Un millón de pastillas de Viagra se venden por mes en Argentina
A 7 años de su aparición, el comprimido llamado Viagra es un éxito arrollador en Argentina, con ventas de un millón de unidades al mes, hechas no sólo por hombres maduros sino también por jóvenes sin problemas de erección pero que sueñan con transformarse en campeones sexuales.
Un informe de la consultora IMS Health, citado por Clarín este domingo, revela que en 2003 se vendieron 7,3 millones de la droga genérica sildenafil, que había debutado en el mercado en julio de 1998. Y la cifra crece sostenidamente, ya que el año pasado las ventas treparon a más de 11,2 millones de comprimidos, lo que significó un aumento del 53,62%.
La primera solución oral para la disfunción eréctil se presentó como una solución para un problema que afecta a 140 millones de hombres en el mundo, de los cuales habría 1 millón en Argentina, aunque sólo el 15% recurre al médico, según el matutino.
Como sucede también en otros países, la creciente curva en el consumo se sostiene fundamentalmente por el uso no médico, al que llaman «festivo, deportivo o recreativo», indistintamente.
En Argentina, las normas establecen que la droga debe ser vendida con receta médica, pero se ofrecen por internet y por avisos en los diarios.
«Hay una liviandad preocupante en la venta que redunda en que el uso se haya masificado más de la cuenta. En esto ha incidido también la publicidad indiscriminada de los laboratorios que lleva a que se confundan los usos», dice Enrique Roca, de la Confederación Farmacéutica Argentina. La sexóloga clínica Marta Rajtman también advierte sobre el uso de la droga sin control médico y su venta en, por ejemplo, las discotecas, adonde se las mezcla con éxtasis y alcohol.
«Yo no se la receto a nadie sin controlar cómo responde un paciente al esfuerzo. Y, por supuesto, si el paciente toma vasodilatadores coronarios con nitritos o nitratos, está contraindicado», señala la médica.
El Viagra es un medicamento, no un afrodisíaco, pero los jóvenes la toman para enfrentar la exigencia de una especie de gimnasia olímpica a la que se sienten obligados en la cama, señalan los especialistas. *
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