División entre conservadores y liberales en vísperas del Cónclave
Los 115 cardenales con derecho a voto se sortearon ayer jueves las habitaciones que ocuparán desde el lunes próximo en la Casa Santa Marta, en la que se alojarán durante el Cónclave, y siguieron adelante con sus deliberaciones secretas sobre la situación de la Iglesia y del mundo.
Reunidos desde el lunes pasado en sesiones plenarias, cenas y encuentros restringidos para esbozar poco a poco el perfil ideal del nuevo Papa, muchas informaciones filtran a la prensa, ninguna oficial pero tampoco desmentida.
Según el conocido vaticanista del influyente diario italiano Corriere della Sera, Luigi Accattoli, es posible que dos cardenales importantes, por su peso intelectual y moral, se conviertan durante el Cónclave en las banderas de dos visiones diferentes de guiar la Iglesia del siglo XXI: una continuista y otra más abierta al cambio.
«Tal vez el lunes, cuando se prevé que se inicien las votaciones, Ratzinger y Martini, contra su propia voluntad, resulten los más votados», sostiene Accattoli, quien estima que el purpurado alemán, líder del sector más conservador, cuenta con unos 50 votos de los 77 indispensables para obtener la mayoría.
La posibilidad de que se imponga el poderoso Ratzinger, que cumplirá 78 años el sábado y es considerado la imagen de la continuidad y un «gran inquisidor» por su dureza contra los teólogos críticos, suscita un gran recelo entre quienes defienden una renovación dentro de las estructuras de la Iglesia católica.
«No sabe manejar la maquinaria del Vaticano, dejaría todo en manos de la Curia», sostienen además sus críticos, citados por el diario La Repubblica, quienes aseguran que el purpurado sufrirá el veto de «ocho de los once cardenales estadounidenses», y de «cinco de los seis alemanes».
Pero más que aspirar al trono de Pedro, Ratzinger podría ser el gran impulsor de otras candidaturas, como la Dionigi Tettamanzi (arzobispo de Milán), quien también goza del aprecio de Martini, o la de Angelo Scola (arzobispo de Venecia), considerados ambos seguidores del camino trazado por Juan Pablo II.
Las rivalidades internas y los vetos enfrentados forman parte de los secretos entresijos de la elección de un Papa y muchos recuerdan que justamente la división entre los italianos en el Cónclave de 1978 favoreció la elección del primer papa polaco de la historia.
Ante la perspectiva de que se imponga un nuevo pontificado conservador en asuntos doctrinales, opuesto al matrimonio de los sacerdotes y a las transformaciones sociales en materia de sexualidad, bioética y planificación familiar, un sector del Colegio Cardenalicio, que se reconoce en Martini, está dispuesto al librar la batalla de David contra Goliat.
«El cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga hizo una intervención con fuerte énfasis en la renovación del catolicismo, que causó impacto», escribió un vaticanista al reconocer la existencia de una tendencia «alternativa» a la línea de Ratzinger, apoyada por Martini.
El cardenal italiano, que tiene 78 años como Ratzinger, que se retiró hace tres años a reflexionar y meditar en Jerusalén, sufre la enfermedad de Parkinson, lo cual le deja fuera de la carrera papal pero goza de una fuerte influencia y podría ser «el impulsor» del nuevo pontífice.
En la lista de sus favoritos figura además de Tettamanzi, el primado de Bélgica, Godfried Danneels, o el arzobispo de Lisboa, el portugués José da Cruz Policarpo.
En este complejo panorama, muchos consideran que el Cónclave será más largo de lo previsto, unos cuatro días, y que ninguna sorpresa puede ser descartada antes del anuncio del esperado «habemus papam».*
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