Ariel Sharon, un primer ministro nacido en Palestina, dio un paso histórico en Medio Oriente

La "desconexión" de Gaza divide a israelíes y palestinos

El primer ministro israelí, Ariel Sharon, será recordado por esta decisión. El hombre que defendió a los judíos que colonizaron esas tierras, es hoy el primer defensor de la llamada «desconexión». Los colonos ortodoxos prometen resistir. «Un judío no expulsa a otro judío», afirman los ultranacionalistas que se sienten traicionados por su primer ministro y figura clave del derechista Likud.

El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, defiende su decisión pese a la división que generó en su partido y en la sociedad israelí. Nació en Kfar Malal, Palestina, en 1928 cuando el territorio estaba bajo mandato británico, recuerdan sus biógrafos. En su juventud, se unió a la organización militar clandestina judía Haganah y luchó en la guerra árabe-israelí en 1948-1949, después de la creación de Israel.

En los años cincuenta, Sharon comandó varias operaciones militares contra unidades egipcias estacionadas en la Franja de Gaza, con total éxito y causando numerosas bajas al enemigo.

Sharon recibió el grado de brigadier general y dirigió una división durante la Guerra de los Seis Días en junio de 1967. Israel capturó en esa fulminante ofensiva Jerusalén Oriental, Cisjordania y la Franja de Gaza.

Sharon fue electo por primera vez al Parlamento israelí en 1977.

Cinco años más tarde, dirigió la invasión del Líbano. Como ministro de Defensa y sin darle explicaciones en detalle al entonces primer ministro Menachem Begin, Sharon ordenó al ejército israelí que avanzara hasta Beirut en 1982, una ofensiva que terminó con la expulsión de la OLP, de Yaser Arafat, del Líbano. La operación impidió que la OLP siguiera usando el Líbano como base para sus ataques contra Israel. Sin embargo, esta acción también será recordada por la matanza de cientos de palestinos a manos de milicianos libaneses cristianos en los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila, bajo control de los israelíes.

Sharon fue destituido de su cargo en 1983 por un tribunal israelí que investigó la invasión. El tribunal halló a Sharon indirectamente responsable de las matanzas. Pero a pesar de esta fuerte acusación, la popularidad de Sharon permaneció intacta.

Como ministro de Vivienda al comienzo de la década de los noventa, Sharon fue el responsable de la mayor construcción de asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza.

Después de que la coalición de derecha de Benjamín Netanyahu llegó al poder en 1996, el nuevo primer ministro cedió a las presiones para que incluyera al general en retiro en su gabinete.

Al nombrarlo como ministro de Relaciones Exteriores en 1998, Netanyahu dijo que Sharon era el mejor hombre para el cargo.

Sharon se convirtió así en el líder del Partido Likud en la oposición, después de la derrota de Netanyahu en las elecciones de 1999.

Tras el fracaso de las conversaciones de Camp David entre israelíes y palestinos promovidas por el ex presidente de EEUU Bill Clinton, Sharon realizó una mediática campaña contra el entonces premier Ehud Barak, acusándolo de querer entregar Jerusalén a los palestinos a cambio de un acuerdo de paz.

Su polémica visita al complejo de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén Oriental en setiembre de 2000, un lugar que también es sagrado para los judíos como el sitio del Templo de Salomón, provocó la segunda intifada o insurrección palestina.

Sus críticos señalan que Sharon sabía que la visita desataría la violencia y que los israelíes lo escogerían como un líder de línea dura.

En su campaña electoral aseguró que está dispuesto a firmar la paz con los árabes, pero no bajo amenaza. Sharon fue reelecto como primer ministro en los comicios del 28 de enero de 2003. Su partido Likud obtuvo la mayoría de votos, conquistando 37 de 120 escaños en el Parlamento israelí.

Para Israel, salir de Gaza marca un punto de inflexión en su historia.

Según el primer ministro Sharon, que la calificó como la decisión «más dolorosa» de su vida, salir de Gaza responde a razones de seguridad ya que en medio de este ciclo de violencia sin límites, seguir manteniendo a 8.000 colonos entre 1,4 millones de palestinos, dejó de valer la pena, repite en sus intervenciones públicas.

