Chiítas de la lista de Sistani se disputan el cargo de primer ministro
Tres políticos chiítas de la lista apadrinada por el gran ayatola Alí Sistani, que ganó las elecciones en Irak, se destacan como candidatos con grandes posibilidades para el puesto de Primer Ministro iraquí.
La aplastante victoria de la lista de la Alianza Unificada Iraquí reduce considerablemente las posibilidades de que el primer ministro saliente Iyad Alaui, un chiíta laico, permanezca en su puesto, sobre todo porque la lista kurda se sitúa por delante de la suya en los resultados.
Aparte del jefe kurdo Jalal Talabani, que aspira al puesto, dos líderes chiítas son serios candidatos: el ministro de Finanzas saliente, Adel Abdel Mahdi, y el vicepresidente saliente Ibrahim Jaafari.
Abdel Mahdi es una de las figuras principales del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak (CSRII, cercano a Irán), pero su discurso moderado durante la campaña electoral lo propulsó al primer plano.
Este economista, que vivió un tiempo en Francia, no confiesa públicamente sus ambiciones pero se presenta como el hombre del consenso que tiende la mano a los sunitas, grandes perdedores de los comicios, y defiende la redacción de una Constitución equilibrada.
Su campaña a favor de una economía de mercado en Irak, basada en la descentralización y en el desarrollo del sector privado, es vista con agrado por la administración estadounidense ultraliberal.
Ibrahim Jaafari, por su parte, no oculta sus ambiciones y aspira a convertirse en el primer dirigente del país elegido en unos comicios democráticos.
«Lo abandoné todo por mi país. Si el pueblo piensa que puedo servirle, estoy dispuesto», dice este médico, que vivió mucho tiempo en Gran Bretaña.
Su partido, Dawa, es respetado por los chiítas porque tomó las armas para enfrentarse al régimen del depuesto dictador Saddam Hussein en los años 80 y los sondeos de opinión efectuados tras la invasión del país, en marzo de 2003, muestran que es uno de los políticos más populares.
Otro chiíta, Hussein al Chahrastani, también es considerado un buen candidato a Primer Ministro. Preso durante 10 años en la cárcel de Abú Ghraib bajo el régimen de Saddam Hussein, se apoya en su estrecha relación con Alí Sistani.
La ONU adelantó en junio el nombre de este experto nuclear, un laico convencido, como candidato al puesto que finalmente ocupó Alaui.
Chahrastani quiere que la comunidad sunita se implique también en el proceso político post-electoral.
Aunque la línea política de los tres es chiíta conservadora, descartan la posibilidad de instaurar en Irak una teocracia como la del vecino Irán. *
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