1,2 millones de niños haitianos víctimas, de la violencia y los desastres naturales

Vivir un día más en Haití es una trágica aventura

Haití se encuentra en una compleja emergencia humanitaria que no es frecuente en las Américas. Es el país más pobre en el hemisferio occidental. Sus indicadores de pobreza y salud son equiparables a los de los países africanos más olvidados, pese a que dista sólo una hora de vuelo de los Estados Unidos. El tiempo parece que se detuvo en esa tierra de montañas bañadas por las aguas del Caribe. La mayoría de los haitianos sólo conocen desastres naturales, revueltas armadas y muerte.

Los desordenes civiles y la violencia que cobraron fuerza en febrero de 2004, y que culminaron con el exilio del presidente Jean Bertrand Aristide, siguen poniendo en peligro las vidas de los 1,2 millones de niños y niñas, que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ya consideraba vulnerables antes de que estallara el nuevo conflicto.

«Allí donde se produce una crisis política, los primeros afectados son los niños. Esto, desafortunadamente, es universal. La razón por la que esto ocurre es porque toda la infraestructura social se desploma, y eso es precisamente lo que ocurrió, por ejemplo, en la ciudad de Gonaives», dijo Françoise Gruloos Ackerman, la representante del Unicef en Haití.

La falta de infraestructura es evidente en todo el país. Los servicios no funcionan. Hay constantes apagones, el agua está contaminada incluso a unos 70 metros de profundidad y las prestaciones que debería asegurar el Estado casi no existen.

El Unicef tiene un numeroso equipo de su personal en Gonaives. Esta ciudad de la costa norte de Haití ha sido un hervidero de conflictos políticos desde mediados de la década de 1980. Muchas pandillas operaban allí.

A Gonaives le tocó la peor parte de las inundaciones y deslaves del año pasado. El desastre natural dejó unos 3.000 muertos y millonarios destrozos.

En esa zona trabajaron las tropas del Batallón Uruguay I de la Minustah, para ayudar a los efectivos argentinos que se encontraban desbordados por la magnitud del desastre.

Reparto de alimentos, evacuación de los damnificados, atención sanitaria y la reconstrucción de parte de la infraestructura, fueron algunas de las tareas más humanitarias de los soldados uruguayos.

Ackerman describe el círculo vicioso que desgarró el tejido social de esa ciudad. «Los centros de salud tuvieron que cerrar debido a la inseguridad. La mayoría de las escuelas también cerraron  muchas de ella durante meses  y las pocas que permanecieron abiertas fueron atacadas por miembros de bandas armadas, lo cual constituía una amenaza para los niños. La población civil no se atrevía a salir de sus casas. Esto afectaba sus ingresos, lo que a su vez afectaba a los niños».

 

Linchamientos,  gente quemada, decapitados

El Unicef, con la ayuda de la Universidad de Haití, ha llevado a cabo una investigación para tener una mejor comprensión de la medida en que el actual conflicto político ha afectado a los niños y niñas.

La representante internacional asegura que los resultados mostraban que una abrumadora mayoría de menores de edad estaba profundamente marcada por la violencia. «Todos los niños están afectados por la violencia de un modo u otro, ya sea por oír ciertos relatos, o por presenciarlos de primera mano, participando en ellos o siendo sus víctimas. Este descubrimiento produjo una conmoción tanto en Haití como en la Unicef».

Linchamientos, gente quemada, decapitados o personas literalmente aplastados, fueron algunas de las consecuencias de los enfrentamientos entre facciones armadas. La política y el delito van de la mano.

Según la organización de defensa de los derechos humanos RNDDH, más de un millar de personas fueron asesinadas a balazos en Haití entre setiembre de 2004 y mayo de 2005.

La RNDDH adjudica los actos de violencia a partidarios armados del ex presidente Jean Bertrand Aristide, a antiguos militares y a miembros del Frente de Resistencia de Gonaives (noreste), que contribuyeron a la caída del ex mandatario.

El efecto generalizado de la violencia en los niños se ha convertido en la primera prioridad del Unicef, y la organización ha intensificado sus iniciativas psicológicas para ayudar a los niños traumatizados.

El gobierno haitiano transitorio ha acogido con beneplácito la redacción de un Código Nacional de la Infancia como un elemento importante en el establecimiento de un ambiente protegido para los niños y niñas.