La retirada de Gaza no fue sólo una decisión unilateral del gobierno israelí. La presión internacional, sobre todo de la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, el llamado Cuarteto para la paz en Oriente Medio, también jugó sus cartas para que esta determinación fuera una realidad.

Junto a los colonos de Gaza, el Ejecutivo israelí evacuará a los alrededor de 500 habitantes de cuatro asentamientos del norte de Cisjordania.

 

Judíos contra judíos

Para llevar a cabo esta retirada, Sharon ha movilizado a miles de soldados y policías, que deberán hacer frente a la resistencia de centenares de colonos y militantes de extrema derecha.

Repitiendo la consigna «un judío no expulsa a otro judío», una parte de la sociedad israelí ha protestado contra la decisión de Sharon, antaño impulsor de la colonización de Gaza, y pretenden seguir manifestándose e infiltrándose -los más extremistas- en las colonias para impedir la evacuación.

Entre un 60 y un 70% de los colonos abandonará Gaza por su propia voluntad y se instalarán en las casas habilitadas por el gobierno fuera de la franja, afirma el gobierno.

En total, la retirada o «plan de desconexión», costará a las arcas del Estado israelí unos 1.800 millones de dólares.

La sociedad deberá realizar un gran gasto como ya lo hizo en 1982 con la evacuación de las colonias judías de Yamit en el Sinaí, hoy territorio egipcio.

Pese a retirarse de Gaza, Israel seguirá controlando sus accesos por tierra, mar y aire y se reserva el derecho a actuaciones preventivas en caso de violencia contra sus ciudadanos.

Todo ello suscitó temores de que la franja se quede aislada de Cisjordania y Jerusalén-este y del resto del mundo.

El enviado especial del Cuarteto, James Wolfensohn, confió en que en el futuro, Gaza sea «una región donde sea posible entrar, salir y comerciar libremente siempre respetando la seguridad de Israel» ya que si no, la economía palestina no podrá despegar jamás. La jefa de la diplomacia de EEUU, Condoleezza Rice, también opinó en el mismo sentido.

Israel duda de que los servicios de seguridad palestinos, débiles y divididos, puedan garantizar la seguridad una vez que el último soldado se retire, pese a que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas así lo ha garantizado.

Abas pidió que la retirada de Gaza sirva para relanzar la Hoja de Ruta, el plan de paz internacional para la región que exige el fin de la colonización judía y prevé la creación de un Estado palestino.

Sin embargo, Sharon ya ha advertido de que la retirada de Gaza no implica que en Cisjordania, donde las colonias crecen cada día un poco más, vaya a ocurrir lo mismo, al menos por en el corto plazo.

 

¿Una solución o un problema?

Mientras que algunos palestinos se preparan para festejar la retirada, los más pesimistas temen que la salida de los colonos de Gaza sea un hecho aislado, que no facilite la creación de un Estado palestino, radicalice más a grupos como Hamas o la Yihad islámica y reactive la violencia en la región.

«La Autoridad Palestina ha perdido el control de la situación indispensable para recuperar su prestigio y restablecer el orden en sus territorios (…) En ningún lugar del mundo un pueblo ocupado, controlado y privado de su tierra, ha podido mantener el orden», aseguró el jurista pa
lestino Camille.

Según el diario Al Hayat Al Jadida, de Ramalá, la retirada israelí no será victoria sino un problema más. «Facciones radicales quieren participar en la administración de la Franja de Gaza. ¿Qué le espera al gobierno elegido legítimamente? Todo esto mina nuestra legitimidad nacional. Al alimentar el desorden, muchos, de forma consciente o inconsciente, se convierten en aliados de Israel», publicó en un reciente editorial.

Un sondeo realizado recientemente por la universidad Al Najah de Naplusa, un 49,5% de los palestinos creen que la salida de los israelíes de Gaza mejorará sus condiciones de vida y un 51,9% pide el fin de cualquier ataque antiisraelí desde Gaza a partir de aquella fecha.

«Incluso si hubiera adivinado la gran oposición que provocó mi plan de retirada, lo habría mantenido», dijo Sharon en una entrevista al diario israelí Yediot Aharonot, frente a los israelíes que afirman que el veterano militar los traicionó. Sin embargo, para otros, es un paso histórico   que nadie hubiera imaginado tiempo atrás- del veterano «halcón», en busca de una paz duradera para el antiguo conflicto de Medio Oriente. *

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