Tensión dentro del Mercosur

Tiempos de huelgas bajo control

No son olas de paros y ocupaciones, pero lo que sucede es ilustrativo para medir actitudes, la del movimiento sindical organizado, del gobierno y de sectores empresarios refractarios a cualquier cambio que avizoran otra vez más, el caos. En lo que va del 2004, el número de huelgas duplica al del año pasado.

¿Tiene Néstor Kirchner una política para modificar esta situación?. Y por otro lado, ¿ comenzó a revertirse el flagelo? De esto último hay mas respuestas negativas que optimistas, pero algo ha comienza a moverse.

En dos años la economía trepó casi el 18% y en el 2005 seguirá la tendencia. Acaso por eso es previsible una profundización del tironeo. No es casual que el gobierno buscó enfriarlo con incrementos salariales : es que centenares de comisiones paritarias deben discutir nuevos convenios.

Kirchner sabe de que habla cuando fustiga al neoliberalismo, centro de su discurso por acumular fuerzas dentro de justicialismo y para mantener vivas esperanzas ciudadanas: la clave de ese modelo, que igualmente funciona aún en lo fundamental, es la distribución maligna del ingreso, como la generación de una capa social, los indigentes, no fácilmente recuperable en un breve período histórico. Pero el presidente se queda corto.

Por ese forcejo político anula de su discurso los efectos de la devaluación que Eduardo Duhalde aplicó para salir de la convertibilidad, cierto, pero para licuar los pasivos del gran capital concentrado con sus consecuencias en el nivel de ingresos, de ocupación y pobreza.

La pregunta: ¿es el de Kirchner el gobierno que marcha a poner fin a esta situación de inequidad? En el discurso, sí; las cosas no son diáfanas en la vida cotidiana pese a que hay pininos que alientan a sostener que otro futuro es posible.

A partir del peor momento, en 2002, durante la gestión Duhalde, se ha producido una gradual recuperación del empleo (si bien con altísimo porcentaje en negro y con remuneraciones vergonzosas) y de los porcentajes de población que emergen por encima de las líneas de pobreza e indigencia, según informes oficiales. Para abril de ese año, la desocupación fue del 23%.

El Presidente asegura que cuando llegue Papá Noel, la desempleo bajará del 13%, lo que es como la mitad de la botella llena. Si se computa como persona ocupada la que recibe 150 pesos de subsidios para su familia, puede ser, pero eso no es empleo. De todas maneras, hay más trabajo en los grandes centros urbanos.

 

Asalariados, postergados

En el primer año de mandato de Kirchner sólo los estratos medios mejoraron su participación en el ingreso total, mientras los más pobres tuvieron una pérdida significativa. También retrocedieron los de mayores ingresos, pero en una proporción mucho menor. Esto señala límites objetivos a la política en ejecución.

Con recientes medidas desde el Estado, incremento de 150 pesos (100 ahora 50 pesos antes) en las remuneraciones (1 dólar = 3 pesos), subas de las asignaciones familiares (plus por hijo, pareja, parientes, etc.) y del salario mínimo a 600 pesos, esas relaciones perversas se revierten algo, amén de los incrementos de ingresos que comenzaron a arrancar las luchas.

Durante los seis primeros meses de 2004 los niveles de pobreza e indigencia caen. Es pobre el 44,3% de la población urbana e indigente, el 17%. Las estimaciones oficiales esperan que a fin de año las personas por debajo de las líneas de pobreza e indigencia serán el 40 y el 14% de la población respectivamente, y la brecha entre los más y los menos favorecidos se reducirá de 27,1 a 19 veces. En abril del 2002, posdevaluación, los pobres alcanzaban 18 millones de personas (49%) y los indigentes, 6,6 millones (17,8%).

Todavía no es una tendencia. Difícil que sea nítida sin una política impositiva distinta o una política de ingresos estimulante del mercado interno. Para que los números no abrumen: la canasta familiar vale mucho más de lo que gana la inmensa mayoría y ni que hablar los cesanteados y marginales.

El Presidente se anticipó a la conflictividad, alentando la unidad de la CGT bajo hegemonía de un ala peronista que lo acompaña, para que actúe como su canalizador para los tiempos de las paritarias. Sagaz, abrió algo el juego a la disidente Central de Trabajadores Argentinos (CTA), pero no tanto como para darle personería para negociar convenios a sus 2000 sindicatos de base que ahora están simplemente inscriptos.

 

Legislación sindical no democrática

El sistema sindical argentino es vetusto y autoritario, que no se moderniza bajo los criterios de la OIT que obliga a la libertad de asociación. Por el contrario, persiste el esquema de Juan Perón que solo reconoce a un sindicato por rama de la producción y rebana el papel de las organizaciones de base.

Kirchner no piensa modificar esta situación sea por que le es funcional, sea porque se inscribe en su concepción sobre gobernabilidad. Dicho de otro modo: aceptar la hegemonía sindical peronista constituye el alfa y omega de los arreglo parlamentarios con el vasto universo del justicialismo. De todas maneras, al gobierno se le estrechan los márgenes para seguir desconociendo a la OIT.

