Alemania espera a "su" Papa con una mirada crítica
En la patria de Lutero, en particular en el norte y el este predominantemente protestantes, todo lo que viene del Vaticano es visto con cierta desconfianza o irrisión.
Al oeste, desde Renania hasta la muy católica Baviera (sur), la situación es más contrastada: el retroceso general de la fe católica cohabita con fieles católicos muy activos y militantes, a veces conservadores.
En Colonia (oeste), Benedicto XVI será recibido por el arzobispo Joachim Meisner, un cardenal particularmente conservador, apodado «el cruzado del Rin» por el influyente semanario Der Spiegel.
Paradójicamente, muchos alemanes que ven todavía en el ex cardenal Joseph Ratzinger a un rigorista a contrapelo de la evolución del siglo, se sienten halagados por la elección de un alemán, intelectual de renombre, en el trono de San Pedro sesenta años después del nazismo.
La población de Alemania le va a dispensar un «recibimiento muy caluroso», predice Christian Weisner, del movimiento contestatario católico «Wir sind Kirche» («Somos Iglesia»).
La excelente relación que inicialmente había entre el anterior papa polaco Juan Pablo II y los alemanes se desvaneció a lo largo de tres visitas, en 1980, 1987 y 1996. Teólogos protestantes y católicos reprocharon al dúo Wojtyla-Ratzinger su rigidez en materia de costumbres y la lentitud en el avance del ecumenismo.
Una de las principales disputas fue la decisión del Vaticano de prohibir la participación de la Iglesia Católica alemana, apoyada por una amplia movilización de laicos, en los centros de asesoramiento sobre el aborto para mujeres.
Desde entonces, asuntos como el aborto, la homosexualidad, el sacerdocio femenino o el matrimonio de los curas son fuente constante de fricciones.
Otro conflicto fue el rechazo del Vaticano a permitir que sacerdotes católicos y pastores protestantes celebrasen juntos la última cena de Jesús, la eucaristía para los católicos.
Muchos teólogos contestatarios de renombre sancionados por el Vaticano, como el profesor suizo-alemán Hans Kueng y el sacerdote psicoanalista Eugen Drewermann, críticos de la autoridad papal y defensores de los derechos de la mujer y de las minorías, recibieron de forma crítica la elección de Benedicto XVI.
Posteriormente, y ante la prudencia del nuevo Papa durante los primeros meses de su pontificado, las críticas de algunos de ellos dieron paso a la expectativa. Algunos incluso creen reconocer un «perfil teológico claro» y descubrir una actitud de escucha, sin respuestas inmediatas impuestas desde arriba.
«No creo que haya gran resentimiento», explicó a la AFP Weisner, del movimiento católico «Wir sind Kirche», quien estimó que las Jornadas Mundiales de la Juventud serán un momento delicado para el Sumo Pontífice.
«Va a ser sometido a un examen minucioso por el hecho de que domina el alemán y es un gran teólogo.
El riesgo sería que si muchas personas que han leído y estudiado sus escritos tuvieran la posibilidad de interrogarle, se enfrentarían (a él) por sus declaraciones previas sobre la democracia en la iglesia y la participación de los fieles», agregó.
La visión pesimista del relativismo moderno y la moral sexual pregonada por el Papa serán difíciles de superar.
Los jóvenes alemanes son cada vez más indiferentes o se ven tentados por otros cultos nuevos y se casan menos por la Iglesia. Desde 1974 se observa un retroceso continuo en la Iglesia Católica (26 millones de personas en 2003), que ha perdido 2,1 millones de miembros desde 1990.
La rica Iglesia Católica alemana es sin embargo muy influyente por sus servicios caritativos y sociales, como el de la obra epicopal Adveniat que destina anualmente casi 70 millones de dólares para atender miles de proyectos eclesiásticos en América Latina. *
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