El presidente mexicano Vicente Fox muestra signos de cansancio, hartazgo, fastidio o de enfermedad

En duda, la salud presidencial

Algunos políticos atribuyen su comportamiento al uso de medicamentos, en tanto especialistas en salud mental lo explican por una excesiva tensión, una «falla del juicio de realidad» o bien un «mecanismo de defensa muy inmediato, a falta de estrategia y de recursos».

 

–¿Por qué se evade la realidad?

–Creo que los acontecimientos han rebasado al Presidente. Me parece que desde el principio le ha faltado ese liderazgo, el ejercicio de la presidencia, para el cual probablemente, como todos hemos visto, no estaba preparado.

En setiembre de 1998, Vicente Fox ofreció esa respuesta a Gerardo Galarza en una entrevista publicada en Proceso. La conversación tuvo lugar después del cuarto informe de gobierno de Ernesto Zedillo, calificado por el entonces gobernador de Guanajuato como un acto de autismo, «(que) es una enfermedad en la que se anda fuera de la realidad, fuera de lo que está pasando y donde se vio claramente la falta de liderazgo».

«No estoy hablando de la enfermedad en sí; estoy hablando de que en lugar de atender la realidad, en lugar de atender la problemática, en lugar de plantear a la nación un camino de certidumbre, un camino a seguir, se va a hablar de otras mil cosas que poco tienen que ver con los momentos tan críticos que estamos viviendo ahora…. No estoy diciendo que (Zedillo) sea un enfermo mental. Utilicé la palabra para describir una situación», matizó Fox (Proceso 1140).

Hoy, paradójicamente, en la prensa se ha especulado sobre la estabilidad emocional del presidente Fox. Son muchas voces, como la de Luis Javier Garrido, que el 27 de mayo escribió en «La Jornada»:

«La pregunta que muchos se están haciendo, y ya no en voz baja, es muy directa: ¿está Vicente Fox bien de sus facultades mentales? Y a ésta sucede otra: ¿qué importancia tiene para el país, para su instituciones, para la independencia nacional y, sobre todo, para el destino de los mexicanos esta situación?»

Antes, el columnista de «El Universal» Raymundo Riva Palacio afirmó que el Presidente tenía un problema «real y viejo de ánimo que le produce depresiones y para lo cual, cuentan, se le tiene recetado el milagroso Prozac».

En una entrevista realizada el 29 de setiembre de 2003 por Univisión en Nueva York, el periodista Jorge Ramos le preguntó a Fox:

 

–¿Toma usted Prozac?

–No. No sé de dónde recoges tu información –contestó molesto.

 

–He escuchado varios informes, por eso le quería preguntar directamente.

–Ya me preguntaste. Ya te contesté, no -recalcó Fox, quien luego se levantó de su asiento y cortó la entrevista antes de lo acordado.

La gravedad de las constantes contradicciones del presidente ya ocasionó preocupación en el Congreso. El pasado 24 de mayo, alarmada por la incontinencia verbal del Presidente, la ex dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Dulce María Saurí Riancho, pidió que se informara sobre su salud mental, pues dijo que existe la versión de que tiene una «personalidad bipolar».

Agregó la legisladora:

«No soy psicóloga ni psiquiatra, pero recuerdo un artículo donde se hablaba de esa personalidad bipolar del presidente Fox, y me preguntaba si no estamos ante un recrudecimiento de la misma. El Ejecutivo puede enfermarse, pero debe ser atendido con mucho cuidado, porque no se trata de cualquier persona, sino de quien gobierna al país».

Y el pasado miércoles 1º de junio, durante la sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, otros senadores del PRI y PRD también externaron su preocupación. El priísta guanajuatense Carlos Chaurand dijo sobre la conducta de Fox: «No quisiera irme tan lejos y pensar que es locura, pero da lugar a sospechas», e indicó que son preocupantes los rumores de que Fox usa Prozac. Para la legisladora Martha Tamayo, también priísta, resulta evidente «que algo no anda bien» en el Presidente, puesto que «todos los días se mete en problemas y deja ver alguna alteración emocional con declaraciones deshilvanadas, contradictorias».

El delicado carácter del tema, en el que nuevamente entran en conflicto el derecho del Presidente a la privacidad y el derecho del público a saber, convida a legisladores y especialistas a convocar a una discusión que apremia.

En entrevista con Proceso, agrega Sauri:

«La explicación política parece haberse agotado, y no sería un ejercicio inútil; es más, lo consideraría como algo necesario, tratar de entender las motivaciones de la conducta del señor Presidente de la República. Siendo el Presidente, el titular del Poder Ejecutivo del país, los ciudadanos necesitamos una explicación».

Reiteradamente, la Presidencia de la República se ha negado a dar información sobre el estado de salud del mandatario. La primera vez se le impidió a los reporteros tener acceso al historial clínico elaborado por el médico Héctor Peón Vidales, uno de los médicos que participaron en la cirugía del Presidente. Ante la petición que hizo Proceso en aquel momento, el entonces vocero, Rodolfo Elizondo, se negó a entregar un reporte médico del estado de salud de Fox, aduciendo que no había una ley que lo obligara a hacerlo.

