El jefe del Pentágno dejó planteado los reclamos de EEUU
No había apuro para comunicar el respaldo al candidato de George Bush, un ultraconservador, belicista de alcurnia. Argentina no iba a modificar la lógica en estos casos a pesar de la resistencia que el tipo ha recibido en países europeos con más peso en el Banco. Contemporáneo al rush que tuvo aquí Ronald Rumsfeld, ese apoyo parece un gesto ampuloso para remarcar que con la Casa Blanca no hay contradicciones insalvables donde están absolutamente delineados los acuerdos y las diferencias.
Forman parte de la segunda fila Cuba y Venezuela donde las ópticas no son sólo distintas sino que por ahora no hay espacios para modificarlas. Sobre todo respecto de La Habana ahora que Washington promueve abiertamente (nadie quiso hacer de partenaire) una nueva moción de condena en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra. Argentina se abstendrá pese a diferencias en el caso de la médica Hilda Molina.
Kirchner y Lula no aceptan subirse al tren norteamericano contra Caracas. No gustan de la impronta que Hugo Chávez le da a su gobierno y no desean que Washington desestabilice nuevamente a Venezuela.
Venezuela y Bolivia se llevaron más del 60% del tiempo del encuentro entre Rumsfeld con su par José Pampuro, lo que exhibe cuales eran las ansiedades del viajero. Para Washington la estabilidad del presidente Carlos Mesa es crucial (y en cierto modo también para Argentina y Brasil) pero los tres no tienen las mismas razones.
Para los EEUU la imagen formal es que Bolivia es territorio bis del narcotráfico (Colombia, claro es el primero), pero está en el hinterland sudamericano donde si pierde control o influencia, pondría en jaque su estrategia regional. A los grandes sudamericanos les obsesiona la idea de la balcanización del Altiplano. La gran pregunta es si la política petrolera de Mesa garantiza o no la estabilidad. Pero para que Argentina y Brasil puedan cumplir un papel estabilizador positivo, que es lo que además le pide Washington con sus prismáticos, requiere rebanarles las apetencias a la British Petroleum, a Repsol, pero también a Petrobrás, que cada cual con su matiz, le niegan a Bolivia usufructuar sus escasas riquezas, vía contratos leoninos firmados por Sánchez de Lozada.
El gas tan deseado
`Argentina necesita para sus necesidades y compromisos energéticos con Chile del gas de Bolivia y la estabilidad del Altiplano se lo garantiza. También a Brasil, que paga menos por el hidrocarburo que aquí; la diferencia radica en que Petrobrás (que es estatal) pone trabas en la rueda para que se apruebe una Ley de Hidrocarburos realista.
Evo Morales, el líder del Movimiento Al Socialismo, casi casi colocado en el «Eje del Mal» de Bush, no pide las estatización del oro negro y afines ni necesita para intentar llegar al Palacio del Quemado, impulsar la caída de la actual institucionalidad que no es representativa. Pero es lo que hay.
Pampuro no ha ido en estas cuestiones más allá de lo que ocurre . El encuentro fue monitoreado con telefonazos, por Kirchner, incluso mientras los ministros de Defensa estaban reunidos: «no le des demasiada chapa», le aconsejó, socarronamente. Ya se sabe que Kirchner salió de Buenos Aires horas antes de la llegada del jefe del Pentágono, pero Lula lo aguardó en Brasilia: ¿quién de los dos fue más inteligente en el largo plazo?.
Sigamos con Rumsfeld. Otra de sus obsesiones son las inmunidades a las tropas norteamericanas para las maniobras conjuntas USA-Mercosur. No se avanzó más allá de los buenos deseos diplomáticos de Pampuro, no por ser un opositor a esos ejercicios sino a las limitaciones que en la cuestión ha puesto la vida (existencia del Tratado de Roma que impide excepciones como las reclamadas) y una ley. Con todo, el 31 en Washington, Condolezza Rice le insistirá al canciller Rafael Bielsa avanzar en una manera bilateral.
De ninguna manera Kirchner planteará el debate que se debe: si son razonables ejercicios militares con una potencia que mira al mundo como su condominio; seguirá también negociando sin confrontar.
Acaso el viajero puso su pica en Flandes con los acuerdos tecnológicos suscritos. Por un lado, levantan la veda que EE.UU. impuso a la Argentina, y que Carlos Menem aceptó, a investigaciones de cierta sofisticación en el terreno balístico. Menem en vida de las relaciones carnales hundió no solo el misil Cóndor, sino casi toda investigación en la materia. La novedad es que los institutos tecnológicos locales, que han avanzado mucho en diferentes áreas, entre ellas, la de la construcción de radares 3D, serán asociados a compañías norteamericanas por eso de la colaboración mutua, con lo cual EE.UU. monitoreará o acotará si puede a su favor sus planes de radarización del país.
