Congreso programático

Radicales buscan una plataforma común

La Unión Cívica Radical (UCR) es un partido más que centenario, pero lucha contra su extinción pese a que institucionalmente es, fuera del justicialismo, el que tiene más legisladores nacionales y gobierna seis provincias y centenares de comunas, algunas importantes.

Por lo pronto ayer 500 referentes del partido iniciaron un Congreso de actualización programática buscando por ese lado encontrar una voluntad común, habida cuenta de las divisiones existentes.

A grandes rasgos colocan al ex presidente Raúl Alfonsín por un lado, y a Angel Rozas, titular de la UCR, al frente de una conjunción heterogénea que se orienta a conformar alianzas con el centro-derecha y con un discurso fuertemente opositor a Néstor Kirchner, por el otro.

Este sector logró hace pocas semanas la conducción de la Convención Nacional, una especie de Comité Central, aunque de un papel menor que ese cuerpo tienen en los partidos de prosapia marxista.

Los amigos de Alfonsín se inclinan al apoyo crítico a Kirchner.

La UCR escribió su último programa en 1948, cuando reordenaba filas raleadas tras la debacle de la Unión Democrática que hegemonizaba en alianza con los socialistas, comunistas y otros socios menores buscando infructuosamente cerrarle el paso al entonces coronel Juan Perón.

Ese programa de fuerte contenido progresista no pudo impedir que más tarde el partido se dividiera con Arturo Frondizi por un lado y Ricardo Balbín por el otro. De esta rama, renació la actual UCR sobre todo de la mano de Alfonsín quien llega a la presidencia en 1983, tras la retirada de los militares, derrotados en la guerra por las islas Malvinas.

Del programa de 1948, bautizado como programa de Avellaneda, ya no queda casi nada: se pronunciaba por la nacionalización de los recursos básicos de la economía impulsaba la reforma agraria. ¿Cual sería hoy la utopía radical?. Es lo que el Congreso doctrinario, el debate ideológico, quiere encontrar.

Atención: ese escrito orientador no siempre impregnó las plataformas electorales partidarias cuando a elecciones la UCR ha ido.

Del encuentro participan dirigentes de centro-izquierda de México, Ecuador y Chile, entre otros, pero esa es la impronta que quiere imponer el alfonsinismo, una línea identificada internacionalmente con la social democracia. Alfonsín es uno de los vicepresidentes de la Internacional Socialista.

Así como perdió votos, los radicales bifurcaron dos de las mayores figuras de la oposición actual. Por un lado, a Elisa Carrió, quien mañana encabeza la asamblea de su agrupación, el ARI, con vistas a precisar su conducción y línea de acción. Y por otro, a Ricardo López Murphy, el emblema del centro- derecha, espacio con varios competidores que por ahora riñen entre sí.

Un sector radical lo quiere como aliado electoral para las legislativas del año próximo y ese debate o forcejeo se da sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde una corriente de alcaldes ha dicho que quiere convenios con el hombre mayor del partido Recrear.

Difícil pronóstico sobre el futuro del partido que diera al país seis presidentes, con matices, y cuya influencia en el siglo que pasó fue muy fuerte. La catástrofe de la administración de Fernando de la Rúa, al frente del gobierno de la Alianza, coalición con el Frente Grande de Carlos «Chacho» Alvarez, es difícil de revertir.

Las presidenciales de 2003, fueron un horror para los herederos de Hipólito Yrigoyen y las encuestas, en grandes distritos para los comicios legislativos de 2005, dan una perspectiva complicada.

Veremos. *

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