Cuando el narcotráfico perfora al Estado
Que la droga era de antes ya importante quedaba, por desconocimiento, constreñida a lo delictivo corriente, aunque del lavado de dinero, que en parte tiene origen con esa materia, se sospecha desde hace rato. Ni política ni judicialmente se enfrenta el flagelo como corresponde y es más: algunos funcionarios con dignidad han debido enfrentar trabas de todo tipo buscando acabarlo.
El Cártel de Juárez merodeó, por decir lo menos, el financiamiento de la campaña electoral del justicialismo en las presidenciales de 1999, esas que ganó la Alianza con Fernando de la Rúa. Antecedentes incestuosos no faltan.
No hay Estado, se oye estos días, lo que es cierto en parte como secuela de su desmantelamiento urdido por el neoliberalismo y su más perversa versión: el menemismo. Pero es más serio que peligrosamente desde resortes del Estado se ampare el negocio de la droga en escala.
Una hipótesis de trabajo es dilucidar cuánto ha calado la red. Por lo pronto están quienes proveen de la droga (aparentemente desde Colombia), los que la acumulan en territorio argentino, donde vale la pena decirlo hay cada vez más consumo y casi nada de campaña de prevención. Digamos que Argentina ya no es sólo territorio de paso, en este caso España, donde falta conocer la conexión..
Hay muchos interrogantes que el juez que instruye la causa, Carlos Liporace, puede que avance como conocer por qué algo que explotó en Madrid en setiembre y del que la embajada supo no tuvo las medidas de prevención necesarias.
Por lo pronto si se descabezó como pocas veces a una fuerza armada a la cúpula de la aviación militar (10 ya, otros 7 en veremos), es porque calló ante el poder civil lo que ya conocía por vía interna. Vale la pena detenerse en el historial de la Fuerza Aérea y su relación con negocios en el principal aeropuerto argentino. Entre los ’80 y ’90 jugó un papel fenomenal Alfredo Yabrán, el rey del correo privado, dueño de galpones y otros servicios en Ezeiza más otras terminales aéreas.
La sospecha que finalmente culminó con su suicidio después de ser sindicado promotor del crimen del fotógrafo José Luis Cabezas en 1995, era que el transporte postal y resortes clave de todo lo aéreo (depósitos, seguridad, free shop) podrían estar con el esquema del negocio de la droga.
El esquema de Alfredo Yabrán
Yabrán fue socio de la Fuerza Aérea y esos intereses continúan hasta hoy, cualquiera sea quien formalmente los detente y entre los uniformados funciona un pacto de silencio alarmante.
Una de los consejos, si gusta, norteamericanos, es la de comprometer a las FFAA en la lucha contra el narcotráfico. Y la opinión opuesta es, amén de contrariar las disposiciones legales sobre Seguridad y Defensa Nacional, es los iba a descomponer moralmente.
El relevo de toda la cúpula de la Fuerza Aérea no pone a todos en la misma bolsa, ni que están metidos en el negocio de la droga. Pero es algo público que la institución se metió (y se le consintió) que hiciera negocios en los aeropuertos y ese es el origen de las especies.
Néstor Kirchner repitió en la designación del nuevo jefe de la fuerza, brigadier Eduardo Schiaffino, lo que hizo en mayo de 2003 con el Ejército. Sacó todo lo que obstaculizaba colocar en la punta de la cúpula a un amigo suyo, a quien ayudo para su fresco ascenso, hombre también de la Patagonia y héroe de Malvinas, recuerdo que mantiene con visión más cerca de las que conmueven a las FFAA, que a los civiles.
Hizo un nuevo gesto de autoridad. Y lo completará quitándole jurisdicción militar el control de los aeropuertos. Se supone que para evitar repeticiones, debe retirar de los negocios a los uniformados por ser fuente de corrupción que el juez deberá determinar hasta que alcances.
En este caso puntual se avanzará para saber cuáles son los vínculos locales e internacionales pero todo será limitado si no se aclara el papel de la empresa de aviación Southern Winds (SW) y sus negocios con la estatal Líneas Aéreas Federales (Lafsa), creada con la intención de tener una línea de bandera, vedada con la privatización de Aerolíneas Argentinas.
SW recibe subsidios a través de Lafsa, pero ahora su cometido emblemático (al que se le añadió contener empleos de empresas quebradas) se diluiría si se la privatiza. Se está quemando el sillón del cornudo.
Kirchner por ahora no aparece afectado por el episodio porque está otra vez en estado de gracia con la opinión pública que profundizará si, como se estima, la Argentina sale bien con su propuesta de canje de los bonos del default.
No cantar victoria antes de gloria. No está clara la actividad del secretario de Transportes, Ricardo Jaime, ni la del Ministerio de Planificación Federal, Julio De Vido, sobre todo en lo relacionado con SW, como se la protegió en irregularidades que desde la Fuerza Aérea se alertó meses atrás, que tienen que ver o no con el caso que estalló, eso lo dirá el juez, pero sí con irregularidades administrativas de las que se habla hace rato, especialmente en esas carteras.
