Errores y salidas
EN MI VIDA política siempre procuré guiarme por una relación de sinceridad con la opinión pública, con la militancia del PT y con mis interlocutores. Por eso, frente a la crisis política que alcanza al PT y a mí mismo considero necesario formular algunas aclaraciones públicas. Antes que nada, quiero pedir disculpas a la opinión pública y principalmente a la militancia petista, porque estimo que cometí errores y fallas en el ejercicio de la presidencia del PT.
El ejercicio de la presidencia del PT es una función que exige alta responsabilidad política y administrativa, ya sea por la relación del partido con la militancia, por su relación con la sociedad, ya sea por su relación con el gobierno. Por eso, como presidente debería haber empeñado un esfuerzo mayor en la gestión administrativa interna, ejerciendo un mayor control y renovando métodos y procedimientos.
Al asumir la presidencia del PT al final de 2002 e inicio de 2003 debería haber procedido a una reforma administrativa y política del partido, modernizándolo y adecuándolo a la nueva condición de ser partido de gobierno y, al mismo tiempo, continuar siendo un partido orgánico de los movimientos sociales y de la sociedad civil. El hecho de haber sustituido al compañero José Dirceu, presidente electo directamente por los afiliados, y de que no se haya procedido a la elección de un nuevo Ejecutivo por parte del Directorio Nacional, no me exime de esa responsabilidad.
En la medida en que el PT creció mucho en su estructura política y administrativa, debería haber adoptado medidas y mecanismos para establecer padrones internos de procedimientos y métodos colectivos y de autocontrol.
No adecuamos al PT a los nuevos desafíos que se presentaron a partir de la victoria de 2002. Y como muchos de sus cuadros dirigentes históricos asumieron tareas de gobierno, el partido se debilitó en su capacidad dirigente.
En 2004 creo que nosotros, dirigentes petistas, no supimos administrar en forma adecuada el movimiento de crecimiento que vivía el partido y las presiones y demandas por recursos. Apostamos a una campaña excesivamente dimensionada, que no tuvimos la capacidad de sostener. Eso nos llevó a cometer algunos errores políticos, que se tradujeron en perjuicio para el partido y endeudamientos.
Cerramos la campaña con 20 millones de reales de deuda en el plano nacional y algunos millones más en los estados. Creo que las presiones plantearon exigencias de crecimiento que estaban más allá de lo que la estructura del partido y su capacidad dirigente instalada podían atender. Como dirigentes, nuestra tarea adecuada debería haber consistido en reducir las presiones y trabajar con una perspectiva de crecimiento más modesta.
Reconocidos estos errores, quiero garantizar a la opinión pública y a la militancia petista, con serenidad y franqueza, que no cometí ilegalidades y que en ningún momento actué para corromper la cosa pública o para sacar algún provecho personal de las circunstancias en que estaba envuelto. Confío en que el proceso de investigación en curso terminará por probar esta afirmación y, por eso, colaboraré al máximo para que todas las denuncias sean investigadas y aclaradas.
Quiero observar que vivimos un momento de muchas denuncias, que generan un ambiente de sospecha generalizada y favorecen los prejuzgamientos.
Recomendaría cautela, pues solamente investigaciones exhaustivas podrán establecer lo que hay de verdad y lo que hay de mentira en esas denuncias. Me alejé de la presidencia del partido porque el proyecto estratégico del PT, de ser uno de los principales medios de transformación social y de reducción de las desigualdades, es algo que está por encima de mis pretensiones personales.
En este momento otras personas, como el nuevo presidente Tarso Genro, tienen mejores condiciones para representar este proyecto estratégico, defender la dignidad del partido y de la militancia y defender al gobierno Lula, sus cambios y sus realizaciones.
El PT, entre tanto, además de realizar una renovación de sus direcciones mediante elecciones directas, requiere pasar por un amplio proceso de reforma política y administrativa que, durante nuestra gestión, no tuvimos condiciones y capacidad de realizar.
El PT, en cuanto institución política de la sociedad, precisa reducir su opacidad y tornarse más transparente ante la opinión pública.
La coherencia entre el discurso y la acción debe ser restaurada, para que el partido sea una institución legítima y creíble, tanto para la militancia como para la opinión pública y el electorado. Una de las grandes lecciones de esta crisis es la de que un partido político como el PT, además de ejercer el papel de «educador», «formador» y «conductor» de las opiniones, debe también actuar siempre en consonancia con las exigencias democráticas y republicanas, conducta que marcó la historia de 25 años del partido.
Pienso que por su historia, por sus compromisos programáticos, por su militancia y por sus cuadros, el PT tiene la energía y la capacidad suficientes para superar su crisis actual.
La crisis política del país sólo tendrá una solución política adecuada si el Congreso es capaz de avanzar en el proceso de la reforma política. Dos puntos al menos exigen soluciones urgentes: el financiamiento público de las campañas y la fidelidad partidaria. Algunos aspectos de fondo de la crisis actual están relacionados con las deficiencias de nuestro sistema de partidos y electoral
Es conveniente y deseable también que en las elecciones legislativas municipales de 2008 se instituya un mecanismo de listas preordenadas, para que pueda ser adoptado en los niveles estadual y federal en 2010. *
(*) Ex presidente del PT de Brasil
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