En los últimos años Juan Pablo II respetó la Teología de la Liberación, afirman Frei Betto y Leonardo Boff

"El Papa tenía la cabeza de derecha, pero el corazón de izquierda"

Consultados por ANSA sobre el futuro del movimiento, sin embargo, agregaron que la «desconfianza» del Vaticano no desaparecerá «por encanto».

La corriente teológica latinoamericana que hizo una clara opción por los pobres, tras la conferencia de obispos de Medellín de 1968 y el Concilio Vaticano II, tuvo como fundadores a los brasileños Frei Betto y Leonardo Boff y al peruano Gustavo Gutiérrez, entre otros.

«Yo definiría a Juan Pablo II como un hombre que tenía la cabeza de derecha, pero el corazón de izquierda», dijo el dominicano Frei Betto, por teléfono desde España, donde ofrece una serie de conferencias.

«En los últimos años el Papa respetó mucho la marcha de la Teología de la Liberación», destacó el ex franciscano Leonardo Boff, condenado públicamente por la Congregación de la Fe.

«Hubo una neta evolución cuando el Papa se dio cuenta de que los países del Este europeo que se habían liberado del marxismo cayeron en la fórmula del capitalismo salvaje, del consumismo, de la pérdida de valores éticos. Se desilusionó de su Polonia, que introdujo legalmente el divorcio y se transformó en una sociedad que busca riqueza y consumo», precisó Boff desde Petrópolis, a espaldas de Rio de Janeiro.

Frei Betto sostuvo que el Papa «fue conservador en la doctrina, pero abierto, sensible y progresista en el ámbito social».

También recordó al respecto que en su primera visita a Brasil, en 1980, «rechazó el homenaje de los generales de la dictadura militar». Betto observó además un cambio reciente en el modo de pensar del Papa polaco.

«Temas que sólo la Teología de la Liberación afrontaba desde hacía 20 años, como la deuda externa, el neoliberalismo, la crítica al modelo global, en estos últimos años formaron parte de los discursos y los documentos del Papa cuando hablaba de cuestiones sociales», afirmó.

«La Humanidad está huérfana de líderes», analizó Boff, que renunció a los votos en 1992, luego de la segunda imposición de un año de «silencio» de parte del cardenal Joseph Ratzinger.

«Los jefes de hoy son belicosos como (George) Bush o burocráticos al poder, como la mayor parte de los líderes europeos, o líderes populistas sin ninguna grandeza ética y espiritual. El Papa era de estas reservas mundiales de humanidad, que gritaba por valores como la paz y el derecho, independientemente de una visión teológica restringida», opinó.

«El Papa cometió el error de confundir la Teología de la Liberación con una versión latinoamericana del marxismo», señaló Boff.

«Imaginaba que el marxismo era el gran riesgo de esta región y que la Teología de la Liberación era su caballo de Troya. Pero el error es que el marxismo jamás fue el enemigo de Latinoamérica: siempre lo fue, en cambio, el capitalismo salvaje, el neocolonialismo con sus elites insensibles y explotadoras», agregó.

Para Boff, el Papa estaba demasiado condicionado por la experiencia polaca como para entender que Latinoamérica era diferente.

«Pero en los últimos años decidió rescatar los valores éticos y humanos del socialismo», dijo Boff. «Ahora que no existía más el marxismo, el Papa percibió a la Teología de la Liberación como una forma de la Iglesia de ocuparse de los pobres. No sólo de manera paternalista, como era su primera visión. Se dio cuenta de que la Iglesia podía hacer por los pobres, a partir de los pobres. Y así comenzó a respetar el camino de la Teología de la Liberación, al no nombrar arzobispos reaccionarios ni tratando de desmontar nuestras diócesis», añadió.

Betto no está de acuerdo con quienes en la Teología de la Liberación opinan que Juan Pablo II fue un Papa «duro». «En realidad para nosotros, aquí en Latinoamérica no fue duro. Quizá fue más duro para Europa, menos vinculada a lo social y más a la doctrina», consideró Betto.

«Esta teología surgió escuchando el grito de los oprimidos. Pero hoy los pobres aumentaron y su situación empeoró. La Teología de la Liberación siguió con menos visibilidad, pero vital y articulada», dijo Betto, sobre el futuro del movimiento.

«Ahora, en un contexto de menos control y represión como todos nosotros esperamos, puede tener más visibilidad y, quizá, hasta una hegemonía en el discurso teológico pastoral en temas fundamentales de la humanidad como la paz, la justicia, la ecología y la pobreza», auguró. *

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