Libro oficial inglés sobre el archipiélago reafirma argumentos argentinos

Presión por las Malvinas

Por lo que se conoce el libro de algo más de 1.100 páginas, que salió a la venta en Londres esta semana, no hace más que «blanquear» buena parte de los datos que ya se conocían, pero pone en dificultades al Reino Unido, renuente a abordar la devolución a la Argentina de la soberanía de esas islas.

Por caso, en el trabajo se cita la gestión del secretario de Estado británico, Nicholas Ridley, quien poco antes de la guerra de 1982 fue enviado por el gobierno de Margaret Thatcher para sondear la recepción de una propuesta que incluía «el traspaso de la soberanía sobre las islas» a los veinte años. Entonces, no se ponía énfasis en los «deseos» de los isleños y desnuda la insensatez de la Junta Militar.

Es fuerte contar ahora con información oficial británica que el hundimiento del crucero Belgrano se concretó por el submarino nuclear «Conqueror» cuando se encontraba fuera de la zona de exclusión, y a pesar de que informes de inteligencia captados por los ingleses sostenían que el buque se dirigía hacia el continente. O que hubo naves británicas en el escenario del conflicto con armas nucleares, realidad que por entonces había detectado la inteligencia soviética pero que Londres y su fiel aliado, Washington, se negaban a reconocer hasta estos días.

La cuestión no es menor porque no está cerrada la hipótesis de que fragatas de la Task Force hundidas en el conflicto podrían haber llevado al fondo del Atlántico Sur artefactos nucleares.

La perenne alianza anglo-norteamericana

El libro reconoce lo que se sabía sobre el respaldo irrestricto de Washington a Londres y el sostén logístico y de inteligencia que el Chile de Augusto Pinochet cedió a los ingleses.

Si bien estas decisiones políticas hoy no afectan la relación argentino-chilena, porque Ricardo Lagos o la Concertación no es Pinochet, mantiene dureza la relación con el Reino Unido y debería servir –dicen los expertos– que no se lea mal la historia: que Washington y Londres en política exterior son un solo corazón y no vaya ahora a aparecer el iluso que se tiente pedirle a George Bush apoyo en la controversia, porque nunca la Casa Blanca hará algo que «la pérfida Albion» no quiera. Lo que se conoce oficialmente hace que funcionarios argentinos analicen «de modo detallado» si son viables acciones jurídicas o diplomáticas.

Ahora se reforzará la delegación diplomática en Londres como una manera de contrarrestar lo que denominan «el creciente lobby isleño», habida cuenta de que Malvinas ya no es estratégicamente importante para Londres, que ha bajado drásticamente el presupuesto de mantenimiento de la base militar más sofisticada de esa zona austral, y porque los ingresos han entrado en declive, poniendo en alerta roja la prosperidad de los menos de tres mil isleños.

Hasta las revelaciones la relación bilateral marcha por carriles de «profesionalidad absoluta» y que para que una negociación sea tal, todas las partes deben ceder con el propósito de llegar a un acuerdo mutuo, sostienen en el Palacio San Martín. Pero, ¿es imposible que con documentos oficiales en la mano la Argentina amplíe su abanico de aliados e incremente su presión diplomática?

 

El petróleo entra en escena

En asuntos como la pesca, el desminado o el vuelo semanal que une el continente con el archipiélago –y que una vez al mes hace escala en Santa Cruz– son parte de la restauración de la confianza mutua para llegar, en última instancia, a discutir la soberanía, al menos en la óptica local. Pero no se profundizarán las relaciones mientras el Reino Unido se niegue a conversar sobre el tema de fondo.

Que sigue la tensión lo revela que antes de dejar la embajada en Buenos Aires, hace un año, Robin Christopher aseguró que la administración de Tony Blair había «perdido la confianza» en la Casa Rosada por el tema Malvinas. Es que en noviembre de 2003, la Argentina dejó de autorizar los vuelos chárter a las islas hasta tanto se aceptara que una compañía de bandera nacional pudiera unir el continente con las Malvinas. Y así se dañó la temporada turística de cruceros que llegan al archipiélago. Pero hubo otros «desencuentros» que enrarecieron la relación.

Según La Nación, «la mayoría de los pronósticos indica que el virtual diálogo de sordos seguirá invariable por lo menos hasta fin de año, cuando los políticos argentinos y los isleños hayan sorteado las elecciones programadas para octubre y noviembre, respectivamente». Pero eso es epidérmico.

El asunto es si las confirmaciones históricas que ponen incluso en tela de juicio la ocupación de las islas en 1833, descongela la renuencia de Londres a acatar la recomendación anual del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas de discutir en paz la soberanía de las Malvinas, en virtud de la falta de voluntad de los isleños. Una excusa recurrente.

¿Qué otra novedad, digamos, queda sobre el tapete?: la posibilidad de que haya efectivamente oro negro. El gobierno británico ha decidido permitir la exploración, y acaso la explotación, de petróleo y de gas en las islas en tiempos de escasez. La Argentina debe ser consultada si se licitan áreas, pero por ahora metió presión en donde más quiso que doliera: el bolsillo. ¿Cómo? Puso como condición que los vuelos chárter hacia las islas que surquen su territorio sean de bandera nacional, lo cual ocasionó perjuicios económicos en las Malvinas.

Los vuelos están ligados a actos humanitarios, pero también a que haya seguridades jurídicas para potenciales inversores petroleros en una zona difícil de por sí para explotar. *

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