Se podría agravar el escepticismo de sus ciudadanos

Dividida y sin rumbo, Europa vive su hora más difícil

«¿Queremos un mercado dotado de algunos instrumentos (de regulación) o una unión política con todo lo que eso tiene de importante, un lugar donde existe una solidaridad entre el débil y el fuerte?», se preguntó el canciller alemán Gerhard Schroeder, al definir con crudeza los dos campos en los que quedó dividida Europa tras la cumbre de Bruselas.

«Hay dos concepciones de Europa. Lo sabía desde hace mucho y presentía que un día este debate estallaría», resumió por su parte el presidente en ejercicio de la UE, el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, en la conferencia de prensa que constató la crisis profunda que afecta al bloque.

Tras dos días de maratónicas y tensas negociaciones en una cumbre que tenía como misión sacar a Europa de la parálisis en la que se hundió por el rechazo franco-holandés a la Constitución, la UE parece salir de Bruselas en un punto de inflexión de su historia.

Sin medir riesgos, el primer ministro británico Tony Blair, acusado de ser el gran responsable del fracaso por su negativa a ceder en la cuestión del «cheque británico», se ha decidido a encabezar una corriente de «renovación», liberal y «modernista», a la que podrían sumarse Holanda, los países escandinavos y, quizás, los nuevos miembros del Este.

Del otro lado quedó un debilitado tándem franco-alemán, acompañado por la mayoría de la Vieja Europa. La posición de España, que sorprendentemente acompañó a Gran Bretaña en el rechazo del presupuesto, es por lo pronto incierta.

Quienes tienen una mirada pesimista, como Juncker, afirmaron en la madrugada del sábado que Europa podría comenzar un proceso de «debilitamiento» que será «lento e imperceptible». «Los otros se darán cuenta más rápido que nosotros», agregó.

A la inversa, Blair, que el 1 de julio tomará las riendas de la UE por seis meses, se presentó ante la prensa sin remordimientos y habló de la llegada de «un momento de renovación», en el que Europa deberá «cambiar de velocidad para adaptarse al mundo».

El ministro británico de Relaciones Exteriores Jack Straw metió aún más el dedo en la llaga, al describir ayer sábado una Europa «dividida» entre dos direcciones a seguir, la del futuro y la del «pasado». *

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