A grandes trazos, el movimiento obrero organizado reconoce tres grandes líneas (con sus sublíneas): la CGT unida, la CTA (que a la vez incluye organizaciones territoriales y de desocupados, propias de la emergencia) y el creciente poder del clasismo, que tiene cuadros en organizaciones de base como la comisión interna que dirige el conflicto en los subterráneos, pero también en numerosos sindicatos.

Como esta realidad no se expresa legalmente, en ocasiones se imponen por las movilizaciones. El caso más notable es el del subte: el sindicato nacional del transporte automotor, es repudiado por los trabajadores de ese sector.

La huelga que destapó este proceso fue la de los telefónicos, donde la presencia clasista es importante sumada a la actitud de lucha del peronismo no burocrático. Confluyeron los métodos de asambleas en cada lugar de trabajo, que dieron mandato a los delegados que tenían una información óptima de los balances de las empresas telefónicas transnacionales y que decidieron ocupar los lugares claves solo cuando la patronal supuso poder alargar infinitamente el conflicto para usarlo para arrancar sus propias reivindicaciones con el Estado en materia de tarifas y sobre todo de control del servicio privatizado.

El Estado, o sea el ministerio de Trabajo, no se ladea hacia las empresas. Es uno de los cambios visibles en esta instancia, pero por si solo esto no suple la ausencia de una política universal sobre ingresos.

Precisemos: más del 40% de los asalariados trabajan en negro y es enorme el elevado número de desocupados. Por caso, los aumentos de salarios por decreto solo en teoría pueden recibirlos los que no están formalizados. La gran mayoría de los trabajadores están contratados formal o informalmente por empresas hasta con 50 trabajadores, muchas de ellas con serios problemas para cumplir con la ley.

Toda sociedad democrática reconoce conflictos y si ahora ha llegado a los trabajadores, es porque hay condiciones objetivas. No ahogara al movimiento piquetero, que seguirá con sus reclamos mientas la desocupación no ceda lo suficientemente. Pero su presencia ruidosa moviliza menos que en el pasado.

Las organizaciones empresarias   con fuertes diferencias en su seno–fracasaron en su intento de generar pánico por colapsos en servicios que no ocurrieron o por amenazas de brotes de inflación si se aumentan los salarios.

Una idea extraña que tiene adeptos en el gobierno es que el conflicto debe ser administrado. En rigor, se trata de solucionarlo y no simplemente que lleguen a la
vía muerta por el papel que juega un sector del sindicalismo reconocido oficialmente.

 

Tensión dentro del Mercosur

No es el mejor clima el que aguarda a la cumbre de Ouro Preto II, que debe avanzar en el proceso de integración del Mercosur. Sea por comprensibles diferencias comerciales entre los dos grandes, o por razones políticas, lo cierto es que al encuentro, Argentina y Brasil van con el ceño fruncido.

La ausencia de Kirchner en Cuzco donde se lanzó la integración sudamericana molestó a Lula, su adalid junto a Hugo Chávez, e hizo sentir su disgusto. Conviene precisar que el argentino recibió efectivamente el consejo médico de no ir, y de como afectó la altura, por caso a Duhalde y a su esposa, fue suficientemente ilustrativo. Ahora bien, toda una serie de escasa cintura diplomática de Kirchner hizo real la fábula del pastor y el lobo.

Se ha llegado a un punto en el cual el Mercosur avanza con sistemas institucionales que puedan saldar los diferendos sobre transacciones y otros inevitables, o el proceso se estanca (lo que es retroceder) a una simple asociación de libre comercio que no es lo mismo que un mercado común. Es probable que la insistencia argentina en incorporar un sistema de salvaguardas que dañen el proceso de recuperación industrial y la negativa que la prensa brasileña le atribuyó a Lula a dar ese paso, deba quedar colocada en los preparativos de la cumbre, es decir, cada uno se pone duro con lo suyo para poder negociar. En definitiva la diplomacia aconseja a no decir no a lo que reclama un socio sino a contraofertar.

No todo es economía y comercio. A Kirchner parece desagradarle el fuerte liderazgo de Lula a la cual su ausencia contribuyó en la cumbre peruana. No parece digerir la insistencia del Brasil por un lugar permanente en el Consejo de Seguridad. Para algunos analistas es un forcejeo por ahora inútil: EE.UU. no avanzará en la reforma de la ONU.

También hay quejas en la diplomacia local por la falta de informaciones previas a algunos pasos que da Brasil, por caso como Lula decidió unilateralmente reconocer a China como economía de mercado. El caso chino por sus implicancias de una decisión igual y la decepción o desinfle que dejó el paso de Hu Jintao, aún perdura y descolocó bastante al Gobierno.

Todo pasa para Kirchner en avanzar en el canje de los bonos en dafault que deterioró, poco o más sus relaciones con el ministro de Economía, Roberto Lavagna aunque ahora no pase nada irreversible.

Firmó el decreto que autoriza el canje: quiso decir que no aplica medidas dilatorias ni ya puede dar marcha atrás en su propuesta. Pero aún no tiene el banco para el canje y es difícil suscribir que la operación se lance el 17 de enero. Y ello se vive con angustia. *

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