Con voz clara y firme, Juan Pablo II leyó su oración dominical

El Papa reafirmó que sigue gobernando la Iglesia Católica

En su primera aparición pública tras ser dado de alta el jueves luego de permanecer diez días internado en un hospital romano, el Papa, de 84 años, que sufre la enfermedad de Parkinson, estaba de buen humor ante la ventana de su apartamento en el palacio apostólico.

Gracias a la temperatura casi primaveral y al sol que ilumina la ciudad, Juan Pablo pudo asomarse a la ventana sin alguna protección para las corrientes de aire frío, como algunos pensaban.

«Queridos hermanos y hermanas», afirmó el Papa, quien luego pasó la palabra a un colaborador para la lectura del tradicional mensaje dominical, como es la tradición desde hace varios años, cuando empezó a presentar problemas de locución.

Con un largo y caluroso aplauso fueron recibidas las palabras del pontífice en la plaza vaticana, pese a que aún son roncas.

El Papa pronunció luego con voz firme y clara la breve fórmula en latín para la bendición del Angelus ante los cientos de fieles de numerosos países, quienes izaban pancartas y pañuelos en la plaza vaticana.

Las condiciones de salud del Papa se habían deteriorado por una laringotraqueitis aguda, por lo que tuvo que ser hospitalizado el pasado 1 de febrero de urgencia en el policínico romano Gemelli.

El domingo pasado su dramática aparición ante la ventana del hospital, durante la cual casi no pudo hablar y estaba muy débil, suscitó preocupación entre los católicos de todo el mundo, que temían que el Papa hubiese perdido completamente la facultad de hablar por el avance de la enfermedad.

En su mensaje, leído por el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, el Papa reiteró su intención de seguir guiando la Iglesia y rechazó indirectamente toda propuesta de una eventual renuncia a raíz de su precaria salud.

En el mensaje, el Papa agradece los augurios de pronta recuperación recibidos y admitió que «necesito aún vuestra ayuda para cumplir la misión que Jesús me confió».

Después de pronunciar la breve fórmula del Angelus, el Papa volvió a ceder la palabra a su colaborador, quien hizo a nombre del pontífice un firme llamado a favor de la liberación de todos los secuestrados en Irak y en particular de la periodista italiana Giuliana Sgrena, del diario inpedendiente de izquierda Il Manifesto.

Al contrario de otras ocasiones, el Papa no saludó en las demás lenguas ni a sus compatriotas en polaco, como suele hacerlo los domingos y prefirió que su secretario de toda la vida lo reemplazara, pero volvió a despedirse de todos los presentes con la frase en italiano: «Â¡Buen domingo para todos y gracias!».

En el mensaje, el Papa anunció también que este domingo inicia la semana de retiros espirituales que se celebran por la Cuaresma y durante la cual orará por «la Iglesia y el mundo».

Para esa semana todos los compromisos del pontífice fueron anulados, para que continúe su convalecencia. *

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