El año pasado, una reportera de «Diario Monitor» solicitó datos sobre el estado de salud del Ejecutivo federal mediante el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), y también le fue negada.

 

Incontinencia verbal

Sometido continuamente a la crítica por sus dislates declarativos en todas las materias, que sólo libra cuando se atiene a los discursos que le preparan sus empleados, el presidente Vicente Fox es un hombre completamente sano física y mentalmente.

Al menos eso es lo que asegura su vocero, Rubén Aguilar Valenzuela, quien a menudo ha tenido que corregir las «malas interpretaciones» que supuestamente se hacen de las declaraciones de su jefe.

«No tiene ningún problema. Goza de un estado de salud perfecto, magnífico», afirma Aguilar.

Las oscilantes expresiones verbales de Fox han sido relacionadas con el consumo de medicamentos, antes y después de la intervención quirúrgica a la que se sometió el 12 de marzo de 2003, justo cuando debía emitir la posición de México sobre la invasión de Estados Unidos y sus aliados a Irak.

Antes de la cirugía, Fox padeció la disminución de su «capacidad física» por un intenso dolor que los medicamentos –sobre todo analgésicos antiinflamatorios– no lograban mitigar ni en la décima parte, como lo reveló Víctor Acosta, uno de los médicos que lo atendieron.

Pero a dos años y tres meses de la intervención quirúrgica, que en su momento fue interpretada como una maniobra para evadir la postura de su gobierno sobre Irak –misma que, sin embargo, tuvo que hacer pública seis días después–, Fox se mantiene bajo un tratamiento de rutina.

 

–¿Qué medicamentos toma?

–Ninguno –responde Aguilar–; no tiene ningún medicamento porque no tiene ningún problema de salud, que es magnífica. Mejor que nunca.

 

–En suma, ¿cuál es el estado de salud del Presidente?

–Espléndido. Mejor que nunca. Sí, de veras.

 

–¿Padece secuelas de la operación?

–No, hace sus ejercicios por lo de la espalda, tiene un régimen de eso: nadar, caminar, cuidarse (sentarse en) sillas ergonómicas, ese tipo de cosas. Es todo lo que tengo que decir.

Pero con o sin la administración de medicamentos, el titular del Poder Ejecutivo incurre frecuentemente en equívocos y excesos. Uno de los más recientes consistió en una expresión presuntamente ra
cista en contra de los ciudadanos afroestadounidenses, en el contexto de la defensa de los trabajadores migratorios mexicanos, quienes, dijo, hacen trabajos «que ni los negros quieren hacer allá en Estados Unidos».

El lunes 23 de mayo por la mañana, Fox produjo otro choque con la oposición en el Congreso al improvisar un discurso sobre los asesinatos de dos niñas en Ciudad Juárez, Chihuahua.

«Desde aquí mando un saludo muy respetuoso, lleno de dolor y tristeza, de solidaridad para las familias de estas dos niñas, y desde aquí, al mismo tiempo, hago responsable al Congreso de la Unión, a senadores y diputados del PRI, del PRD, exigiendo, a nombre de estas niñas y de todos quienes sufren violencia e inseguridad en el país, que se apruebe la (iniciativa de) ley que enviamos hace ya más de un año».

Fox aclaró en su mensaje a los diputados y senadores de oposición: «Y no queremos abonitos, no queremos aprobaciones parciales. Queremos y exigimos que nos den los instrumentos necesarios para que podamos enfrentar a la delincuencia».

Pero más tarde, durante la ceremonia del Día del Politécnico y la entrega de la presea «Lázaro Cárdenas del Río» en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), rectificó sus declaraciones, ya con el discurso por escrito.

«No se trata de jugar a las vencidas, sino de privilegiar la ética, el compromiso personal, la racionalidad política. Es momento de pasar de la estridencia a la prudencia, de la cerrazón a la razón, de la protesta a la propuesta», expresó Fox.

El lunes 30 de mayo, en conferencia de prensa con el presidente de Austria, Heinz Fischer, el mandatario mexicano censuró –en una alocución improvisada– a los medios de comunicación porque «no es correcto estar refritando sin información los mismos casos» de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, y aseguró que la mayoría de éstos ya se resolvieron.

Al día siguiente, ante las críticas, tuvo que corregir, otra vez con un discurso por escrito. En lo que denominó una «extensión a mis declaraciones» del día anterior, reconoció que 193 de esos crímenes aún están impunes y que 33 mujeres siguen desaparecidas.

El viernes 3 de junio, Fox emitió otro exabrupto, en el marco de la designación de los ultraderechistas Carlos Abascal y Francisco Xavier Salazar Sáenz como secretarios de Gobernación y del Trabajo, respectivamente.

Y en gira por Colima defendió por enésima vez a su mujer, Marta Sahagún: «Es un cambio, por ejemplo, que la primera dama, la señora Marta, haya tenido las faldas suficientes para demandar, demandar a una revista muy conocida de ustedes, por difamación, por calumnia, por meterse en su vida privada; que haya tenido las faldas para demandar a esta pseudoperiodista que sólo se ha dedicado a promover el engaño y la mentira. Es parte del cambio». *

 

* En acuerdo con la revista mexicana Proceso.

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