López Obrador hizo un llamado a la resistencia
La histórica medida votada por la Cámara de Diputados deja el caso de López Obrador, acusado de abuso de autoridad, en manos de un juez, pero la fractura política ya es irremediable, coinciden todos los analistas.
El desafuero «es lamentable por la polarización social que ha provocado, y lamentable porque puede desalentar y enrarecer a una izquierda que costó muchas décadas que entrara en el canal democrático y no revolucionario», analizó el historiador Enrique Krauze.
En la tensa jornada que vivió México el pasado jueves, cada parte se atrincheró en sus posiciones.
López Obrador no desaprovechó la ocasión y confirmó sus aspiraciones presidenciales, pero su forma de anunciarlo obligó al Partido de la Revolución Democrática (PRD) a seguirlo, sea cual sea el resultado de su vía crucis.
El alcalde anunció resueltamente que su partido adelantará la fecha de elección del candidato presidencial al 31 de julio, cuando quizás ya esté en la cárcel.
El PRD dejó entrever por su parte que el frágil diálogo con los otros dos partidos mayoritarios, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el gobernante Acción Nacional (PAN), ya pasó a la historia.
Sin embargo, todos los actores políticos de la naciente democracia mexicana coinciden en que reformas como la del Estado son esenciales, una de las graves tareas pendientes del Congreso y del gobierno del presidente Vicente Fox.
El papel de Fox es ahora más delicado que nunca.
El hombre que sacó al PRI del poder en 2000, el político sin experiencia que fue ensalzado en medios internacionales como la encarnación de la nueva democracia, es sospechoso ahora de maniobrar, o permitir que se maniobre a su alrededor, para eliminar al que podría ser su sustituto.
Finalmente, el PRI, que demuestra una y otra vez que es el pivote central de la política mexicana, está acariciando discretamente el retorno al poder, pero su papel volvió a ser, más que nunca, el del villano.
El partido que gobernó México durante siete décadas superó sus aparentes dudas y votó de forma casi unánime por el desafuero.
Sin embargo, a diferencia del conservador PAN, encuentra su legitimidad mayoritariamente en las clases populares, y ahí es donde puede chocar tarde o temprano con la ira perredista.
El mayor triunfo de López Obrador fue controlar esa indignación de sus simpatizantes, pero el interrogante es si esa «resistencia civil pacífica» resistirá a su vez la tentación de la violencia.
Al dejar el caso en manos de los jueces, que tienen unos plazos muy diferentes, la política mexicana demuestra su incapacidad para resolver una vez más sus querellas.
«El Poder Judicial tiene en sus manos ahora la gran responsabilidad de hacer justicia sin prejuicios y sin consignas y contribuir a la consolidación democrática del país», advirtió el diario El Universal en su editorial. *
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