Estados Unidos ha entregado desde 2000 unos 3.300 millones de dólares al gobierno de Colombia

El conflicto colombiano, un foco de inseguridad en América Latina

Hasta ahora, especialmente para Bogotá, las tensiones se centraban alrededor de las acciones de la guerrilla de las FARC, como el ataque del 25 de junio que mató a 22 soldados colombianos en la base de Teteyé, fronteriza con Ecuador, que desató mutuas recriminaciones; las incursiones del guevarista ELN en Venezuela o de los escuadrones derechistas de las AUC en la región panameña del Darién.

Pero en los últimos meses las comunicaciones que llegan al palacio de San Carlos, una amplia casona colonial sede de la cancillería colombiana, hablan cada vez más de tópicos como el éxodo de miles de colombianos, los supuestos nexos de las FARC con secuestros en Paraguay y Brasil e, incluso, las amenazas de muerte de irregulares colombianos al presidente de Honduras.

«Los últimos años Colombia ha tenido incidentes con sus vecinos a causa de la guerra contra las FARC y el más reciente ocurrió con Ecuador, pero antes habían sucedido con Venezuela y de distintas formas el conflicto constantemente desborda las fronteras» señala Joaquín Villalobos, el ex comandante guerrillero salvadoreño que ahora asesora en temas de paz a organismos colombianos.

«Hay problemas de presencia de grupos armados, incursiones, redes financieras, abastecimiento y relaciones políticas» explica Villalobos.

 

Tensiones vecinas

Alvaro Uribe, quien llegó a la presidencia en 2002 comprometido a derrotar militarmente a los rebeldes y que hace dos años negocia la desmovilización de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), reivindica el haber conseguido que Estados Unidos y la Unión Europea declaren como terroristas a los grupos armados ilegales de su país.

Pero en América Latina el balance de sus esfuerzos contrasta entre el logro de que México desautorizara la presencia de una antigua delegación permanente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en su territorio, y sacudones verbales con sus vecinos.

Es el caso de Ecuador que, desde que el 20 de abril asumió la presidencia Alfredo Palacios, en reemplazo del destituido Lucio Gutiérrez, ha asumido posiciones difíciles de aceptar para Bogotá.

Antonio Parra, canciller de Palacio, insiste en que su país quiere ser neutral, pero en un tono provocador hacia Uribe, que tercamente niega la existencia del conflicto interno, llega a señalar que «la guerra civil colombiana» ha llevado a su vecino a «abandonar sus deberes de soberanía» y que por ello, Ecuador limita al norte «más con las FARC que con Colombia».

Esta actitud de Parra se debe a que el conflicto en Colombia es funcional a los intereses del débil gobierno de Palacio, dijo a la AFP Fernando Giraldo, decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá.

«Los ecuatorianos no quieren permitir que la violencia colombiana los contagie. Y ese fue el escenario ideal que encontró el inestable gobierno de Palacio para sobrellevar una crisis interna por constantes denuncias de corrupción y la falta de legitimidad de su gobierno», explica el politólogo.

Los encontronazos con Palacios recuerdan los sufridos con el gobierno venezolano de Hugo Chávez, que tuvieron su máxima expresión cuando un grupo de uniformados de Venezuela capturó de manera subrepticia en Caracas en diciembre, a Rodrigo Granda, señalado como el «canciller» de las FARC y lo entregó luego en la frontera.

El reconocimiento de Bogotá de que pagó una recompensa por la detención -hecha al margen del gobierno de Chávez- estuvo a punto de provocar la ruptura de relaciones diplomáticas a comienzos de 2005.

El número dos de las FARC, Raúl Reyes, asegura que Uribe fracasó en su plan de aislarlos internacionalmente y que la política del mandatario se ha limitado a corromper a funcionarios en países vecinos.

En una entrevista con la AFP a comienzos de julio en un campamento clandestino, Reyes dijo que su movimiento mantiene «las relaciones políticas con muchos sectores, incluyendo algunos gobiernos que nos interesan y conocen la situación colombiana».

El jefe rebelde incluso no descartó posibilidades de un diálogo en los próximos meses con Washington y Europa. «Ellos mismos saben que fue un error habernos incluido en esos listados» de grupos terroristas, añadió.

 

Coca al Sur

Pero la propagación del conflicto colombiano más allá de las fronteras, no solo se refiere a los incidentes desatados por las guerrillas.

Un reciente informe de la Oficina contra las Drogas y el Crimen de la ONU (UNODC) alertó sobre un aumento del cultivo de hoja de coca en Perú (14%) y Bolivia (35%), conforme disminuyen en las selvas colombianas.

Para analistas colombianos se trata de un resultado de movilización de cultivos debido a la aplicación del Plan Colombia al Estados Unidos ha entregado desde 2000 unos 3.300 millones de dólares.

El comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, general Carlos Alberto Ospina, admitió hace dos meses que el océano Pacífico, menos vigilado que el mar Caribe, se ha convertido en un escenario atractivo para el tráfico de drogas.

