ANALISIS INTERNACIONAL
Cómo intentaron matar a Giuliana Sgrena
VI Y OI el testimonio directo de la periodista Giuliana Sgrena, entrevistada el domingo en el hospital militar Celio de Roma por el canal francés TV 5. Del mismo se desprende que los militares yankis intentaron matarla el sábado antes de que llegara al aeropuerto de Bagdad para regresar a Italia. Los disparos dieron muerte al agente de los servicios secretos militares (Sismi) Nicola Calipari, e hirieron a la periodista. La Casa Blanca declaró que se trataba de «un horrible accidente», lo que sólo demuestra el cinismo con que pretenden encubrir sus crímenes. El gobierno italiano se plegó a esta tesis y contradijo el testimonio de la periodista, la que iniciará un juicio contra sus agresores.
Auto acribillado por 300 disparos
Hablando en francés con un lenguaje muy claro, Giuliana Sgrena expresó que el automóvil que la conducía junto a sus acompañantes se desplazaba a velocidad moderada y al hallarse a menos de un kilómetro del aeropuerto fue acribillado a balazos por el ejército norteamericano («criblée par les balles de l’armée américaine»). Dijo que estaba hablando con Nicola Calipari cuando se abatió sobre el vehículo «una lluvia de fuego y proyectiles». (Después se contaron no menos de 300 impactos). El agente la protegió con su cuerpo y cayó muerto sobre ella de un disparo en la cabeza. La periodista resultó herida en el hombro y un pulmón.
El relato incluye otro elemento fundamental: los captores, al comunicarle que sería liberada el 4 de marzo, tras un mes de cautiverio, le advirtieron que los militares norteamericanos no querían que saliera viva de Irak. «Ellos no quieren que tú vuelvas», le dijeron. La corresponsal era una crítica permanente de las fuerzas de ocupación y estaba elaborando un reportaje sobre los fugitivos de Faluya refugiados en una mezquita de Bagdad tras los bombardeos norteamericanos que redujeron a polvo ese bastión sunnita.
El gobierno de EEUU procuraba mantener estos hechos en secreto y además era totalmente contrario a que se pagara un rescate a los captores, como lo había hecho el gobierno italiano, por millones de euros, tanto en el caso de las dos Simona como en el de Giuliana. Las andanzas de los secuestradores prueban por otra parte que EEUU no controla la situación.
Más datos coincidentes se encuentran en el artículo publicado por Giuliana en Il Manifesto bajo el título Mi verdad (La mia verità ). Ayer LA REPUBLICA lo reprodujo íntegro. Al lado hay una nota titulada «Homicidio preventivo», que alude críticamente a la doctrina de la guerra preventiva y una caricatura sobre el «Fuego Amigo» (que ese mismo día en Irak causó otras víctimas, entre ellas un soldado búlgaro y una madre iraquí con sus dos hijos pequeños).
Una emboscada, con premeditación y alevosía
El canciller italiano Gianfranco Fini dijo en su comparecencia el martes ante la Cámara de Diputados que el agente Calipari había establecido «todos los contactos necesarios» con los representantes estadounidenses en Bagdad. En estas condiciones, el atentado del cual Giuliana escapó con vida por azar reviste las características de una emboscada, fraguada con premeditación y alevosía. La misma estuvo a cargo de una patrulla militar, a proximidad del aeropuerto. Es una mentira flagrante, como pretende la versión norteamericana, que se hayan desoído las advertencias, porque no las hubo. Es igualmente falso que el vehículo circulara a alta velocidad. No sobrepasaba los 40 kilómetros por hora. Dice Giuliana: «Una lluvia de fuego cayó sobre el coche en el momento en que estaba hablando con Nicola Calipari. No íbamos muy rápido dadas las circunstancias. El fuego continuaba. El conductor no conseguía siquiera explicar que éramos italianos». Fini confirmó que el auto iba a unos 40 kilómetros horarios y que «las ráfagas de proyectiles norteamericanos partieron de varias armas automáticas y duraron entre 10 y 20 segundos». Pero enfrentó directamente la tesis de la periodista, alegando que «se trató seguramente de un accidente».
Por el retiro de las tropas italianas de Irak
En Italia cunde la indignación y se renueva el reclamo del retiro de sus 3 mil efectivos de Irak. Es el único aliado europeo que le queda a Bush, además de su socio Blair, porque España repatrió sus tropas, Polonia está a punto de hacerlo y los demás países se opusieron a la invasión. Fausto Bertinotti, de Refundación Comunista, proclama en el Parlamento que Italia debe defender su soberanía y dejar de ser una sierva del imperio.
Pero Berlusconi acepta la propuesta de EEUU: una investigación que duraría 3 o 4 semanas, para que después todo se diluya tras la niebla del olvido. En cambio, Giuliana Sgrena emprenderá un juicio contra la patrulla que la tiroteó y mató a su acompañante. *
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