La abominable politización de la tragedia Cromagnon en Argentina

La Justicia independiente

¿Razones? La más visible es el escaso papel que le ha otorgado al Parlamento con el uso desmedido de los decretos-leyes, los pedidos, que reiterará, de poderes especiales para la distribución del presupuesto que aprueben las dos cámaras, el manejo bastante discrecional, aunque no delictivo, de los fondos, donde hay hijos y entenados y es una formidable arma política de alineamiento en favor del proyecto presidencial.

La lista puede engrosarse según quien la proponga. El «estilo» que no se refiere a la vestimenta o el cumplimiento de horarios, que tanto hacen sufrir a la oposición más superficial, se refiere a que de hecho, más que un Estado Federal, en la praxis se conduce desde la Rosada un Estado Unitario. Las decisiones las adopta el Presidente, lo que es un papel que le asigna la Constitución claramente, pero sin abrir el juego a las consultas. Jamás ha convocado a los gobernadores en conjunto y algunos apenas han cambiado palabras. Así ellos se murmuran entre ellos, o hacen catarsis en encuentros amistosos.

El gabinete nacional no existe como tal porque Kirchner desde el primer día los colocó en el papel legal de secretarios de Estado, es decir del presidente y solo tete a tete conversa o hasta discute con ellos, sobre todo si se trata de economía, pero ni los quiere juntos ni menos con ideas acordadas a sus espaldas.

La oposición está disgustada por la ausencia de diálogo. Kirchner amagó con una apertura seleccionada, pero quedó todo en aprontes. Sea por desprecio, sea por cálculos, el centro-derecha no figura como espacio que respeta aunque en su cronograma de reorganización política, supone una potencial alternancia con el centro-izquierda que aspira a comandar. La izquierda, sea la leninista o esos capullos de contra poder que asoma en algunos movimientos sociales no le quitan el sueño. Repara si en el Partido Socialista sobre todo el de la provincia de Santa Fe donde es su referente, pero no su conductor, el ex alcalde de Rosario Hermes Binner, por ahora favorito para las legislativas de octubre.

Repara en Binner pero no hay que equivocarse: Kirchner volcará su prestigio en favor de los candidatos del peronismo a punto tal que el 24 próximo, encabezará el lanzamiento de la lista de pretendientes a diputados nacionales, a la que han comprometido su presencia, casi todo el arco de gobernadores oficialistas. Hoy el ex alcalde tiene 20 puntos arriba en Rosario pero a medida que camina para el norte de la provincia la luz se achica o se revierte.

 

Formas y contenidos

Al presidente no lo seducen los acuerdos con otras fuerzas, sino la posibilidad de cooptar, de asimilar, «ese cachito de autoritarismo» que lo retrotrae al estilo de Juan Perón. Pero guste o no su «estilo» no tapa la voz de la prensa, a pesar de su tirria con algunos medios y ciertos periodistas y la tentación, solamente la tentación, de aplicar algún resquicio de los códigos para amedrentar a editores. Pero en rigor, de los medios depende ser más abierto a los problemas reales de la gente, una asignatura pendiente por donde ser mire.

La oposición a veces tiene más problemas en debatir el contenido de la política de Kirchner y acaso por ello ponga tanto el acento, y hace bien, en la calidad institucional, que es donde hay desequilibrios que debería vérselos como en proceso de cambio. Y si se estabilizan las señales que da el Poder Judicial, es el mejor control del Estado de Derecho, del supuesto desborde político, un camino que en todo caso no es rectilíneo pero como una reforma política de fondo, parece irreversible.

El fallo que ordena procesar a ex senadores nacionales por recibir sobornos de parte del gobierno de Fernando de la Rúa, abre una rendija alentadora de que cuando de acabar con la impunidad se habla, no se trata solamente ni nada menos, con los responsables de los delitos de lesa humanidad de los tiempos del terror. ¿Le importa a Kirchner castigar ese delito que puso en tela de juicio al Parlamento y provocó entonces la renuncia del vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez por ser torpedeado en su afán de limpiar, casi en soledad, la «democracia tarifada»?

Se supone que sí, que saca réditos del asunto, tantos como pierde el menemismo (son de esa especie los sospechados) y sobre todo, el radicalismo. Es más importante subrayar que el juez federal Daniel Refecas ha podido avanzar porque desde que se renovó la Corte Suprema de Justicia, que es independiente e idónea y el discurso oficial y actos concretos contra la impunidad, dan el «paraguas» protector necesario.

 

¿Pueden ir presos, dos ex presidentes?

¿Hasta dónde puede avanzar la pesquisa y si puede o no ir preso De la Rúa? Es una pregunta con media botella que asegura que será así y la otra mitad que el techo sería el ex titular de la SIDE, Fernando de Santaibañes, que cayó con los llamados «padres de la patria». Hay demasiado escepticismo acumulado como para que la ciudadanía no tema de alguna trampa. Los más informados recuerdan que el actual Procurador del Tesoro, Esteban «Bebe» Righi, hombre de prosapia progresista y setentista, fue abogado de uno de los ex senadores que están en la picota. No lo es al presente, pero este nexo antiguo aunque no se haga pesar ahora, quién sabe, hace en la necesidad de pensar en el papel de los abogados nobles de defender a ex funcionarios que a todas luces han sido corruptos.Del mismo voltaje político es la expulsión del juez federal Juan José Galeano que dibujó de hecho el esquema de investigación del caso AMIA. Ahora será procesado, junto a ex funcionario de Carlos Menem, en especial el ex titular de la SIDE, siempre la SIDE en juego, Hugo Anzorreguy, quien protegió al juez con dinero para armar su expediente, pero también ministros de esos tiempos. La pregunta de oro es si a Menem le caerán o no las generales de la ley. Media botella sostiene que sí, la otra, no.

