Kirchner pide al Vaticano que releve al vicario castrense
No es un caso frecuente esto de los roces argentinos con la Santa Sede, pero el primer mandatario se hartó por actitudes y declaraciones de Baseotto que, para condenar palabras del ministro de Salud, Ginés González García, en favor de despenalizar el aborto, hizo alusiones bíblicas que trajeron los recuerdos de los vuelos de la muerte, con los que los militares en los años del terror arrojaban al mar a sus presos.
En la nota, el obispo castrense le advertía al ministro, aludiendo a una cita del Evangelio, que quienes escandalizaban a los pequeños (por caso, repartiendo preservativos entre los jóvenes, según su interpretación) merecían ser «arrojados al mar».
Por acuerdos con el Vaticano, el vicario castrense depende de Roma, y por eso el reclamo es allí y no al Consejo Episcopal, que es el órgano de conducción y disciplina de la Iglesia que, de paso, trató desde un principio tomar distancia de Baseotto.
Roces fuertes entre la Argentina y la Iglesia ocurrieron en tiempos de Juan Perón, su segunda presidencia, e incluso el líder del justicialismo fue excomulgado cuando ordenó la expulsión de dos sacerdotes de los que se sospechaba complotaban con la oposición contra su gobierno.
Antes, en 1884, el entonces presidente Julio Argentino Roca expulsó durante su primer mandato al nuncio apostólico, monseñor Mariano Matera, bajo el cargo de intromisión en los asuntos internos. Las relaciones con la Santa Sede estuvieron cortadas hasta 1897.
En Roma, en principio, no parece haber ambiente favorable para hacer lugar al pedido. Es que Baseotto contaría con el respaldo del secretario de Estado del Vaticano (el virtual número dos), cardenal Angelo Sodano, y alguna otra figura de relevancia.
Pruebas al canto: el presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz (la Pastoral Social) del Vaticano, cardenal Renato Martino, le brindó el lunes a Baseotto –a través de una carta– un fuerte respaldo a la nota que éste le envió a González García. Martino elogiaba allí la «valentía y contundencia» de los dichos del obispo castrense y lo alentaba a seguir en su firme oposición al aborto y el reparto de preservativos.
Un problema para el obispado local
En el Palacio San Marín sospechan de que tanta dureza que se oye en Roma se debe a los lazos con la burocracia vaticana del ex secretario de Culto, Esteban Caselli, un hombre de la extrema derecha peronista. Para más, en estos días, Caselli –designado embajador de la Orden de Malta en Perú– se encuentra en Roma.
Como se dijo, a la Iglesia no le agrada esta riña y por ello el presidente del Episcopado, monseñor Eduardo Mirás, difundió, poco antes del anuncio de Bielsa, un comunicado en el que revelaba el contenido de una carta que le envió Baseotto buscando aclarar que el Vicario Castrense «no quiso alentar un acto de violencia ni ofender la autoridad de un miembro del gobierno nacional, todo lo cual es ajeno a su intención y expresa su pesar por la confusión y malestar que produjo la inclusión de la cita del evangelio», dice Mirás.
Mirás se explaya con mano de seda, ya que la conducción del Episcopado había guardado silencio frente a la polémica, en lo que se interpretó como un intento de circunscribirla a «un problema entre un obispo y un ministro».
Pero, puertas para adentro, vio con desagrado los términos que usó Baseotto. Y no parece que vaya a mover un dedo para que Roma no lo remueva.
Baseotto le envió hace una semana una carta a González García ante declaraciones de éste a favor de la despenalización del aborto y el reparto de preservativos. Allí lo acusaba de cometer «apología del delito de homicidio por promover la multiplicación de abortos».
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, salió a aclarar que la solidaridad con el titular de Salud no significaba que el gobierno compartiera su propuesta para despenalizar el aborto.
Kirchner se mantiene muy prudente en esta materia, más aún, en alguna ocasión desautorizo (tibiamente) a su ministro de Salud.
Pero el Vaticano no cuenta ahora con el mismo fervor de respaldo a su campaña contra el aborto, el uso de los condones, medidas de planificación familiar, etc., como el que había logrado durante el menemismo. Varios años en esa década, el mencionado Caselli fue embajador en la Santa Sede y lograba que Menem fuera reiteradamente recibido por el Papa. *
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