Los barcos cargueros que parten de Chile o Perú con destino a Asia o Estados Unidos, reciben en alta mar la cocaína enviada desde Colombia en lanchas rápidas, según un documento de la DEA, el organismo estadounidense encargado de coordinar la lucha antidrogas.

Por su parte las autoridades colombianas consideran que las operaciones de narcotráfico de grupos brasileños como el Comando Vermelho y el Primer Comando Capital (PCC), que controlan las cárceles de Rio de Janeiro y Sao Paulo, siguen contando con apoyo desde Colombia.

En junio, Paraguay extraditó hacia Estados Unidos al brasileño Iván Carlos Mendes Mesquita, considerado como el máximo responsable de las operaciones de intercambio de cocaína por armas para la guerrilla de las FARC.

Según Washington, Mendes Mesquita era el sucesor de Fernandinho Beira-Mar, el narcotraficante detenido en Colombia en donde operaba bajo la protección de Tomás Molina (El Negro Acacio) y extraditado a Brasil, en 2000.

 

Exodo

Otra rama dramática, aunque menos publicitada del conflicto, es el éxodo de miles de colombianos, que ya han empezado a ir más allá de los países vecinos, como se demostró en Chile en mayo cuando un grupo de 40 campesinos desplazados del centro de Colombia llegó hasta la ciudad de Arica, para pedir refugio.

Marcela Ceballos, investigadora del tema de la migración fronteriza, señala que el incremento del éxodo hacia el sur, tiene que ver con los controles más drásticos establecidos los últimos meses por Venezuela y Panamá.

«Muchos prefieren ir hacia el sur, porque los países de esa zona como Chile, Argentina e incluso Brasil tienen una política de acoger a los refugiados» señala la investigadora de la organización no gubernamental Codhes (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).

La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), considera que el fenómeno de desplazamiento en Colombia es el tercero más grave en el mundo y el mayor por fuera de Africa.

De los 44 millones de colombianos que arrojan el censo del estatal Departamento Nacional de Estadísticas, un 10% vive en el exterior. Y según ACNUR entre dos y tres millones son colombianos que han abandonado su país en los últimos 15 años, debido al conflicto armado.

 

Secuestros made in Colombia

A comienzos de julio, un juez del estado brasileño de Mato Grosso do Sul, Odilon de Oliveira, aseguró tener pruebas de que la FARC entrenaron a miembros de las poderosas organizaciones delictivas del narcotráfico que operan en S
ao Paulo y Rio de Janeiro.

De Oliveira, señaló que las guerrillas colombianas «que ya están establecidas en Paraguay», un país fronterizo con Mato Grosso do Sul y «ahora está mirando hacia Brasil, donde el potencial para ese delito (el secuestro) es mayor».

Pero no es una denuncia aislada. El 25 de mayo el argentino Alberto Galvalisi, señalado como autor de una docena de secuestros en Brasil fue capturado mientras descansaba en la ciudad de Mar de Plata, en su país natal.

Las autoridades argentinas aseguraron que Galvalisi recibió entrenamiento de los rebeldes colombianos en técnicas de secuestro.

En el vecino Paraguay, un fiscal presentó cargos contra 14 personas por el secuestro y asesinato de la hija del ex presidente Raúl Cubas, la mayoría de ellos miembros del izquierdista Patria Libre.

La policía paraguaya asegura que Osmar Martínez, el principal acusado por el secuestro, contó con la colaboración de las FARC, y como prueba exhibieron correos electrónicos intercambiados con el «canciller» del grupo rebelde, Rodrigo Granda, antes de su captura en Caracas.

«No podemos asegurar que las FARC estén creando un emporio del secuestro en América Latina, pero es indudable que cada vez más muchos grupos dedicados a ese delito utilizan su experiencia», señala un alto oficial de la policía colombiana.

 

Armas

Al mismo tiempo a lo largo de Centroamérica se multiplican denuncias sobre incautaciones de armas y municiones, remanentes de los conflictos en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, que alimentan tanto a las guerrillas como a las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, derecha).

El Ejército colombiano asegura tener informes que comprueban que las FARC y los paramilitares se abastecen de armamento procedente de Europa, Asia y Estados Unidos que ingresa a Colombia provenientes de Centroamérica.

Las pesquisas señalan la existencia de una cadena de compra, venta y entrega de armas y munición que parte desde países europeos y asiáticos, que luego son enviadas a Centroamérica y entran a Colombia por las naciones vecinas, según un informe reciente la inteligencia militar conocido por AFP.

Las redes de traficantes tienen compradores extranjeros que negocian directamente en las fábricas, y éstos, a su vez, poseen enlaces que reciben el armamento en Nicaragua, Panamá, Honduras y Surinam, señala el documento.

Desde esos puntos, los contactos de las FARC se encargan de llevar los cargamentos hasta otros sitios en las fronteras con Perú, Venezuela, Ecuador y Brasil. *

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