La unidad de la izquierda histórica
El periódico trosquista «Palabra Obrera» no descarta la posibilidad de una lista conjunta «de candidatos de la izquierda y de los movimientos de lucha, por medio de una elección interna».
En 1989, entre el Partido Comunista y el Movimiento al Socialismo (MAS) se dirimió cómo se conformaría la fórmula presidencial y las listas de candidatos en la primera elección abierta no solamente de ese espacio de la política, sino de cualquier otro.
Como están en preparativos los encuentros para organizar la marcha del 24 de marzo, rememorando un nuevo aniversario del golpe de Estado terrorista de 1976, el tema electoral se entrecruza al menos en encuentros informales.
Ese día nunca es cualquiera pero este año un corte muy fuerte atraviesa a las organizaciones de derechos humanos y a un sector de partidos de izquierda que es como pararse frente a la política que lleva a cabo el presidente Néstor Kirchner. Precisamente el 24 de marzo se inaugurará en los predios que fueron de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) el Museo de la Memoria.
Ese territorio está en manos de la comuna local y ya se sabe que su titular, Aníbal Ibarra, es fustigado duramente por la izquierda clásica que ha reclamado su cabeza por responsabilizarlo, incluso criminalmente, por la tragedia del boliche «Cromagnón» con 193 muertos y todavía con heridos en los hospitales.
Gran parte de la política de la izquierda ortodoxa o «revolucionaria» según otros observadores, que no le dan sentido peyorativo a la calificación, se despliega en el movimiento de los piqueteros, en las nuevas corrientes obreras que pugnan por avanzar en el movimiento sindical organizado y en entidades sociales.
Si hay coincidencia, aunque no siempre en esas actividades, el tema electoral ya de inicio divide a concurrencistas de abstencionistas. Entre los primeros está el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) que lidera Raúl Castells, un duro, que abiertamente proclama que hoy el movimiento piquetero debe tener su expresión política y que en octubre hay que ir a comicios.
Un mundo muy diversificado
Ayer el MIJD volvió a ocupar calles porteñas reclamando incremento en la asignación a jefes de familia que con sus 53 dólares no cubre la canasta familiar menos pretenciosa. Hoy por las mismas metas estarán en las calles la mayoría de las organizaciones de desocupados organizados. Sigamos con los concurrencistas. Están en ese lugar el Polo Obrero, que entona la melodía del Partido Obrero, el Movimiento Territorial de Liberación, que está bajo la influencia del Partido Comunista o el «Teresa Vive» que es apoyado por el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST). Los dos últimos ya coinciden en política en la «Izquierda Unida». Y esta coalición que tiene un diputado nacional, otro en la Legislatura porteña y dos en la de la provincia de Buenos Aires, mantiene negociaciones en este distrito con el Partido Socialista.
Entre los no concurrencistas se encuentra la Corriente Clasista y Combativa (CCC) que se enrola en el Partido Comunista Revolucionario, que fuera maoísta, el Movimiento de Trabajadores Desocupados «Aníbal Verón» en su versión de autonomismo fuerte y otros grupos menores que no tienen partidos como referentes. Ciertamente, el panorama es más complejo.
Dentro del Partido Obrero el debate recién comienza. «Pareciera que se hace sentir, tempranamente, que sin un planteo frentista la izquierda y los luchadores serían fagocitados de nuevo, en las elecciones de octubre, por los partidos patronales, incluso cuando a éstos los caracteriza una mediocridad sin precedentes, nada menos que en la Capital Federal, la ciudad del argentinazo, de las grandes movilizaciones populares y el escenario donde se ha proyectado, en gran parte desde el Gran Buenos Aires, la rebelión popular contra el gobierno de Ibarra. La elección interna, como metodología para el frente electoral, es una consecuencia de la diversidad de movimientos que pueden ser convocados por la propuesta y es también una respuesta empírica al faccionalismo que ha caracterizado a las tentativas de acuerdos frentistas en la izquierda, en el pasado reciente y menos reciente», se dice en la publicación «Palabra Obrera».
«En las elecciones de octubre, el régimen actual pretende consolidar el proceso de recomposición capitalista que tiene lugar a costa de una extraordinaria confiscación de los trabajadores, y que a partir del canje incorpora como grandes beneficiarios a los banqueros internacionales. Es necesario desafiar este intento de asentamiento político en una lucha abierta y clara por el voto de los trabajadores.
A los que invitan a ignorar la lucha política que se desarrolla en un terreno electoral, es necesario recordarles que las principales crisis de conjunto de los últimos años se dirimieron de cara al pueblo con métodos electorales y parlamentarios», señala.
Y anticipándose o reconociendo las dificultades, el artículo subraya que «un frente no tiene el propósito de borrar diferencias políticas, sino que es una vía positiva para plantear una acción de conjunto de todos los trabajadores que se referencian en los partidos de izquierda, agrupaciones combativas y movimientos de lucha, o que incluso sólo ven una oportunidad de protagonismo en un movimiento de conjunto contra el gobierno capitalista y sus partidos». *
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