Otra vez atacan en la city londinense
El jefe de Scotland Yard Ian Blair afirmó que «es demasiado temprano» para decir si los ataques de ayer jueves tienen relación con los atentados del 7 de julio, perpetrados por cuatro kamikazes musulmanes británicos.
Pero reconoció que había similitudes con esa matanza, que dejó 56 muertos y 700 heridos.
«La intención de estos ataques era matar», aseguró el jefe de la policía, que subrayó que lo importante es que la «intención de los terroristas no se cumplió».
Las explosiones, que según el jefe de la policía se debieron a «cuatro intentos de ataques», no fueron de la misma magnitud de los atentados en tres metros y un autobús de Londres, y dejaron al parecer sólo una persona herida.
Según la policía, las explosiones estaban previstas para ser «casi simultáneas», pero algunas de las bombas no estallaron.
«Sabemos los motivos» de esos ataques, afirmó por su parte el primer ministro, en una rueda de prensa en Downing Street, en la que rechazó que los ataques de hace dos semanas y de ayer jueves tengan relación con la guerra de Irak.
Los ataques «son perpetrados para amedrentar a la gente», dijo el jefe de gobierno británico, en la rueda de prensa en la que llamó a los londinenses a retomar sus actividades normales y a «reaccionar con calma».
Asimismo, el alcalde de Londres Ken Livingstone pidió a la población mantener la calma tras las explosiones en tres metros y un ómnibus, que trajeron por supuesto a la memoria los ataques de hace dos semanas contra tres metros y un bus, cuyas víctimas terminaron de ser identificadas sólo el miércoles.
La «situación está completamente bajo control», reiteró el jefe de la policía británica.
Y el premier británico dijo que el sistema de transporte público londinense -que aún no funciona normalmente, tras las explosiones que sacudieron Londres hace dos semanas- iba a estar funcionando «normalmente» tan pronto como posible.
Las explosiones provocaron sin embargo «terror» entre cientos de pasajeros que fueron evacuados de las estaciones de metro Oval, Warren Street y Shepard’s Bush, en el centro de Londres, y de un bus en Hackney, al este de la ciudad.
Testigos contaron que habían escuchado pequeñas explosiones, que habían sentido un olor a quemado y que sintieron miedo.
Los ataques reforzaron sobre todo los temores de los londinenses, que tras los atentados del 7 de julio han manifestado, en sondeos y entrevistas, que vivían bajo el temor de otros atentados.
Además, dos tercios de los británicos piensan que la guerra en Irak convirtió a Gran Bretaña en un blanco terrorista, lo que el gobierno de Tony Blair rechaza.
Lo que es más preocupante para los londinenses es quizá que los ataques de ayer jueves se produjeron mientras la policía está en estado de máxima alerta, tras los atentados de hace dos semanas, que desencadenaron la investigación criminal más importante en la historia de Gran Bretaña.
Las explosiones de este jueves se produjeron mientras la investigación sobre los cerebros de los ataques del 7 de julio parece haberse trasladado a Pakistán.
Cientos de militantes islamitas eran interrogados el jueves por la policía paquistaní, que busca pistas sobre los atentados de Londres.
Un total de 228 militantes islamitas, entre los cuales había numerosos responsables religiosos, fueron detenidos en lo que va de la semana, informó un responsable de los servicios de seguridad, subrayando que no se había registrado ningún «avance».
Los intentos de atentados de ayer jueves se produjeron en momentos en que se celebraba en el centro de Londres una ceremonia en memoria por las víctimas del 7 de julio, organizada por la comunidad musulmana.
Además, los ataques se registraron al día siguiente de que se terminara de identificar a las víctimas.
La lista de las víctimas elaborada por la policía es un retrato de la diversidad cultural de Londres: los 52 muertos, a los que se suman los 4 kamikazes, provienen de una decena de países, entre ellos de Italia, Francia, Turquía, Polonia, Israel, Afganistán, Australia, Nueva Zelanda, Vietnam.
Aunque el balance podría no ser el definitivo, no se cuentan niños entre las víctimas, que eran en su mayoría jóvenes.
Unas 23 de las víctimas tenían menos de 30 años, y las edades de 13 de ellas oscilaban entre 30 y 40 años. Los cuatro kamikazes tenían entre 19 y 30 años.
La última de las 56 víctimas a ser identificada por los equipos médico-legales de la polícia británica fue un afgano, Ateeque Sharifi, de 24 años, que huyó de su país tras el asesinato de sus padres por los talibanes.
El afgano resultó muerto por la bomba que estalló en la línea de metro Piccadilly Line que circulaba entre King’s Cross y Russell Square. *
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