No en el mismo caso, pero sí en la voladura, dos años antes que AMIA, de la Embajada de Israel, la Suprema Corte dispuso revisar todo lo actuado en el caso y que no llegó tampoco a nada. En las dos situaciones, el escarnio y la vergüenza caen sobre el Estado argentino, que no alcanza con que haya declarado, como lo hizo Kirchner, su responsabilidad. Es un manchón que sólo se borrará con el esclarecimiento, conclusión que, de paso, alcanza también a los servicios secretos extranjeros, desde el Mossad, a la CIA, pasando por el M I6 británico.

Ningún sector político queda a salvo de estos hechos. Excepto los que se diferencien del pasado, como pretende convencer que lo hace Kirchner. La renovación se da a tientas. Vemos el caso de Raúl Alfonsín, a quien la historia le reconocerá el coraje que tuvo para juzgar a los jefes de la dictadura, que fue cofundador del Mercosur o haber cambiado las conflictivas relaciones con Chile y otros vecinos. Pero además por haber cedido, por lo que fuere, a la presión militar que impuso leyes de impunidad. Dijo cuando se destapó el caso de los sobornos que «si fuera cierto, me retiro de la política». Está haciendo todo lo contrario y quiere volver a conducir la Unión Cívica Radical, con el respaldo de aparatos tan cuestionados como los del peronismo. No le hace ningún favor a la credibilidad de la política.

El mismo Eduardo Duhalde, a quien también habrá que ajustar los juicios con el tiempo, proclamó que representaba lo antiguo, lo que la gente en las calles repudió con eso de que «se vayan todos», faltó a su palabra y provocó la fractura en el peronismo bonaerense que es decir la mitad de lo que es nacionalmente.

 

Juicio político contra Ibarra o la politización de una tragedia

Acaba de perder una pequeña nueva batalla como es el desplazamiento de los suyos de la conducción del bloque de diputados
nacionales. Algunos opositores, que impugnaron la proclamación de dos listas por el peronismo bonaerense, ahora saben que la justicia electoral las reconoce a ambas. Lo sucedido en el bloque de diputados es pertinente y vinculante con la objeción opositora porque kirchneristas y duhaldistas seguirán en el mismo sitio al menos hasta que las urnas digan lo suyo.

Lo ocurrido replantea si lo que pasa en el peronismo bonaerense sobre todo es un proceso de diferenciación o un montaje menor por cargos como lo dicen los opositores. Aunque la primera opción tiene elementos positivos, y con ello, quien la enaltecen, todo está tan mezclado, que hay que pensar que los que sostienen que terminarán todos por juntarse, no hablan en el vacío.

Lo que ocurre en gran parte es la desesperación de la oposición, que tiene matices y ópticas encontradas, de abrir la sombrilla antes de tiempo. Semejante actitud le han hecho perder una ocasión: no poder decir casi nada útil con la decisión de la provincia de Santa Cruz, es decir de Kirchner, de repatriar 521 millones de dólares que tenían depositados en el exterior. Era la causa para hacerlo trastabillar al presidente con eso que es plata nunca más regresaría pero retornó ganando el presidente un alfil.

No todo le sale a Kirchner a pedir de boca. Tiene un problema con el canciller Rafael Bielsa no por su cometido regular, aunque se quejó de él en más de una ocasión, sino por el perfil que el primer candidato kirchnerista en la Capital Federal pretende tener antes su discurso que el del Presidente.

Estalló primero frente a Duhalde que el canciller no quiere homologarlo como «mafioso» y ahora alrededor de la tragedia de Cromagnon y sus 194 muertos. Un sector de los familiares de las víctimas se sumó al discurso de la derecha y de la izquierda de hacer el centro en la cabeza del jefe del gobierno porteño Aníbal Ibarra cuyo juicio político ha sido pedido por una comisión investigadora con final hoy incierto.

Para la ocasión, Bielsa se sumó no solamente al dolor de los familiares, que es de suyo genuino para cualquiera, sino a su óptica. Dicho de otro modo, el canciller, en su búsqueda de diferenciarse, optó por participar de la politización de la tragedia que de imponerse, no es la que traerá la verdad y la justicia, que están en manos de los jueces y al parecer bien, sino que desbrozará el camino para que el distrito quede a merced del empresario Mauricio Macri.

En la práctica, hay escasos votos, todos kircheristas, los que decidirán si Ibarra es o no removido. Bielsa, luego de charlas con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, se sumara al criterio del Presidente aunque reclama que un distrito tan difícil como el porteño le exigirá un espacio de independencia en el discurso.

Con ser muy grave un juicio político, no es lo peor. Lo más abominable es la manipulación del dolor, sea por estructuras de derecha o izquierda, sea por la ceguera que lo ocurrido el 30 de diciembre, empuja a los familiares y amigos afectados a equivocar el camino y enfrentar a dolidos contra dolidos, como ocurrió con una agresión de un sector de deudos a Estella Carlotto, la mítica dirigente de Abuelas de Plaza de Mayo y uno de los emblemas en la lucha contra la impunidad por tener una posición diferente a los que se consideran los dueños de la verdad.

Aparte: convertir a Ibarra en chivo expiatorio y a la disco en asunto electoral, es una manera de soslayar otras responsabilidades, la de los musicantes por caso.

O no hurgar a ver qué pasa en la juventud, por qué una bengala que desató el incendio tiene valores tan simbólicos. *

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