La oposición reclama cabezas a Kirchner
Puede ser que lo del narcotráfico no rebaje los índices de popularidad del presidente Néstor Kirchner, pero a la corta o a la larga, los efectos políticos de este escándalo se harán sentir, sobre todo en el Parlamento.
Es un año electoral y con una oposición que ya pensaba en cabalgar en lo que considera poco apego presidencial a las formas republicanas de gobierno, por caso, el escaso papel del Congreso Nacional. Ahora añade a su agenda el supuesto de la corrupción.
El martes se inicia el nuevo período ordinario del Parlamento. El presidente hará un balance de lo hecho y dará un indicio por donde irá en el futuro inmediato. No es poco lo que podrá lucir como haber, desde el exitoso canje de la deuda externa hasta los índices de crecimiento del PBI y del empleo genuino, que no son datos relativos pese a que el drama de millones de desocupados y marginados seguirá pendiente por un buen rato.
Si, por ejemplo, se compara la situación del gobierno con la debilidad con que surgió Kirchner en mayo del 2003, el cambio es importante: ganó autoridad, se consolidó políticamente y en un sector de la sociedad y de las dos grandes tareas que se dio, deuda externa y deuda social, encaminó la primera pero con demasiados baches para la otra. Vale la pena insistir: se verá la evolución del caso Ezeiza.
Kirchner sabe que se esperan de su discurso anuncios en materia salarial. No incrementos por ley, sino dentro de un marco de acuerdo entre el Estado, la CGT y la Unión Industrial Argentina. Ecuación difícil de resolver sea porque hay una incipiente inflación sea porque los empresarios buscan arrancar cosas para abrir sus bolsas.
La necesidad de ese acuerdo tiene como trasfondo que hubo huelgas que escaparon al control del sindicalismo reconocido (y es porque se insiste en negar el pluralismo), que presionan también para que no prolonguen para las calendas griegas una mejor distribución del ingreso.
A no ser por la primavera económica, es probable que el caso Ezeiza-Madrid, hubiera dañado mucho más al presidente. Mirando bien, la tragedia del boliche República Cromagnón, con sus 193 muertos, ha quedado diluida como si se cumpliera aquello que para disimular un elefante en la calle Florida, lo mejor es poner más elefantes.
Entre connotados cercanos a Kirchner piensan que otros hechos irán diluyendo el drama, en tiempos que no serán extensos.
Resaca que deja la deuda
Con todo el final ¿victorioso? del canje de la deuda, en otro momento hubiera sido asunto exclusivo. Kirchner puede sentirse satisfecho, porque el caso caminó por el sendero previsto por él y por el competente ministro de Economía, Roberto Lavagna, que sale muy fortalecido en la ocasión y como una figura para tener en cuenta en el futuro.
Pero la fiesta se aguó por Ezeiza, su historia y su futuro. Incluso esto del default, debe ser reconocido por el G7 o el FMI como que se superó y vuelve a estar entre los países merecedores de crédito, paso que tardará con nuevos momentos tensos con el gobierno. Se sedimenta la realidad que la deuda externa que queda constituye el 80% del Producto Bruto, o que en el 2005 deben pagarse algo más de 11 mil millones de dólares.
Pudo ser el acto de mayor consenso en mucho tiempo. Excepto la izquierda no parlamentaria que ha sido siempre, con escasos compañeros de ruta, opositora a toda negociación pues reclamó, al menos, un repudio absoluto de lo que se califica como «deuda odiosa» o ilegal hasta por una decisión de un juez, todo el resto del espacio político acompañó desde derecha al otro lado del espectro, lo realizado por el gobierno.
La oposición, sea Elisa Carrió o Ricardo López Murphy, hizo el menor ruido político posible, menos aún que la interna peronista bonaerense, por ejemplo, que preocupó en algún momento a Lavagna, por inoportuna, posible de causar daño a las negociaciones (cuya historia real todavía falta escribirse) que en algún momento parecían haberse estancado, sobre todo con los bonistas extranjeros.
Digamos de paso que ese (habitual) entrevero entre Eduardo Duhalde con el gobernador Felipe Solá, se superó en lo que concierne al apoyo de la Legislatura a una norma sobre gastos que Lavagna requería, para poner en orden las cosas pendientes con el FMI, negociación que se reanudaría en abril, aunque en un nuevo contexto. Más sobre lo mismo: tanto con el canje como con el escándalo de Ezeiza, todo los une, nada los separa, a Kirchner de Duhalde.
Si hay cuitas de éste con Solá que rozan al presidente, cuando dentro de algunas semanas se definan las listas de candidatos, hoy es un asunto de importancia menor.
¿Corrupción en la Fuerza Aérea?
Regresemos a Ezeiza. Medidas de Kirchner, como descabezar la cúpula de la Fuerza Aérea, que aunque no discernió entre pecadores y justos, hay informes sobre negocios raros que ningún uniformado cuestionó. También modificar el sistema de control del aeropuerto bajo la conducción de un civil confiable; ordenar a la Oficina Anticorrupción que investigue a los actores del drama y que envíe a los tribunales sus conclusiones; anular el contrato entre la estatal (virtual) Lafsa con SW, cabeza del episodio y otras, quieren tener la miga de una contraofensiva, que así reconoce que hay mora estatal y gubernamental en este escándalo.
