No está cerrado un acuerdo Kirchner-Duhalde

El largo camino contra la impunidad

En estos casos, no refrendará el Presidente su cancelación porque la idea es que la Justicia, que en todo caso será la que tome las decisiones, la que actúe. Sería difícil la derogación parlamentaria.

La historia juzgará a los impulsores de esas dos medidas que afianzaban la impunidad. En ambos casos, tanto Raúl Alfonsín como su sucesor sufrieron el acoso de los militares y podrá aceptarse o no cuanto de esa presión ponía realmente en riesgo la estabilidad de la Constitución Nacional. Lo real es que al ceder al poder de la fuerza, destrozaron la confianza ciudadana en la Justicia y podría tomarse como otro hito de descrédito de las instituciones, duras con los débiles, reverencial con los poderosos y ladeada hacia los intereses del establishment.

Otra mal caso reciente: 15 procesados por duros sucesos frente a la Legislatura porteña hace casi un año cuando se debatían disposiciones para la seguridad de la Ciudad, deberán seguir presos hasta el juicio oral porque otra vez se les negó la excarcelación. Esa generosidad que otros tribunales han tenido con una acusada de robo como María Julia Alsogaray y otro, con carátula de 193 muertos sobre sus espaldas por la tragedia de una disco, el empresario Omar Chabán, pueden aguardar su juzgamiento en sus casas.

Pero Alfonsín en su momento reclamó procesar a los responsables del terrorismo de Estado y los tribunales de la Constitución los sancionaron. Y Menem, que los indultó en nombre de la pacificación, fue quien debilitó brutalmente a las FFAA cortándole el presupuesto, anuló el servicio militar obligatorio y cubrió con su poder al entonces jefe del Ejército, teniente general Martín Balza, en una autocrítica memorable contra los horrores perpetrados por la dictadura.

Lo mismo ocurrió desde las entrañas del Poder Judicial desprestigiado con el sudor de su frente. Por impulso de las asociaciones defensoras de derechos humanos y la sabiduría de sus letrados, mención especial merece en estas historias, el abogado Alberto Pedroncini, quien encontró la rendija para procesar a los que apañaron la apropiación de bebés en cautiverio. Jorge Videla está preso por ese expediente, pese a que Menem lo indultó por otros crímenes atroces.

Hay una saga de pronunciamientos de jueces federales, movilizaciones no sólo los 24 de Marzo, fecha emblemática sin par, esfuerzos de parlamentarios de izquierda pero no sólo ellos, un mundo que reclamaba justicia con el español Baltazar Garzón en primera línea, leyes internacionales. La carta magna de 1994, pese a que fue pensada para que Menem fuera reelecto, incorporó por la presión de los radicales y el entonces Frente Grande la preeminencia de los tratados internacionales sobre derechos humanos, claves en la decisión actual de los Supremos.

 

Nada llegó súbitamente

Lo decidido por ellos tiene una historia previa, no hay dueños ni hegemonías en esta batalla contra la impunidad, aunque hay que reconocerle a Néstor Kirchner haberle otorgado desde su lugar actual todo el peso político para que las inconstitucionalidades y los inminentes procesos a los violadores de derechos humanos hayan sido finalmente posible.

Todo cambia, hasta las FFAA donde hay una nueva generación que nada tuvo que ver con el pasado de horror, a quien, si se termina por castigar a sus responsables, las reencontrarán con la sociedad. En este sentido, el aporte del Presidente a la pacificación tiene la legitimidad que se base en verdad y justicia. Se reclamará ahora a los militares la precisión de dónde están los miles de desaparecidos, para que sus familiares puedan finalmente hacer su duelo. Y habrá acción psicológica corporativa de los retirados que con el fallo de los supremos, ellos y sus aliados civiles (que no fueron escasos) han recibido un golpe mortal.

Mal «negocio» para los líderes de la centro-derecha el objetar las decisiones judiciales en nombre de la continuidad jurídica. Era inevitable que pensaran más en contratos y negocios, que no están en riesgo, que en vidas humanas, es la ley del conservadurismo.

Al contrario, la Argentina que se ha colocado en el tropel de países civilizados con lo decidido, puede exhibir una Corte independiente que ofrece como ninguna desde hace mucho tiempo, seguridad jurídica. Desde sectores derechistas se le ha objetado antes que desmontara leyes antiobreras- la de accidentes de trabajo- como prueba de inseguridad.

Desde el 1 de setiembre habrá otra vacante en la Corte por la renuncia de Augusto Belluscio de uno de sus integrantes por cumplir 75 años, una disposición constitucional que obliga a ello aunque otro, Carlos Fayt, el más anciano del cuerpo, se niega a dar ese paso. Sea porque la biología puede tocar sus campanas o sea por que el Senado Nacional finalmente le inicia el juicio político contra el último menemista, Antonio Boggiano, puede ser que uno, dos y hasta tres vacantes deban ser cubiertas por Kirchner. Se daría el caso que un solo Presidente designaría a siete de los nueve integrantes de la Corte.

