Bush enfrentó críticas por su vínculo estrecho con el rey Fahd

El estrecho vínculo de la familia de George W. Bush con la del rey Fahd de Arabia Saudita –que ayer lunes falleció a los 84 años– fue muchas veces considerado un obstáculo que nublaba el juicio del presidente estadounidense, especialmente en temas como petróleo y terrorismo.

La Casa Blanca ha negado enérgicamente tales acusaciones, que crecieron al descubrirse que 15 sauditas estaban entre los 19 aeropiratas que llevaron a cabo los atentados del 11 de setiembre de 2001 en nombre del fundamentalista islámico Osama bin Laden.

«Antes del 11 de setiembre, los terroristas juntaban dinero y reclutaban y operaban sin mucha oposición en Arabia Saudita. Hoy, el gobierno saudita se unió a la lucha contra Al Qaeda, y Estados Unidos y el mundo son más seguros», dijo Bush en agosto de 2004, durante la campaña para su reelección. Pero la comisión oficial que investigó las fallas que posibilitaron los ataques contra Washington y Nueva York señaló en su informe final, divulgado en julio de 2004, que «Arabia Saudita ha sido un aliado problemático en el combate al extremismo islámico». Si bien reconoció no haber encontrado evidencias de que el gobierno o altos funcionarios sauditas financiaran la red Al Qaeda, la comisión destacó que organizaciones de caridad vinculadas con Riad pudieron haber desviado fondos para el grupo de Bin Laden.

En dos ocasiones, en abril de 2002 y en abril de 2005, el presidente Bush no vaciló en invitar al príncipe heredero saudita Abdalá bin Abdel Aziz, dirigente de facto del reino desde que su hermano cayó enfermo, a su rancho de Crawford, Texas (centro-sur), un privilegio destinado a sólo un puñado de dirigentes.

Durante la última visita del ahora rey saudita, de 82 años, a Texas, la prensa publicó fotos del presidente estadounidense con Abdalá caminando tomados de la mano.

Previo a las elecciones presidenciales del 2 de noviembre de 2004, Bush fue acusado de haber acordado con el gobierno de Riad el aumento de la producción saudita de petróleo para lograr bajar los precios del combustible en Estados Unidos y así lograr su reelección.

Al término de una reunión en la Casa Blanca en abril de 2004, el embajador saudita en Washington, príncipe Bandar bin Sultán, admitió que su país accedió a intentar reducir los precios del petróleo, pero negó que la decisión respondiera a un acuerdo político.

«No hicimos ningún acuerdo que pueda interferir con los asuntos internos de nuestros amigos», dijo Bandar. La reducción del precio del petróleo es «buena para el pueblo estadounidense, para la economía estadounidense y para la economía mundial», añadió.

La complejidad de las relaciones de más de seis décadas entre ambos países fue explicada en el libro «Plan de ataque» de Bob Woodward, estrella del diario The Washington Post y uno de los dos periodistas que sacó a la luz el caso Watergate a principios de los años setenta.

En su libro consagrado a los preparativos de Estados Unidos para la invasión de Irak, Woodward describe la proximidad de las relaciones entre Washington y Riad y sostiene que Bush informó los detalles de la operación militar al embajador Bandar antes que al entonces secretario de Estado, Colin Powell.

El diplomático, hijo del ministro saudita de Defensa y Aviación, y embajador en Estados Unidos desde hace 25 años, negó haberse enterado de las intenciones de invadir Irak a principios de enero de 2003 -tal como afirma Woodward- y dijo que apenas lo supo «una hora antes del ataque».

Otro libro con similares acusaciones, escrito por Craig Unger, señala, entre varias acusaciones, que tras los atentados del 11 de setiembre, y en momentos en que los vuelos habían sido congelados en su mayoría, la Casa Blanca aprobó evacuaciones de emergencia para ciudadanos sauditas importantes sin interrogarlos.

Pero la comisión investigadora de los atentados de 2001 concluyó que todos esos vuelos fueron realizados después de que se reabrió el espacio aéreo de Estados Unidos, que no encontró «evidencia de intervención política» y que el FBI hizo los «interrogatorios necesarios» para asegurarse de que los pasajeros sauditas no eran de ayuda en las investigaciones que llevaba a cabo. *

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