETA hemos estado 40 años aguantándola, la Europa presente y futura no puede soportar una organización de este calibre. A pesar de las torpezas del gobierno y de los partidos, que no parecen ponerse de acuerdo en lo que es elemental y parece que no conocen lo que realmente es ETA, ésta no puede sobrevivir eternamente. A medio plazo, ETA terminará siendo una organización residual, y a la larga acabará por desaparecer.

–¿Cuál es el modelo de negociación de otros países, como Irlanda o El Salvador, que usted podría aplicar en el caso de ETA?

–Modelos en el caso de ETA no hay ninguno. No tenemos ninguno. No tenemos ningún referente que nos sirva. Si analizamos los movimientos guerrilleros de América del Sur, no hay semejanzas. El IRA (Ejército Republicano Irlandés, por sus siglas en inglés), por ejemplo, sigue allí porque en Irlanda del Norte no se ha encontrado la solución definitiva. Se supone que han entregado las armas, pero yo creo que no, aunque ha pasado a ser sólo una enfermedad, no la epidemia gravísima que nosotros seguimos teniendo con ETA.

–¿Cuál es el modelo válido?

–El único modelo que existe es que un estado de derecho tiene que mantener una idea clara del enemigo que tiene enfrente, con todas sus características, saber cuáles son sus objetivos y sus tácticas.

–¿En qué se basa esa estrategia negociadora?

–En escuchar a tu enemigo y hacer lo contrario. Ahora resulta que estamos haciendo lo contrario. Estamos escuchando lo que dice Otegi y lo que dice ETA a través de sus interlocutores, y estamos haciendo lo que pide. Eso es el disparate mayor que uno puede hacer en una táctica antiterrorista.

–¿Existe una debilidad del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero frente a ETA?

–A veces parece que el gobierno obligado por las circunstancias del resultado electoral se siente presionado por la izquierda radical y el nacionalismo separatista.

Dudo si ésa no es una coartada para que el presidente del gobierno vaya en la dirección que a él le da la gana. Esa es mi gran duda.

–De las negociaciones que los distintos gobiernos democráticos han hecho hasta ahora con ETA, ¿cuál ha sido la más efectiva?

–La única que se concluyó con un éxito relativo fue la que inicié yo y se terminó en 1981 y 1982. Esa negociación se terminó con la desaparición de ETA-Político-Militar. Es la única que ha llegado a un resultado gracias a un gobierno que supo ser prudente y dejó a los miembros de sus servicios de inteligencia la tarea. Las demás negociaciones no llegaron a nada, porque se han encontrado con un competidor que no está dispuesto a entregarse.

–¿Si no quiere entregar las armas, entonces por qué ETA acepta el diálogo y la negociación? ¿Qué pretende?

–El diálogo y la tregua no son más que tácticas para ETA, de las cuales saca el provecho de reorganizarse. ETA quiere continuar y fortalecerse. Si ha perdido terreno, quiere volver a recuperarlo. ETA tiene una vocación de eternidad.

–¿Qué sucede dentro de ETA actualmente?

–Sigue teniendo ideólogos que continúan diciendo que la única solución contra el capitalismo es el comunismo. A la gente joven le lavan el cerebro, se lo rellenan con cuatro ideas de ese tipo y con eso les basta y les sobra para dejarse matar y para matar. Eso es lo triste. ETA es una organización revolucionaria marxista-comunista que utiliza los medios legales, que las democracias le prestan además de los medios ilegales, como el terrorismo, la extorsión y la amenaza. *

 

(*) Tomado en acuerdo con la revista mexicana Proceso

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