Por lo pronto para la primavera deberá poner a consulta el reemplazante de Belluscio. ¿Se tendrá en cuenta como hasta ahora las calidades del candidato o se pensará en mantener alguna cuota radical (el renunciante viene de ese lado) o sobre que supone el futuro supremo acerca de decisiones que el gobierno aguarda, como que asuma jerarquía constitucional la pesificación que es alfa y omega del sistema económico actual, que reemplazo a la dolarización?.

En su actual composición, Kirchner no obtendría una sentencia contundente, suponer que no lo tendrá en cuenta cuando ponga a caminar por la pasarela a los pretendientes, parece ingenuo.

 

No hay reforma política

Kirchner quiere apoyo aluvional de sufragios en octubre, para cuando se renueve la mitad de la cámara baja y un tercio de la alta y es de primera importancia saber si finalmente el peronismo bonaerense irá unido o dividido, porque si será está la opción, por menos votos que saquen los amigos de Eduardo Duhalde serán suficientes como para amargar al Presidente. No es un dato menor que en otros dos grandes distritos, la Capital Federal y Santa Fe, podría vencer la oposición en alguna de sus variantes. Lo del plebiscito está entre brumas.

Sobre esta realidad, se supone que en los días que faltan hasta el 8 de julio, fecha final de inscripción de candidatos, la posibilidad de un acuerdo no este cerrado, pese a los pasos que cada parte ha estado dando, elevando la apuesta de manera que, al menos en el duhaldismo, coincidir no signifique una rendición incondicional.

Vayamos por parte: ¿privilegiará el Presidente lo votos o exhibir que derrotó en su bastión al jefe de lo que se considera expresión de la «vieja política»? La respuesta al interrogante la conduce el hilo de Ariadna.

Para la claridad de la política, lo mejor sería la segunda opción, pero hay que saber que dentro del kirchnerismo hay más ex duhaldistas que una generación renovada, y si bien casa nueva no solo se construye con ladrillos flamantes es dudoso que tenga a los súbitamente convertidos como incondicionales.

Además, el gobierno no ha dado un solo paso para iniciar la reforma política, que requiere disposiciones clara como quien paga las campañas electorales y cuanto se puede gastar en mostrar bondades. Era, la de octubre, una excelente oportunidad para incorporar el voto electrónico que es que puede darle un golpe franco a los aparatos políticos que se sostienen del clientelismo, dato que por extensión lleva muchos lados, desde los más corruptos, hasta como se manejan los subsidios sociales.

Kirchner lograría un relevo importante pero no una renovación política
y esta es la cuestión pendiente. Una lectura entusiasta indicaría que el Presidente no pierde los objetivos de renovación y reforma sino que construye con lo que tiene a mano, sin dar simultáneamente todos los pasos.

 

Un encuentro sugestivo

Duhalde estuvo el jueves con el ministro de Economía, Roberto Lavagna en visita muy publicitada como si quisieran remitir un mensaje en favor del acuerdo. El ministro es acaso el más respetado de los miembros del gabinete nacional de los pocos que puede discutir mano a mano con el Presidente pero no es mediador.

Como también es un obsesionado por la gobernabilidad, necesidad obvia que está cuestionada en la Legislatura bonaerense porque el gobernador Felipe Solá juega para Kirchner y los legisladores peronistas en gran parte para Duhalde quiere un solución acordada.

De hecho, aunque es arbitrario sostener que Lavagna es funcional al acuerdo menos doloroso para Duhalde, los hechos demostrarán cuanto peso ha tenido ese encuentro. Cuesta pensar que el Presidente no haya conocido de antemano de su realización aunque se organizó inopinadamente.

Sin reforma política, con realinamientos mixturados, hay una campaña electoral que está lanzada pese a que la ley otorga solo 60 días antes de la elección su concreción. Digamos que se está en aprontes, pero ya despunta una violencia verbal que no presagia nada bueno. No viene solo desde un sector incluido el gobierno: palabras duras lanza Elisa Carrió, ha dicho que el Presidente es casi el Duce en barbecho y que por eso hay que infligirle un traspié en las urnas y Ricardo López Murphy no le va en zaga.

El líder de la derecha ha sido hostigado por organizaciones muy raras de «piqueteros» que se dicen nacionalistas kirchneristas críticos. No debería quedar impune este episodio cuando terminar con ella es la meta proclamada. Flaco favor este de victimizar a la derecha, acaso porque algunos supongan que es beneficioso tenerla como adversario. *

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