Ofensiva rebelde en Colombia estremece política de seguridad de Uribe

La muerte de 47 militares a manos de las FARC en los últimos diez días en Colombia estremece la política de seguridad que hasta hoy ha dado al presidente Alvaro Uribe una popularidad sin precedentes y cuyo resultado es esencial para sus aspiraciones reeleccionistas.

El miércoles, combates entre el Ejército y las FARC dejaron 19 soldados y 11 rebeldes muertos en el noroeste del país, lo que elevó a 47 las bajas oficiales sólo en lo corrido de febrero y evidenció que esa guerrilla mantendría intacta su capacidad bélica.

El hecho generó una fuerte polémica en Colombia porque va en contravía de la percepción mayoritaria de los ciudadanos -plasmada y difundida en encuestas- según la cual durante los dos años y medio de mandato de Uribe, la situación de orden público ha mejorado y la guerrilla se encuentra sitiada.

Gracias a los publicitados éxitos de su programa bandera, la Política de Seguridad Democrática, Uribe ha mantenido una popularidad superior al 70%, sin precedentes en la historia de Colombia, y sobre ella cabalgan las aspiraciones de sus seguidores de verlo gobernar en un segundo mandato, a partir de 2006.

La seguidilla de golpes propinados a las Fuerzas Militares -que previo al último ataque generó una fuerte reprimenda del mandatario a sus tropas- despertó inquietudes entre políticos y analistas, que temen que sea el comienzo de una etapa ofensiva de las FARC y que logró estremecer la política estatal.

«Son hechos militares con significado político, que colocan la estrategia de seguridad democrática ante un desafío que no había enfrentado. Habrá que ver si las FARC convierten esto en un patrón y están en capacidad de sostenerlo. O si se trata de coletazos para quitarse de encima la presión en el sur», señaló en su editorial el capitalino diario El Tiempo. A la tesis que la ofensiva rebelde obedece a la finalización de un repliegue táctico de la guerrilla, los analistas suman dos hipótesis. Una: que con sus ataques las FARC buscan aliviar la presión del Plan Patriota, la mayor ofensiva militar en su contra, financiada por Estados Unidos en las selvas del sur del país. La tercera hipótesis reza que los ataques rebeldes pretenden debilitar electoralmente a Uribe de cara a los próximos comicios. «El fracaso de Uribe significa que su sucesor, o él mismo, debe abandonar la estrategia militar y darle paso al diálogo», opinó el politólogo John Marulanda.

El último revés militar provocó el relevo de su cargo al jefe de la Brigada XVII, general Héctor Fandiño, responsable de la zona del noroeste del país, donde está Mutatá, escenario de los choques, y la apertura de una investigación para determinar si hubo responsables por lo sucedido, lo que generó críticas. *

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