Reflexiones sobre el terrorismo
Es obvio que el terrorismo en un flagelo global intolerable en este perturbado inicio de siglo que vivimos y que debemos enfrentarlo con determinación y coraje allí donde se manifieste. Pero como siempre afirmo, no se trata de hacerle la «guerra al terrorismo», expresión que considero incorrecta por las comparaciones ilegítimas que suscita. Se trata de combatir con inteligencia, eficiencia y en un marco de legalidad a actos criminales horribles e indefendibles, que desde las sombras golpean a inocentes.
Este tipo de amenaza ya se había manifestado antes del 11 de setiembre de 2001, pero sólo después el mundo adquirió conciencia del inmenso peligro que representaba el terrorismo global. Y en esa ocasión tuvo lugar un movimiento casi universal de solidaridad con Estados Unidos, que hasta entonces nos parecía invulnerable.
Lamentablemente, la política unilateral y de marginación de las Naciones Unidas conducida por Bush pulverizó en poco tiempo ese capital de solidaridad. La causa fue sobre todo la invasión de Irak, que hoy la mayoría de los analistas considera un tremendo error.
Poco después del 11 de setiembre la India propuso a la Asamblea General de las Naciones Unidas la búsqueda de una definición de la palabra terrorismo a fin de encuadrar el combate contra este flagelo. Pero lo que a primera vista parecía simple resultó extremadamente difícil y no se pudo lograr un acuerdo.
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, no desistió y nombró un comité de «sabios» con la misión de hallar una definición aceptable para todos los países miembro de las Naciones Unidas. Según parece, el informe de los sabios será discutido en setiembre próximo.
La dificultad fundamental puede plantearse así: ¿cómo no incluir actos criminales que matan inocentes y hasta niños sin justificación alguna dentro de comportamientos que configuran el llamado «terrorismo de Estado», o ciertos asesinatos cometidos por agentes secretos y mercenarios al servicio de estados organizados que a pesar de ello no dejan de considerarse Estados de Derecho? Las técnicas empleadas por Israel contra la población palestina son un ejemplo de esas dificultades.
El tema no es nuevo y se presentó durante la última guerra mundial, en la que murieron muchos millones de inocentes. Recordemos los bombardeos sobre Londres y después sobre algunas ciudades alemanas como Dresden, el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki y de muchas operaciones secretas verdaderamente criminales practicadas por uno y otro bando. Para no hablar de Vietnam y de tantos genocidios perpetrados en Ãfrica antes y después de la descolonización.
El terrorismo global contemporáneo tiene una característica diferente: es menos político y más religioso. El fenómeno de los terroristas suicidas es un ejemplo terrible de los extremos que puede alcanzar el fanatismo religioso. Por ello, entre los peligros a los que estamos hoy expuestos considero que uno de los más graves es que nos dejemos llevar a nuevas guerras religiosas.
No tengo dudas de que el terrorismo global es una perversión de la religión islámica. Como escribe Jean Daniel «representa el rostro demente del Islam». Por ello, al atacar el terrorismo hay que tener cuidado de no herir al Islam y sembrar odios y resentimientos entre musulmanes que condenan y combaten al terrorismo.
La prueba de que la lucha contra el terrorismo ha sido mal conducida por Occidente consiste en que ya han pasado casi cuatro años desde el 11 de setiembre y cada vez nos sentimos más amenazados. La guerra contra Irak ha transformado a este país en un campo de entrenamiento privilegiado del terrorismo global, además de ser un atolladero suicida para las tropas angloamericanas. Y no se ve una salida fácil ya que el enfrentamiento entre chiítas y sunitas empuja a Irak al borde de la guerra civil.
El Royal Institute of International Affairs, prestigioso centro de investigación británico, presentó un informe secreto al gobierno de Tony Blair tres semanas antes de los atentados del 7 de julio, donde advertía que la situación crítica en Irak aumentaba el riesgo del terrorismo global, que podría llegar a atacar a Londres. El informe presentaba una evidencia contraria a la tesis oficial de los angloamericanos. Y por eso no fue tomado en cuenta.
Los partidarios de la seguridad a cualquier precio, aun cuando se afectan las libertades y las garantías individuales, creen solamente en el poder de la fuerza y en las barreras de protección de los servicios secretos. La experiencia enseña que están equivocados.
La democracia vivida seriamente es el arma mejor y más eficaz contra el terrorismo. Precisamente, el civismo y el sentido de responsabilidad democrática de los londinenses explican su comportamiento sereno ante los atentados, incluyendo a los que más protestaron en las calles contra la guerra a Irak. Porque la verdad sale siempre a flote. *
(*) Mario Soares, Presidente de Portugal entre los años 1986 y 1996.(COPYRIGHT IPS)
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