ANALISIS INTERNACIONAL

La última carta del hijo muerto

Fahrenheit 9/11 es un documento excepcional. Expresión acabada  como lo fuera Bowling for Columbine  de la lucidez y la valentía de Michael Moore, y también de su laboriosidad, de su espíritu inquieto e indagador, que convierten a la película en una obra maestra de periodismo de investigación. Pero no es un panfleto, ni un documental reseco, sino una obra artística penetrada por el sentimiento a la vez que apela a la razón del espectador de cualquier parte, pero sobre todo del estadounidense. Vaya a verla.

Verdades documentadas

Puedo reiterar lo dicho en mi nota de ayer sobre el debate Bush-Kerry: las verdades que la película saca a luz en forma documentada sobre la invasión a Irak se ven confirmadas por las matanzas que estos días siguen perpetrando las tropas yankis en Samarra y en Falluja, en el primer caso lanzando 3.500 efectivos para ocupar la ciudad y en el segundo procurando borrarla del mapa con sus bombardeos concentrados. La justificación es la misma que vemos proclamar a Bush en Fahrenheit: la lucha contra el terrorismo. Pero lo que nos muestra la TV son los cadáveres de los niños desenterrados de los escombros de la ciudad arrasada.

Esto trae a colación a los tanquistas entrevistados en la película que marchan alegremente a masacrar a los iraquíes al son de música rockera. Pero allí también aparece el joven soldado apesadumbrado según el cual «cada iraquí que matamos es un poco nuestra propia muerte». Se muestra a dos oficiales del ejército reclutando con promesas engañosas a jóvenes pobres y sin trabajo, preferentemente negros, para llevarlos a la guerra. En la escena cumbre de la película, a mi juicio, frente a una cámara fija una madre traspasada por el dolor lee la última carta de su hijo, muerto en Irak unos días después. La carta conmueve al transitar por detalles mínimos de la vida familiar, tronchada en plena juventud. Todo esto acontece en Flint, el pequeño poblado natal de Moore en Michigan, donde el cineasta recogió el sentimiento de su gente.

La película documenta rigurosamente algunas grandes verdades sobre la guerra de Irak y sus antecedentes, como la elección fraudulenta de Bush, aportando elementos novedosos de las maniobras racistas en la Florida, y los registros militares adulterados mediante los cuales Bush se escapó de servir en Vietnam. Varias secuencias captan en vivo al presidente con sus incoherencias y desconciertos; el abrazo de Rumsfeld con Saddam, revelador de cómo EEUU armó a Irak para combatir contra Irán; el entrelazamiento de intereses de la familia Bush con la de Bin Laden y las jerarquías saudíes, antes y después del 11 de setiembre, y cómo dejaron salir de EEUU a varios de sus miembros en pleno período de veda; las petroleras yankis lanzadas frenéticamente al asalto de la riqueza petrolera iraquí y de los grandes negociados de la reconstrucción, en primer lugar Cheney con la Halliburton, tema del cual el vicepresidente no podrá escapar en su próxima confrontación con el senador Edwards.

Una madre ante la Casa Blanca

La imagen de la madre que perdió a su hijo, deambulando por las cercanías de la Casa Blanca, es la imagen misma del desamparo de las víctimas de la guerra. Allí va el cineasta para preguntarle a los congresistas si están dispuestos a enviar a sus hijos a Irak. Todos se escapan, no quieren ni oír hablar del tema. Entre los cientos de congresistas hay sólo uno en esa situación.

Con su andar desgarbado y su indumentaria desaliñada, Moore nos recuerda aquí la antológica escena final de Bowling for Columbine (sobre la masacre en la escuela del Colorado) en que interroga en forma tan incisiva a Charlton Heston que éste se manda mudar. El entrevistado, además de actor, es el presidente de la Asociación Nacional de Rifleros y partidario acérrimo de que la gente acceda a sus propias armas. El tema es de rigurosa actualidad. Bush hizo caducar el 13 de setiembre la norma impulsada por Clinton que prohibía la tenencia de dichas armas. Los sucesos de Columbine sin duda tuvieron un efecto de reflejo o contagio en el mundo. Así acaba de ocurrir en Carmen de los Patagones, en el límite sur de la provincia de Buenos Aires, y antes entre nosotros. Por suerte Fiorella podrá caminar.

La dignidad rescatada

Michael Moore rescata la dignidad del pueblo estadounidense. Es de la estirpe de los que lucharon contra el macarthismo, contra la guerra de Vietnam, contra la ocupación militar en Afganistán e Irak y por el retorno de las tropas, por la paz mundial. Cuentan las crónicas que fue premiado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes (que nunca se había otorgado a un documental) por parte de un jurado presidido por Quentin Tarantino, y recibió la ovación más prolongada en la historia del Festival. Se lo merece. *

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