Pegarle fuerte a los aviadores que tenían el control de Ezeiza fue el primer impulso, pero no alcanzó y se debió terminar con el contrato del Estado (porque Lafsa es de allí) con la compañía sospechada.
Pero tampoco convence que no haya más afectados, al menos en las vinculaciones escasamente transparentes entre la secretaría de Transportes y SW. No decidir bien en esta ocasión puede costar alto.
Sobre esto: la presión política no le abrirá la mano de protección de presidente a los cuestionados. Pero si el juez que sigue el caso los llama a declarar, habrá un nuevo escenario.
La oposición no tiene un discurso unificado. Los radicales han sido concretos contra Ricardo Jaime, secretario de Transportes y sus sospechas las llevaron a la Justicia que está dirigiendo el caso. Son indicios que no rondan el trafico ominoso, sino los favores que se la han dado a SW.
Elisa Carrió tiene la visión más tajante: como existe un acuerdo político Kirchner-Duhalde, allí dice urbi et orbi- hay una matriz mafiosa, por tanto, se ha afectado con ese virus al Estado. Es casi, casi, precisemos, sostener que hay cajas ilegales de financiación de la política con drogas.
La ex diputada que encabeza los sondeos porteños para las legislativas de octubre, ha llevado al juzgado también sus documentos. Lo tiene en la mira hace tiempo al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, quien es el superior de Jaime y un íntimo del presidente: «es el cajero» dice.
La acusación es grave, porque si se sospechara de corrupción, la fama de justiciero que tiene Kirchner, derraparía. Pero no sería lo peor; Carrió sostiene que hay protección a narcos y ya se sabe lo que ello significa en la política internacional de hoy en la agenda no solo de los norteamericanos.
Hay medios locales, (Ambito Financiero) que sospechan, igual que este periodista lo hizo conocer en este diario, que la DEA tiene un papel que esclarecer, en el silencio del affaire por semanas, y ayudando a difundirlo para estos días. Son inferencias relacionadas con la visita el 7 próximo del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld.
Ya iremos por más en materia internacional. Lo que vale la pena subrayar es que una acusación como la que hace Carrió puede tener un impacto en las relaciones argentino-norteamericanas. No porque la ex la legisladora diga lo que dice la Argent
ina entra en el index, pero si debilita negociaciones fuertes del futuro con EE.UU o el FMI, por caso. Ahora casi todos los días la embajada norteamericana envía mensajes para que se aprueben normas sobre drogas y terrorismo que impulsa hace rato.
Salvo la dama, ningún otro sector de peso adhiere a su conclusión de que hay un estado mafioso. Se critican debilidades e incluso sospechas de actos de corrupción. Pero nadie pone a Kirchner en el banquillo de los acusados. Es el quid de la cuestión.
La fiesta sudamericana y de Tabaré
En pocas horas ocurrirá en Uruguay un hecho histórico: la asunción de Tabaré Vázquez al frente de una coalición progresista que tendrá resonancias en la Argentina.
En ese contexto tres presidentes amigos, Kirchner, «Lula» y Hugo Chávez discutirán el futuro del Mercosur y de la Unión Sudamericana. No se llega en las mejores condiciones, sobre todo en las relaciones personales entre los dos primeros. Hay una necesidad imperiosa que Kirchner y «Lula» superen sus enconos. Hay, como siempre en estos casos, versiones diferentes sobre el origen de ese mal humor mutuo, que parece mucho más acentuado en el argentino. Es necesario que los dos se arreglen.
Hubo hace poquito un acuerdo entre «Lula» y Chávez, donde sobresale lo referente a energía que ciertamente está en la línea de la política exterior de Brasil, en el sentido de promover la integración de América del Sur.
El eje Buenos Aires-Brasilia-Caracas es fundamental en ese proceso donde Chávez tiene claro lo que significa y estima a Kirchner, pese a algunas cosas que el argentino suele deslizar a oídos atentos a todo lo que perturbe la integración.
Lo ha defendido, al igual que a «Lula», ante públicos hostiles incluso a costa de algún desgaste. Los negocios bilaterales en medio del escándalo actual, están bajo la mirada de Carrió y López Murphy: los dos suponen que hay comisiones.
No hay gran política en esas consideraciones, tan solo asuntos pedestres. Tal vez sea una manera de obstruir una política diferente a la que reclama el Imperio.
Kirchner se verá con Castro también en el clima de fiesta. Hay personas que buscan minar la reunión, impulsando publicar en Montevideo una carta abierta del hijo de la médica Hilda Molina, que pugna por salir de Cuba al menos a verlo al igual que a sus nietos.
Fidel, al igual que Chávez y «Lula», quieren éxitos para el argentino y ya se sabe que en política, nadie regala nada. *
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