El Papa gobierna a los católicos desde su lecho de enfermo
El purpurado, que fue «ministro de Justicia» del Vaticano y experto en derecho canónico, aseguró que el pontífice «aún desde su lecho del hospital puede gobernar y expresar su voluntad, así como dar órdenes y disposiciones».
En una entrevista al diario Il Giornale, el cardenal Pompedda subrayó que el pontífice puede «ejercer la jurisdicción universal de la Iglesia y manifestar su voluntad a través de textos escritos o gestos», agregó.
El purpurado recordó que algunos poderes del Papa no pueden jamás ser delegados, en particular el nombramiento de nuevos obispos.
«Hay poderes que sólo el Papa puede ejercer y no pueden ser delegados. Entre ellos el nombramiento de obispos y algunas dispensas matrimoniales o sobre los deberes sacerdotales», dijo.
«Gracias a Dios eso no ocurre hoy en día con Juan Pablo II, quien aparece sufriendo y casi prisionero de un cuerpo que no responde a sus órdenes, aunque es evidente que es consciente de la autoridad que continúa ejerciendo», aseguró.
La hospitalización de urgencia de Juan Pablo II, el martes, desencadenó de nuevo las especulaciones sobre la capacidad física e intelectual del anciano pontífice, de 84 años, fuertemente debilitado por la enfermedad de Parkinson y por las consecuencias de una gripe.
El código canónico prevé que los pontífices «renuncien libremente», a condición de que lo manifiesten explícitamente, explicaron fuentes religiosas.
Las severas normas canónicas prevén también que un Papa sea declarado «impedido», pero no precisan claramente los mecanismos para ello: si después de un informe de una comisión especial o de un plenario con todos los cardenales.
Una tal decisión no ha sido nunca tomada en la historia reciente de la iglesia católica.
La gran incógnita que existe en el Vaticano desde que la enfermedad de Parkinson comenzó a ser más evidente en Juan Pablo II es sobre qué va a pasar en el caso de que el Papa quede inconsciente o pierda todas sus capacidades intelectuales.
Como el código canónico no contempla de ninguna manera que un Pontífice sea dimitido de sus funciones, siendo él la mayor autoridad de la Iglesia, muchos creen que Juan Pablo II tiene lista una carta con su renuncia para ser empleada en ese momento.
El delicado tema de la renuncia del Papa fue abordado en el 2002 por dos «papables» influyentes, el cardenal alemán Josef Ratzinger, prefecto de la Congregación Para la Doctrina de la Fe, y el cardenal hondureño Oscar Andres Rodríguez Maradiaga.
Entonces, fue el mismo Papa que se encargó de desmentir la sugerencia de sus colaboradores al declarar que no renunciaría jamás y que cumpliría su misión hasta cuando Dios lo llame.
Si bien todos los comunicados oficiales de la Santa Sede de los últimos días son tranquilizadores y desde el miércoles se habla de una mejoría de las condiciones de salud Juan Pablo II, es obvio que todas las grandes decisiones se han paralizado.
La verdad es que el Vaticano funciona como si Juan Pablo II estuviera de viaje.
El número dos, el cardenal italiano Angelo Sodano, secretario de Estado, asumió la gestión administrativa general junto con el cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio de Cardenales.
Prueba de ello es que Sodano recibió este viernes en el Vaticano al presidente del Parlamanto Europeo, Josep Borrel, en remplazo del Papa como estaba programado y el martes se entrevistará con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice. *
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