Juraron mantener en secreto todo lo que rodea a la elección ya que corren el riesgo de ser excomulgados

Cardenales preparan el Cónclave

Los cardenales reunidos por tercera vez desde la muerte del Papa no han establecido la fecha del Cónclave y decidieron que Juan Pablo II sea sepultado en el lugar que ocupó la tumba de Juan XXIII en la cripta del Vaticano, un lugar importante, cerca de la de Pedro.

«El Papa no dejó indicaciones sobre su sepultura. Por lo tanto se decidió enterrarlo en la cripta vaticana, íntegro y bajo tierra», afirmó en una rueda de prensa el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls.

El rostro de Juan Pablo II, quien murió el sábado tras una larga agonía, será cubierto antes de su sepultura por un velo blanco de seda, tras lo cual será tendido en un ataúd de ciprés.

Una bolsa con las monedas de plata y bronce de su pontificado será colocada dentro del féretro.

El Papa no fue embalsamado, precisó el Vaticano.

La solemne misa de funeral, que se celebrará el viernes, durará tres horas y la oficiará el cardenal Joseph Ratzinger, el decano de Colegio Cardenalicio.

De los 91 cardenales presentes en Roma, sólo 88 participaron en la reunión cardenalicia de ayer martes. Según la Constitución Apostólica, el Cónclave debe comenzar entre el decimoquinto y el vigésimo día después de la muerte del Papa, es decir entre el 17 y el 22 de abril.

Por primera vez en la historia de la Iglesia, el espacio para el Cónclave, donde se elige al sucesor de Pedro, es el conjunto de la Ciudad del Vaticano.

Todos los cardenales que están llegando a Roma para participar al Cónclave para la elección de un nuevo Papa juran mantener en secreto todo lo que rodea a la elección ya que corren el riesgo de ser excomulgados. El juramento es prestado al llegar al palacio apostólico, confirmó a la AFP una fuente vaticana. En el juramento, establecido en la Constitución Apostólica promulgada por el mismo Juan Pablo II, prometen «guardar el secreto sobre todo lo relacionado de algún modo con la elección del romano pontífice y sobre todo lo que ocurre en el lugar de la elección».

Según la misma fuente, todas las personas que prestan servicio a los purpurados, desde monjas y religiosos, también juran y no pueden dar detalles sobre las reuniones. Juan Pablo II dejó un documento, una especie de «testamento espiritual», en el que podría haber disposiciones sobre el posible cardenal «in pectore».

«Si hay algo, se sabrá cuando se lea el testamento», aseguró Navarro Valls en una conferencia de prensa al término de la tercera reunión cardenalicia, celebrada este martes en el Vaticano.

Tradicionalmente si el Papa no revela en vida el nombre del cardenal in pectore o secreto, ese nombramiento deja de ser válido, pero puede pedir a su sucesor que cumpla con su deseo.

Juan Pablo II, fallecido el sábado a los 84 años, designó a un cardenal in pectore en octubre de 2003. *

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