Pampuro sigue pese a todo
A pesar de numerosos yerros, Kirchner no se desprenderá de su ministro de Defensa, José Pampuro. Es un caso interesante: lo heredó del gobierno de Eduardo Duhalde, a cuyo riñón perteneció y le costó acomodarse, no por diferencias «ideológicas» (la riña que a veces envuelve al Presidente con el bonaerense no tiene razones de pensamiento profundo), sino porque le costo al ministro acomodarse al estilo del patagónico. Cuando Kirchner descabezó al Ejército, Pampuro estuvo a un tris de irse y le ha sido leal y aunque con la Fuerza Aérea cometió fallos que da pena verlos en un hombre grande, no lo ha despedido.
Si hay un motivo clave en este nuevo respaldo presidencial es que el ministro sostiene sobre sus hombros las 117 detenciones de militares acusados por violaciones a los derechos humanos, ante la mirada distante de los jefes castrenses. Le hizo un gran favor al ministro que su cabeza haya sido demandada por Elisa Carrió, en enfrentamiento sin retorno con Kirchner.
Habría otro dato para entender esa permanencia. El 7 de marzo, llega al país el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y Pampuro está muy empapado en la agenda que incluye asuntos sensibles que sigue de cerca, como el sistema de radares, precisamente una de las tecnologías que se busca difundir para el control del narcotráfico (y no sólo eso). Vale la pena subrayar que esa aparatología puede ser preparada y controlada por el ente estatal IVAP.
Queda en claro que tras dos décadas de democracia y varios gobiernos de diferente signo político, las fronteras del Estado argentino siguen siendo vulnerables. Papita para el ojo avizor de EEUU: Ezeiza es un ejemplo implacable.
No todas las responsabilidades son de igual magnitud. Mucho acrecentó la vulnerabilidad de la principal entrada internacional al país el esquema que armó Yabrán, con una serie de sospechosas lealtades que cruzaban la política con la Fuerza Aérea y las empresas privadas de seguridad.
Ese oscuro conglomerado desplazó de Ezeiza a la Gendarmería en 1992, es decir cuando Carlos Menem se afianzaba: sus herederos lejos estuvieron de entregar esos espacios de poder.
Se ha desatado por el control de Ezeiza una verdadera guerra de fuerzas de seguridad y agentes de inteligencia y no es por los salarios que les pagan. La Policía Aeronáutica ejercía el control estatal con resultados a la vista y ex jefes de la Policía Federal que debieron salir de ese lugar cuestionados, están en sitios clave de seguridad del aeropuerto o de la Southern Winds. Están en la mira de la Aduana la concesionaria del aeropuerto
y no poca acción contra SW por parte de la española Aerolíneas Argentinas que busca el monopolio de este negocio.
Es probable el retorno a Ezeiza de la Gendarmería o el paso de la seguridad aeroportuaria –en manos de la Fuerza Aérea– al Ministerio del Interior.
No es por sí, aisladamente , si no es dentro de otra política, una garantía de cambios. Parece que Kirchner busca restablecer el control del Estado con otros parámetros y achicar como sea el impacto negativo de este escándalo sobre su gestión.
Todo quedará en la epidermis si no se bucea además en las responsabilidades de áreas de gobierno explicitadas y si, sobre todas las cosas, no se coloca en la agenda prioritaria la lucha contra el narcotráfico.
Los dos referentes más notorios de la oposición, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy, quieren que el ministro Julio De Vido, el de Defensa, José Pampuro y el secretario de Transportes, Ernesto Jaime, respondan a muchos interrogantes en los legisladores.
Carrió le ha puesto los ojos a De Vido, no de ahora: lo sindica con actos de corrupción y parece que tiene como objetivo tirarlo. Si tiene razones, ocurrirá, temprano o tarde; el asunto es probar lo que se denuncia. Por ejemplo de la droga ella se ocupa desde hace tiempo no solamente en lo que corresponde al lavado de dinero o Ezeiza. Ella deja entender que pesqueras patagónicas tienen que ver con el narcótico, acusación grave en la que insertó un crimen de fuste.
Carrió vio al juez y eso abre interrogantes si llevó elementos o simplemente se fue a informar. Ella y López Murphy, más allá de sus intenciones, creen que han tocado en un lugar débil al Presidente, pero no es lo que los analistas concluyen.
¿Razones? Sea por ese ángel, ganado con el sudor de su frente, obvio, que lo une aún con la opinión pública como ocurre en tiempos en que la clase media gasta más que en el pasado. O sea por las medidas drásticas que tomó en la Aviación, zona uniformada, vale la pena recordarlo, que ha sido la más remolona en mirar cómo participó de los años del terror con autocrítica sincera.
Y esta semana posiblemente con el canje de la deuda que el 25 tiene fecha de conclusión, se diga que ha sido un suceso, que Argentina puede prepararse para salir del default, regresar al mundo que el G7 califica bien.
Habrá mucha tela para cortar sobre las comisiones que ganaron los bancos que participan de la operación, la más notoria que se conozca en este planeta. Y las ganancias adicionales de los pícaros.
Puede que lleguen juicios en diversos tribunales, pero con un 75% de aceptación, e incluso más alto que presagian los que dicen saber, sepultará novedades ominosas
Todo eso y mucho más, es así. Pero si concluye bien, el éxito político no se lo saca nadie a Kirchner ni a su ministro de Economía, Roberto Lavagna. *
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