En Haití se han olvidado de las necesidades psicológicas de los menores de edad, y el Unicef cree que concientizar a la población sobre el alcance de este problema representa un nuevo punto de partida decisivo para el futuro del país, especialmente en el presente clima de inestabilidad política.

A medida que ha escalado la violencia, ha resultado cada vez más difícil para los niños y las niñas asistir a la escuela, recibir atención médica y encontrar alimentos y refugio.

Los niños, y especialmente las niñas, que viven o trabajan en las calles de los centros urbanos corren un riesgo muy concreto en esta volátil crisis, dicen los informes de organizaciones internacionales humanitarias.

Los estudios indican que la asistencia a la escuela se ha reducido gravemente en algunas de las zonas debido a que las carreteras son peligrosas, no hay mucha seguridad en las escuelas y el servicio de transporte está interrumpido en muchos puntos.

 

Una historia violenta

La violencia política ha sacudido a Haití durante la mayor parte de su historia. En el contexto de una inestabilidad económica y política extremas, la vulnerabilidad de los niños, las niñas y las mujeres ha aumentado constantemente a lo largo de los años.

Un símbolo visible del fracaso de la asistencia y el deterioro de la gobernabilidad fueron las multitudes de haitianos que se embarcaron en botes para huir de la represión y la miseria a comienzos del decenio de 1990. En ese período, más de un millón de haitianos se marcharon del país y desde entonces, otro millón de haitianos ha abandonado sus comunidades rurales, para radicarse hacinados en las ciudades.

Incluso antes de la última crisis política del año pasado, la situación de la niñez de Haití era una de las peores del mundo.

Más de uno de cada 10 niños haitianos moría antes de cumplir cinco años. Más de 200.000 han perdido a uno o a ambos progenitores debido al sida. Alrededor de un 3,2% a un 6,7% de todas las mujeres de 15 a 24 años viven con VIH/SIDA.

Solamente la cuarta parte de las embarazadas disponen de atención prenatal y del parto por personal calificado.

Además, alrededor de 5.000 bebés nacen todos los años con VIH, y la mortalidad derivada de la maternidad se encuentra también entre las más elevadas del mundo.

Más de una quinta parte de los niños y las niñas de Haití tienen bajo peso al nacer y solamente la mitad de la población infantil recibe vacunas sistemáticas.

Casi un 40% de los menores de cinco años sufre infecciones agudas de las vías respiratorias.

Cerca de la mitad de los niños y niñas no acudían a la escuela primaria, y un 80% no tenía acceso a la escuela secundaria. El país tiene la tasa de analfabetismo más elevada de las Américas, más del 55%.

En promedio, los campesinos pobres destinan 13% de sus recursos a gastos escolares. Solamente un uniforme escolar les cuesta más de tres semanas de salario, en caso de tenerlo. Pero suelen recibir muy poco a cambio de su inversión, puesto que las escuelas, privadas y públicas, están hacinadas y carecen de instalaciones.

El gasto mayor de las familias, después de la educación, es la salud. No obstante, muchos niños
siguen perdiendo la vida a causa de enfermedades fácilmente prevenibles como las diarreas.

Dos terceras partes de todos los niños no están completamente inmunizados y casi la mitad de los menores de cinco años padecen alguna forma de malnutrición.

La desnutrición crónica afecta a 42% de los niños menores de cinco años y las enfermedades prevenibles causan la muerte de 20% de los menores de cinco años.

Un litro de leche cuesta unos tres dólares y no siempre se consigue. Un paquete de fideos cuesta un poco más de 10 dólares.

Hay pollos congelados de 2 kilos por 8 dólares y carne picada por un dólar el kilo. Una botella de agua 2 dólares. Un paquete de tres manzanas unos 3 dólares y una botella de aceite más de 2 dólares. Eso claro para los pocos que tienen acceso al dinero y a los supermercados, como el Caribbean, en Petion Ville, en una de las zonas de residencias amuralladas.

El resto hace sus compras en improvisadas ferias en donde los productos y los olores son incalificables, y casi siempre están a lado de basurales o aguas servidas putrefactas.

Según las cifras de Naciones Unidas (ONU), el 76% de los haitianos vive con menos de dos dólares al día, y de ellos 55% dispone de menos de un dólar diario.

Haití es el país más pobre del continente americano y ocupa el lugar 153 de un total de 177 de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

La crisis no ha terminado. Para los haitianos  que mueren promedialmente a los 50 años  vivir un día más es una trágica aventura en pleno siglo XXI. *

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