Descontento entre los soldados de EEUU en Irak
El secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, fue vivamente criticado ayer miércoles durante una visita a una base militar en Kuwait por soldados que estaban a punto de ser desplegados en Irak.
«Nuestros vehículos no están blindados. Recuperamos pedazos de chatarra y de vidrio anti-balas usados para (instalar en) nuestros vehículos antes de ir al combate», se quejó un soldado, ruidosamente apoyado por sus camaradas.
También lo interpelaron otros soldados acerca de qué deben esperar las fuerzas estadounidenses en Irak tras las elecciones previstas para fines de enero próximo y sobre sus salarios impagos.
No es la primera vez que las tropas en Irak se quejan abiertamente de la falta de medios de protección.
En octubre 23 soldados desobedecieron las órdenes de transportar combustible a una base situada en una zona rebelde en Irak por considerar que se trataba de un «misión suicida».
Estimaban que sus camiones no estaban suficientemente blindados contra ataques de la guerrilla y que estaban mal mantenidos.
La misión fue realizada finalmente sin incidentes por un equipo de reemplazo, según altos funcionarios del Pentágono, que afirmaron que ese episodio sólo fue un caso aislado de insubordinación.
Pero las leves sanciones finalmente aplicadas contras esos soldados son un síntoma de que el malestar es mucho más grande.
El Ejército estadounidense anunció el lunes que los 23 soldados eludieron la corte marcial y sólo recibirán sanciones que van desde la reprimenda a la degradación, pasando por multas.
Las estadísticas son también un indicador.
Según cifras divulgadas el lunes por el Pentágono, más de la mitad de los 4.024 reservistas a los que se les envió una orden de movilización para ir a Irak o Afganistán solicitaron postergaciones, exenciones o no respondieron a la orden recibida.
Esgrimieron razones médicas, dificultades financieras, problemas familiares o la necesidad de culminar estudios.
Otro asunto revelador: ocho soldados presentaron el lunes una demanda contra el Pentágono, al que acusan de haber prolongado por la fuerza su estadía en Irak, cuando sus contratos con el Ejército ya habían expirado.
Esos ocho soldados estacionados en Irak y Kuwait, siete de los cuales prefirieron mantenerse en el anominato por temor a «represalias», cuestionan la llamada política de ‘Stop loss’ (detener las renuncias) de las Fuerzas Armadas estadounidenses, que impide a los soldados abandonar el Ejército mientras su unidad de combate esté desplegada en el terreno, con la finalidad de mantener la cohesión y su eficacia.
Según los abogados de estos soldados, el Pentágono no fue «honesto» con ellos y no les informó de la eventualidad de una prolongación vinculada a esta política.
Casi simultáneamente, las autoridades de inmigración canadienses analizaban el caso de un desertor del Ejército estadoundiense, Jearemy Hinzman, quien pidió asilo político.
Este ex paracaidista, de 26 años, se negó a ir a combatir a Irak, porque considera que la intervención norteamericana es «ilegal» y viola los derechos humanos.
Otros dos desertores serán escuchados por las autoridades canadienses, pero por el momento no ha tenido lugar la llegada masiva de desertores estadounidenses a Canadá.
Contrariamente a lo que predecían algunos militantes pacifistas, que anunciaban una repetición del fenómeno de los años 70, cuando miles de jóvenes soldados intentaban evitar ser movilizados a Vietnam y se refugiaron en el país vecino del norte. *
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