Iglesia y Vaticano hostigan a Kirchner
Como son días de homilías y manifestaciones religiosas, la atención está puesta sobre todo en la actitud del obispo Antonio Baseotto, a quien Néstor Kirchner le retiró de la titularidad de la Vicaría castrense por haber reclamado para el ministro de Salud, Ginés González García, que quiere se adopten medidas sobre el aborto, la suerte de los detenidos-desaparecidos en los años del terror que fueron arrojados al mar desde aviones militares.
La medida gubernamental fue rechazada por el vocero de Juan Pablo II, Joaquín Navarro Valls, ex periodista y hombre del Opus Dei, quien además aseguró que si le impidieran a Baseotto el ejercicio de su ministerio se podría considerar como «una violación a la libertad religiosa».
Como era de esperar, el Episcopado se sumó a la crítica, aunque de manera menos drástica, porque la mayoría de sus integrantes no comulga con Baseotto, que es además un conocido antisemita.
Con todo, de hecho lo ha rodeado, aunque no fuera con afecto, desde que hace semanas estalló este escándalo.
Si no se encuentra una manera de bajar los decibeles o revertir la escalada, no sería inimaginable que Kirchner –que quisiera ponerle paños fríos al asunto– se decida finalmente por denunciar el Concordato que faculta al Vaticano injerencia en la designación del obispo que atiende el alma de las FFAA y que cada uno de sus integrantes si quiere rezar lo haga con los sacerdotes de su jurisdicción.
Vaticano rechaza una decisión legal de Kirchner
La decisión del Ejecutivo ha sido legal. Con un decreto en 2000 lo habilitó al obispo amenazador; con otro, lo sacó del cargo. Para llenarlo, el Vaticano deberá pedir por otro religioso.
Ayer se reveló que el segundo en el vicariato fue un ex oficial «carapintada» (golpistas de fines de los ’80 para favorecer la impunidad de los violadores de los derechos humanos) que tomó los hábitos al fracasar los levantamientos. Y el secretario general del obispado castrense es un presbítero que fue capellán en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), cuando allí daba consuelo a los torturadores y no a las miles de víctimas, la mayoría desaparecida.
Es Semana Santa pero, además, el 24 próximo se cumple el 29 aniversario del golpe de Estado terrorista, por lo cual el affaire Baseotto, sus derivaciones así como las complicidades con este obispo cavernícola rememoran las de la cúpula eclesial de 1976 con los tiempos que vinieron más tarde.
Baseotto tiene su vivienda en la capilla Stella Maris, que es patrona de la Armada. El decreto presidencial le rebanó totalmente el salario (5 mil pesos o sea casi 1.700 dólares mensuales) pero no dice nada de la morada. A esa decisión, que algunos sectores de la oposición calificaron como «apresurada» se llegó luego de comprobarse que el Nuncio, o sea el embajador del Vaticano, maniobró tanto para alinear detrás del cavernícola al Episcopado, como para sortear negociaciones en búsqueda de un relevo suave.
Maniobras del nuncio
Veamos. El nuncio comunicó la decisión de proteger a Baseotto al ministro de Defensa, José Pampuro, y no al canciller, como correspondía. El canciller está fastidiado porque le había dicho a la Comisión de Relaciones Exteriores que las cosas se resolvían al estilo eclesial e incluso añadió elogios al nuncio.
Desconocía que el Vaticano ya se había negado a desplazar al obispo.
Según la comunicación verbal del nuncio Adriano Bernardini al gobierno no había razones canónicas para separar del Obispado castrense a Baseotto. Pero Kirchner no planteó que Baseotto dejara de ser obispo ni que hubiera violado el Código Canónico que regula la conducta de los sacerdotes. Sólo pidió que dejara de estar a cargo del cuidado religioso y la formación espiritual de los militares.
Bernardini también explicó que para el Vaticano la oposición al aborto era irrenunciable y que cualquier ablandamiento sería interpretado en forma equívoca. Apenas calificó como «desafortunada» la frase de Baseotto y advirtió que el retiro de un Obispo era una decisión grave, que afectaría las relaciones entre ambos estados.
Al presentar la solicitud de retiro de Baseotto, el canciller aclaró que la causa no era su oposición al aborto sino la instigación al asesinato del ministro de Salud. El gobierno no ha fijado posición sobre la despenalización del aborto ni prevé hacerlo ahora.
Además de declarar vacante la Oficina Castrense y desconocer como funcionario público al obispo Baseotto, el gobierno nacional instruyó a la embajada ante el Vaticano para que reclame a la secretaría de Estado por las «inadmisibles irregularidades» cometidas en el trámite de la cuestión por el nuncio.
La directiva fue comunicada en forma telefónica al embajador Carlos Custer por el canciller. El cese en sus funciones de Baseotto requiere una resolución rápida, ya que el Vicario General queda en forma interina en manos de trogloditas. Con todo Bielsa, para rebajar la tensión, dijo ayer que con la Iglesia, todo bien, sin dramas.
¡Qué Semana Santa se inicia! *
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