El Cónclave de los príncipes de la Iglesia
El documento público «Constitución apostólica Universi dominici gregis» indica cómo debe ser organizado el Cónclave, es decir la reunión de cardenales, encargados de elegir al sucesor de Juan Pablo II.
Hasta el último Cónclave de 1978, los príncipes de la Iglesia eran instalados en el palacio apostólico en condiciones muy poco confortables. Razón por la cual fue renovado una residencia vaticana, la Casa Santa Marta, con todas las comodidades de un hotel.
Las cardenales permanecen encerrados 15 días mínimo o 20 días máximo después de la muerte de un Papa.
Pasan en cortejo de la Capilla Paulina a la Capilla Sixtina y enseguida las puertas son cerradas y las llaves guardadas, con toda pompa
Debido al rápido desarrollo de la tecnologías, las disposiciones subrayan que los cardenales no podrán durante el Cónclave comunicar ni siquiera «telefónicamente» con el exterior.
El secreto debe ser absoluto, aunque luego, como sucedió con la designación de otros Papas, se supo como fue la votación que ungió al sucesor de Pedro.
Ante algunas versiones de la renuncia de Juan Pablo II, historiadores vaticanos recordaron que el Papa Clemente XII, siguió reinando pese a que se quedó ciego.
Recientemente el pontífice le pidió a los cardenales que recen por él para que pueda seguir al frente de la Iglesia Católica, «hasta que Dios quiera».
«El tiempo de las palabras se acabó. Ahora hay que escuchar lo silencios del Papa», dijo a la prensa uno de sus amigos y consejeros, el religioso polaco Tadeusz Styczen. *
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