El socialista Zamora no hace alianzas con izquierda
Zamora sostiene que si ser de izquierda es sostener los criterios de los partidos que se incluyen en esa veta, él no lo es, así que a otra cosa. Las encuestas conocidas estos días para el distrito porteño, de éste se trata precisamente, le otorgan al «socialista autogestionario», la posibilidad de seguir con su banca.
La tragedia de AyL es su escasa capacidad de mantener cohesión interna. Teóricamente, su bancada nacional debía constar de cinco legisladores, pero son solo dos ahora porque hubo divisiones no explicadas como corresponde a los que los votaron. Y en la Legislatura porteña una interesante bancada de ocho diputados se ha fracturado en cuatro bloques diferentes sin que nadie sepa por qué, salvo acusaciones basadas en enfrentamientos personales.
Zamora está muy cerca del pensamiento de «contrapoder» que formula John Holloway, pero no mucho del análisis contemporáneo de los autores de «Imperio», Antonio Negri o Michael Hardt. Para el diputado nada se gana con intentar «tomar el poder», o «conquistar el poder del Estado», porque tal estrategia ha fracasado rotundamente.
Lo que se requiere es, entonces, la construcción de un «antipoder», es decir, de un nuevo entramado social en donde las relaciones de poder sean un doloroso recuerdo del pasado.
Así las cosas, la definición de Zamora sepulta los intentos «unitarios» del universo marxista-leninista, o marxista a secas cuando no troskista, tendencia está muy fragmentada a la vez, ni incluso atrae a otros admiradores de Holloway sobre todo en el sector de los piqueteros Movimiento de Trabajadores Desocupados «Aníbal Verón» aunque el arrastre de este grupo se observa al sur del Gran Buenos Aires.
Las propuestas de unidad han sido varias. El Partido Obrero impulsó la realización de «internas abiertas» pero aclarando que el frente que buscaban debía ser de izquierda pura, nada de aliados progresistas que, suponen, sólo disfrazan al sistema.
La Izquierda Unida no se amplía
El Partido Comunista parece que deberá conformarse a continuar con la Izquierda Unida donde se ubica junto al troskista Movimiento de Trabajadores Socialistas, muy estrecho en ampliar al espacio. El PCA está en el universo que promueve junto a socialistas, la Central de Trabajadores Argentinos o el movimiento cooperativo, conocido como el Grupo Rosario, por el lugar donde nación el año pasado, pero ese intento de convertirse en alternativa no está maduro para estos comicios.
Los socialistas, por caso, lideran el distrito santafesino con 16 puntos de diferencia sobre el peronismo tanto por haber establecido una alianza con los radicales de esa provincia como por el prestigio de quien encabezará los pretendientes a diputados nacionales, Hermes Bienner, dos veces alcalde de Rosario.
En la propia Capital Federal el socialismo, debilitado y con disidencias sobre quien encabezará la lista de candidatos, aparece con aspiraciones en las encuestas. Pero Zamora, aún con las disidencias señaladas, puede recoger el 10% de los votos, una situación notable ya que su labor como legislador no es destacada, pero parece recoger el fastidio de un segmento de los porteños, aun de capas acomodadas por lo que se conoce «la clase política».
Con todo, siguen conversaciones especialmente de los comunistas con ex legisladores que finalizan su mandato y desean regresar a la Cámara baja que son parte de la llamada «izquierda nacional».
Al menos el distrito porteño se presenta difícil para la izquierda histórica. Por caso, renovar su banca de diputada nacional a Patricia Walsh, casi seguro candidata de Izquierda Unida, requeriría no menos de 130 mil votos.
En la provincia de Buenos Aires, la IU podría ir, no es sencillo, en alianza con el Partido Socialista. En general, la izquierda es fuerte en los distritos del cordón de la Capital Federal, pero en el movimiento social, que no siempre se transforma en acumulación política y con ello, de votos. *
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