Las religiones ignoran la democracia en la elección de sus líderes
El sistema de elección del jefe de la Iglesia Católica por un máximo de 120 cardenales, que ha sido cuestionado por fieles y laicos, es tan arcaico y poco democrático como el de otras confesiones, aunque no todas las religiones tienen un líder universal.
Aislados del resto del mundo y rodeados del secreto más absoluto, 115 purpurados de menos de 80 años con derecho a voto se reunirán en Cónclave a partir del próximo lunes para elegir al sucesor de Juan Pablo II, con la ayuda del Espíritu Santo.
Al igual que su hermana mayor, los coptos de Alejandría, una de las religiones orientales vinculadas a la Iglesia Católica, tienen también su patriarca, elegido por un cuerpo electoral formado por 800 obispos y delegados laicos. Estos designan a tres candidatos de nacionalidad egipcia y luego un niño, que simboliza la mano de Dios, saca al azar de una caja el nombre del afortunado Patriarca.
La Iglesia Ortodoxa, separada de la Sede de Pedro desde 1054, se fue fragmentando a lo largo de los siglos en iglesias autónomas y, a pesar de que conservó la unidad doctrinal y de culto, perdió su unidad jurisdiccional.
Su patriarcado más importante es el de Moscú, liderado por Alexis II, Guardián del Trono de la Iglesia Ortodoxa rusa, que fue elegido en un sínodo de obispos en 1989.
Entre los anglicanos, el arzobispo de Canterbury es designado por el gobierno británico a partir de la corta lista de candidatos que le propone la propia Iglesia, y su nombramiento es firmado por la reina de Inglaterra, oficialmente su autoridad suprema.
El liberal teólogo galés Rowan Williams es desde su elección en 2002 el 104º arzobispo de Canterbury y líder espiritual de los 70 millones de fieles de esta iglesia nacida de una escisión de la Católica en el siglo XV.
Contrariamente a los cristianos, musulmanes y judíos no tienen un líder espiritual universal como el Papa, que reina sobre los fieles de esa confesión diseminados por todo el mundo, sino que su estructura es más horizontal.
Los dos grandes rabinos de Israel, Yona Metzger (asquenazí, judíos oriundos de Europa oriental) y Slomo Amar (sefardí, del Mediterráneo o de Medio Oriente), fueron elegidos en 2003 para un mandato de 10 años por unos 150 electores, entre ellos rabinos, alcaldes y parlamentarios.
Estos religiosos tienen sin embargo un poder representativo en Israel, y carecen de autoridad sobre los grandes rabinos de los otros países del mundo.
Y lo mismo ocurre con el islam, que tiene grandes muftís por ciudades y por países, sunitas o chiítas, pero no una figura aglutinadora de los por lo menos 1.600 millones de musulmanes que hay hoy en día en los cinco continentes.
Por último está el caso del jefe espiritual del budismo tibetano. El Dalai Lama, cuyo nombre significa Océano de Sabiduría, es generalmente reconocido desde niño como la reencarnación de su predecesor. Tenzin Gyatso, el décimo cuarto Dalai Lama, lidera espiritual y políticamente a los tibetanos desde 1935, los últimos 45 desde el exilio. *
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