El canje se enredó y Lavagna juega fuerte
Las charlas en alto exhiben una política de presión sobre Argentina.
La voz oficial difundida es marcar que las relaciones bilaterales se afianzan y acaso si existen matices respecto de mayor autonomía relativa que en el pasado, eso tenga que ver con esa marcación a full y novedades respecto al futuro de la deuda externa y las relación con el FMI.
El canje se enredó con un embargo de un fondo buitre sobre bonos nuevos por 7 mil millones de dólares que de prosperar, puede frenar el inicio de los pagos de los nuevos papeles a partir del primero de abril. El caso está instalado en un juzgado de Nueva York y no será el último dado los 20 mil millones que quedaron fuera del canje.
El conocimiento del tema acaso alumbre mejor porque el FMI dijo que no pedía que se reabriera el canje para aquellos tenedores de bonos que no entraron en la operación y juntan 20 mil millones de dólares. Se supone que el Fondo sabía que estaba ocurriendo en los tribunales neoyorquinos, como lo sabían en Economía y enviaban datos distorsionados o negándolos. ¿Por qué?
¿Informó tempranamente Roberto Lavagna de la mala nueva a Kirchner?
Sería bueno que se conociera ya que el ministro se puso el casco de guerra para afirmar su poder.
Por lo pronto, ya no oculta sus desacuerdos con el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, un amigo de la intimidad de Kirchner, por alentar la conjunción entre empresarios y CGT por acordar una política salarial sobre la base de la inflación.
Lavagna no solo se opuso con rigor a ese entendimiento, sino que por la prensa externa hizo saber que los pimpollos de inflación derivarían en híper si se aceptaban aumentos salariales desligados de la productividad pero también que es opositor a cualquier nacionalización de empresas de servicios públicos que amenazan con irse del país sino se le resuelven positivamente sus reclamos de mayores tarifas.
En esta puja, Lavagna recibió el respaldo de Eduardo Duhalde, que no es neutral: él tiene una dura pelea por su futuro y la de los suyos en la provincia de Buenos Aires donde Kirchner, en un difícil equilibrio tiene el corazón al lado del gobernador Felipe Solá el challenger del viejo caudillo.
No tiene necesariamente que relacionarse líos en el peronismo con salarios, pero Lavagna ha lanzado un reto que demanda un apoyo explícito del Presidente.
Demostrará hasta donde el ministro puede. Algo es verdad: lo que Kirchner detesta es que la pequeña inflación se desmadre.
Precios e ingresos, y los dos relacionados con las tarifas de los servicios públicos es un puzzle difícil, sobre todo en momentos de inflación incipiente y un año electoral donde Kirchner quiere salir plebiscitado.
La candidatura de Cristina Fernández y la crisis del peronismo
Como casi siempre, la gran cuestión no es la oposición, de cualquier color o matiz, sino el propio justicial
ismo, más concretamente en de la provincia de Buenos Aires.
La crisis en su seno que puede leerse como entre renovadores y conservadores, Solá en la primera columna y en la otra Duhalde, o, como suponen en sectores de la oposición, la puja por «la caja» es decir plata para el control del aparato partidario, ya estalla con el anuncio del gobernador de que no descarta que en las elecciones de octubre, unos y otros vayan con listas separadas.
O es un bluff de Solá para mejorar su posicionamiento en tiempos inevitables de confección de las listas de candidatos donde hace tiempo negocian por cuerda separada Kirchner y Duhalde a nivel de vicarios o se está avanzando a un esquema donde el peronismo bonaerense será a la vez oficialismo y oposición, que le puede dar para quedarse con las tres bancas al Senado Nacional en juego y la mayoría de los 36 diputados nacionales.
Dicen que en la Semana Santa y de relax en Santa Cruz, Kirchner y su esposa con las personas del núcleo más duro que acompaña al Presidente acordaron que Cristina Fernández será candidata a senadora nacional con un acompañante a determinar por las listas de Duhalde y de Sola y que de allí para abajo, cada uno pondrá los candidatos que desea para todos los otros cargos, nacionales, provinciales y comunales.
Las encuestas dan a la esposa del Presidente una mayoría abrumadora y con este procedimiento de lista única para senadores únicamente, Kirchner lograría porcentajes que terminarían con el enigma de su representatividad real, mantendría sus acuerdos de gobernabilidad con Duhalde en un nuevo nivel más favorable.
Así podría incorporar a las listas de Solá a personas de su confianza pensadas para cuando soñaba con una renovación seria de su base de sustentación por medio de la «transversalidad» o sea, una especie de Frente de centro-izquierda que ahora apenas podrá quedar diluido en una de las ramas del peronismo si las cosas van definitivamente a la división fáctica.
Pero octubre todavía es un mes lejano para las pautas criollas. *
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