El porteño Ibarra reconoce que el referéndum de revocatoria es difícil de implementar

La centroderecha se prepara

Miradas tan lejanas podrían interpretarse como confianza en que la estabilidad política se afianzará. No se debe ser agorero, pero la historia contemporánea desde el 83 hasta exhibió con rutina mandatos inconclusos, excepto las dos presidencias de Carlos Menem.

El empresario Mauricio Macri concretó ayer una alianza con el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch con la idea de juntar fuerzas en el Parlamento y trabajar juntos con miras al 2007. Para ese tiempo, el neuquino que tiene plata de sobra (basta mirar la sede que abrió en el barrio porteño de Monserrat), ya se autoproclamó candidato presidencial. Aparentemente, Macri, que es titular del partido porteño Compromiso para el Cambio y que tiene control con la primera minoría de la Legislatura, tiene en sus miradas a mediano plazo, llegar a la jefatura del gobierno porteño.

Las encuestas le dan a Macri una buena chance para las parlamentarias de octubre, casi al lado de la líder del ARI, Elisa Carrió. En el gobierno se ufanan de tirar al ruedo al canciller Rafael Bielsa para sacar a los dos del primer lugar cuando en octubre se abran las urnas.

No causó mucha sorpresa este paso entre Macri y Sobisch, pero no dicen todo lo que deberían. Por lo pronto, el empresario que es un experto en eso de coquetear con otros referentes políticos, como Ricardo López Murphy, el líder del partido Recrear e incluso con el caudillo bonaerense Eduardo Duhalde, seguro que no cerró otras puertas y esto se verá con el tiempo.

¿Y López Murphy?

En principio había acordado con López Murphy apoyarlo en su afán de llegar a ser senador nacional por la minoría en la provincia de Buenos Aires, donde el ganador será el peronismo aunque se verá si con toda la impronta de Néstor Kirchner, un mix entre el Presidente y Duhalde y algo para el gobernador bonaerense, Felipe Solá.

Difícilmente el líder de Recrear quiera asumir acuerdos a más largo plazo. Aunque el no es keynesiano, sabe de aquello que dijo el famoso economista «en el largo plazo, todos estaremos muertos». Por eso sería raro que le guste lo anunciado por los otros dos referentes del centroderecha: que buscarán en unidad la conformación de una «real alternativa de poder, que permita disputar la Presidencia en 2007″.

Para que quede claro que nadie se ata totalmente las manos, los dos señalaron en un comunicado que «a ese efecto se ha decidido que, sin perjuicio de que ambas fuerzas continúen desarrollando contactos con otras expresiones políticas, se conformen frentes en varios distritos para que en las elecciones de 2005 la ciudadanía tenga opciones válidas y así sumar legisladores que serán necesarios para apoyar la futura gestión de gobierno».

Además, se decidió que en la provincia de Corrientes se buscará «unificar a las expresiones provinciales para intentar acceder a la gobernación en 2005″.

Esa provincia está hoy en manos de una coalición que hegemoniza la Unión Cívica Radical, que está cercana a lo que proclama López Murphy.

La primera manifestación del acuerdo político entre Sobisch y Macri será «el trabajo legislativo conjunto entre el bloque de diputados nacionales de Compromiso para el Cambio y el del Movimiento Popular Neuquino, que buscará coordinarse con otros bloques afines y de partidos provinciales.»

Volvamos a Macri, empresario exitoso, titular de Boca Juniors, hoy con los pesquisas del lavado de dinero por la venta del fabuloso Carlitos Tevez al Corinthians, que se dice está bajo control de la mafia rusa. Los diarios Clarín y Página 12 le han dedicado espacio a tratar de desenredar la madeja de la transferencia.

Macri duda si se presentará en octubre como legislador nacional o local (en ambos casos con el apoyo de Recrear) porque, ya se dijo, el quiere tomar el control de la Ciudad. No le fue muy bien queriendo aprovechar la tragedia del boliche Crogmanon, con 194 muertos y debió frenar la embestida para echarlo. Al jefe del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, el caso lo sacudió y le cuesta estabilizarse.

Llamó a un plebiscito vinculante para ver si sigue o se va de su cargo, pero no puede juntar las firmas para que sea legal la convocatoria. Tampoco logran las rúbricas aquellos que desean echarlo. En rigor, a nadie parece interesarle la consulta.

Ayer Ibarra dio un paso hacia tirar la esponja: es difícil conseguir las firmas, es como si todo estuvo preparado para que nunca se pueda cumplir la revocatoria de mandato, concluyó.

A quejarse a sus amigos de antaño que son los que escribieron la carta magna local y los que incorporaron la novedad de la revocatoria en condiciones difíciles de concretar: 50% del padrón electoral y la mitad más uno de todos los inscriptos deben decirle que se vaya. Todo un imposible.

¿Entonces? Entonces se vuelve a hablar si Ibarra podrá cumplir su mandato, si no será sacudido. ¿Qué piensa Macri de todo esto? *

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