Las corporaciones ante la era de la verdad

Es tiempo ahora de que las grandes corporaciones hagan cuentas para tratar de adaptarse a las nuevas realidades de la economía global del siglo XXI. La primera Revolución Industrial se basó en combustibles fósiles, en el empleo intensivo de recursos naturales y en una concepción materialista del bienestar y del progreso. Todo esto está cambiando en la Era de la Información y con las tecnologías más limpias y más verdes de la nueva Edad de la Luz, que utilizan recursos renovables.

La adaptación a estos cambios es el desafío que enfrentan todas las corporaciones. Al mismo tiempo, deben hacer frente al desafío de la nueva superpotencia del mundo: la opinión pública global. Su poder para hacer y deshacer compañías, marcas y reputaciones en toda la extensión del mundo mercantil electrónico actual obliga también una adaptación a la nueva Era de la Verdad.

Muchas compañías fracasarán en la prueba en la medida que intenten hacer aparecer a sus operaciones como respetuosas del ambiente sólo por medio de campañas publicitarias. Otras tratarán de operar ecológicamente comprometiéndose a adoptar los 10 principios de buen comportamiento social empresarial contenidos en los convenios de las Naciones Unidas.

La efectiva puesta en práctica de tales compromisos por parte de estas últimas empresas es ahora crecientemente controlada por legiones de organizaciones cívicas y firmas auditoras, incluyendo SAInternational, de Nueva York y Londres, SustainAbility y AccountAbility, ambas con sedes en Europa, y ASRIA, de Hong Kong. También se observa la búsqueda de un manejo ético empresarial en lo social y ambiental por parte de firmas de inversión socialmente responsables. Todas esas organizaciones actúan precavidamente ante la posibilidad de hallar escondidas a empresas del tipo de las tristemente famosas Enron, WorldCom, Parmalat o Halliburton.

Este control de la ética de las empresas y de sus reales objetivos financieros, así como de sus compromisos para hacer frente a los crecientes problemas del mundo, mantiene a las compañías bajo observación. También están en la mira de la opinión pública los compromisos empresariales de aliviar la pobreza, la enfermedad y la destrucción ambiental y de ayudar a alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio.

El hombre de negocios estadounidense y crítico empresarial Paul Hawken ha observado atentamente los fondos de inversión socialmente responsable (SRI) y sus varios criterios para examinar a las compañías que tienen en sus carteras. Este rápidamente creciente segmento de los mercados de capital necesita de tal presión para mejorar constantemente sus métodos para medir el accionar social, ambiental y ético de todas las compañías.

El creciente debate sobre las SRI constituye una tendencia muy positiva, dado que los criterios éticos más exigentes determinarán el futuro del capitalismo mismo. Por cierto que esta eventual remodelación del capitalismo a fin de conservar el ambiente al mismo tiempo que se sirve a las necesidades humanas y a los derechos de todos también afectará la supervivencia de la humanidad en este pequeño planeta.

La crítica de Hawkens es sólo un aspecto de una cuestión mucho más amplia: ¿puede el actual modelo de capitalismo y su globalización de las finanzas, los mercados, el comercio y los sistemas monetarios continuar operando con sus concepciones tradicionales sin efectuar reformas radicales?

Al enfocar críticamente al emergente segmento de SRI del todavía dominante modelo de capitalismo social y ambientalmente destructivo obviamente se reforzará este arraigado modelo con su enorme poder, capacidad de presión e influencia políticas y control de los medios de comunicaciones de masa. Esas fuerzas del capitalismo reaccionario ya sean las de Wall Street, Francfort, Londres o Hong Kong y las compañías que siguen utilizando el viejo e insostenible sistema industrial basado en los combustibles fósiles darán la bienvenida a las críticas dirigidas a las SRI.

Esto es algo desafortunado, dado que sabemos por experiencias anteriores cuán a menudo el perfeccionismo, la utopía y el celo visionario pueden eliminar lo bueno, lo mismo que lo teóricamente mejor puede excluir lo mejor. Reformas positivas como las SRI necesitan tiempo y espacio para experimentar.

Actualmente vivimos en «mediocracias» cualquiera sean nuestros sistemas políticos. Los medios de comunicación fabrican políticas, modelan la cultura y educan a nuestros hijos para mejor o para peor. La publicidad empresarial conduce a un consumismo insostenible y a mercados financieros enganchados al constante crecimiento del PBI y de las ganancias de las corporaciones.

Por estas razones fundé Ethical Marketplace media como una plataforma multimedial global para elevar los niveles, los parámetros y el comportamiento ético de todos los actores del mundo mercantil a través del poder de la información y de los medios de comunicación. *

 

(*) Hazel Henderson, economista estadounidense y autora de Beyond Globalisation (Más allá de la globalización). (Exclusivo de IPS)

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