La izquierda argentina se une en lo social, pero no en elecciones
Pero no hay muchas diferencias en cuanto a implementar la unidad de acción como se verá el 1º de Mayo en el Día Internacional de los Trabajadores, que se convertirá una vez más en jornada de protesta, diferenciándose de los actos de los tiempos del peronismo para quienes la jornada era una de fiesta, y que será, acaso, la mayor concentración contra el gobierno de Néstor Kirchner.
Casi todos los partidos de ese universo, como el comunista, el Obrero (trosquista), el Partido Comunista Revolucionario, diversas organizaciones que reconocen sus raíces en Vladimir Lenin y León Trotsky, más corrientes autonomistas, sumarán sus aparatos a las filas del mundo piquetero «duro», que no tiene una sola corriente, hay divisiones por distintas visiones sobre el momento actual, pero no en cuanto a criticar, con más o menos fuerzas a la política económica del gobierno nacional.
No solo esa orientación: están mal dispuestos con la política externa que la observan como pronorteamericana. De paso, digamos, que en general en ese espacio, lo mismo dicen de Lula aunque aún no de Tabaré Vázquez, pero algunos como el Partido Obrero, sí.
Hay bronca por lo que consideran una escalada de la judicialización de la protesta social. Consideran «presos políticos» a los procesados por acusaciones de intervenir en actos de violencia: «las pruebas han sido fraguadas por la policía», sostienen sus letrados (y algunos de los encausados) de aquellos juzgados por hechos sucedidos frente a la Legislatura porteña el año pasado que derivó en destrozos graves al edificio y presencia policial fuerte, que desde entonces, cubre las calles cuando hay manifestaciones de la izquierda o de piqueteros.
Plaza de Mayo, ¿plaza de la izquierda?
Al mitin que se realizará en la Plaza de Mayo, llegan dicen en sus convocatorias–con éxitos de luchas clasistas que desbordaron a las centrales sindicales, sea la CGT o la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), aunque en este caso es más discutible esa afirmación.
Luego de un mes de deliberaciones, marchas y contramarchas, los organizadores acordaron la lectura de un documento único desde un palco que se montará de espaldas a la Casa Rosada. Los puntos principales de los reclamos serán el aumento a 1700 pesos del salario mínimo y a 350 pesos el monto de los planes sociales, la ruptura con el FMI y el rechazo al pago de la deuda externa, la libertad y el desprocesamiento de los «presos políticos», el apoyo a Cuba y a Venezuela o el repudio a la agresividad mundial de los EE.UU.
Los beneficiarios de los planes sociales cobran actualmente 150 pesos (unos 50 dólares) y el salario mínimo es de 500 pesos.
En cuanto a las metas electorales las divergencias caminan por que amplitud podrían alcanzar los Frentes. Por caso en la Izquierda Unida (IU), conformada por el Partido Comunista (PC) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), no hay acuerdo sobre los nuevos socios políticos que conformarían la fuerza electoral.
El PCA, que participó del Encuentro Nacional por la Soberanía Popular, nacido en Rosario, a fines del año pasado, como una convergencia programática, no electoral, inspira por su ampliación a caminar con otros amigos. «La izquierda argentina tiene que aprender a sumar y a multiplicar», postuló el secretario general del PC, Patricio Echegaray.
El socialista autogestionario Zamora
En el MST ven con recelo a los aliados progresistas del PCA, especialmente a desencantados de Kirchner. «Si los dirigentes de centroizquierda se atienen a nuestros preceptos está bien, pero éste tiene que ser un frente centralmente de izquierda», definió Vilma Ripoll, que en diciembre pasado entregó su banca como diputada porteña al comunista Marcos Wolman, en virtud de un acuerdo previo entre las fuerzas de la IU.
El Partido Obrero (PO), que impulso sin éxito una «interna abierta entre las fuerzas que luchan» en palabras de su líder, Jorge Altamira, «son la viuda de Kirchner» y carecen de perfil opositor.
Quién más votos en ese espacio consigue es Luis Zamora, líder de Autodeterminación y Libertad (Ayl) pero desechó una alianza de izquierda y hasta su esposa y legisladora porteña llegó a decir que el de ellos «no es un partido de izquierda» porque «la izquierda tradicional argentina es tan prehistórica que ni siquiera se enteró de que se cayó el Muro de Berlín».
Zamora debería ir por su reelección como diputado nacional ya que en diciembre finaliza su mandato de cuatro años. Sufre de diabetes aguda y ha enfrentado en tiempo récord, que el bloque de AyL de la legislatura porteña explotara en una diversidad de monobloques (se fueron seis de los ocho legisladores originales) y otro tanto sucedió en el Parlamento nacional, en medio de acusaciones por excesivo personalismo y hasta denuncias de uso discrecional del dinero del partido. Las encuestas porteñas dan a Zamora una intención de voto entre el 10 y el 12%.
Y no es menor, como se definirían candidaturas con alguna chance. En tanto, todos se encontrarán el domingo en la Plaza de Mayo, que desde hace tiempo, es lugar para la izquierda y las organizaciones defensoras de los derechos humanos. *
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