Argentina: problemas para integrar un frente opositor
Sin duda es un despropósito inconstitucional, carne suficiente para que se diga de Kirchner que no sólo es hegemónico, sino que se pasa de la mala raya en esto de la calidad de las instituciones. El gobierno argumenta que el país no salió del infierno, aunque este más cerca que lejos de hacer primar algo parecido a su propuesta para superar el default, y sobre todo porque la situación de millones de argentinos sigue siendo trágica. Ergo, los plenos poderes para el manejo de la plata tiene ese objetivo: es una verdad que no encuentra hechos concretos necesarios.
Hay en marcha posicionamientos y reagrupamientos políticos. Todos se preparan para dentro de un año cuando habrá en todo el país en una sola jornada, elecciones para la mitad de la Cámara baja y de un tercio de la alta.
En los últimos tiempos eran escalonadas a piaccere de los gobernadores, y ahora, se piensa en el peronismo, redundará en favor del Presidente que supone que superada la deuda en cesación de pagos y con crecimiento activo de la economía, la estima de los argentinos (que trepa en las últimas semanas) superará a los de sus opositores.
Si hubo algún atisbo de resistencia parlamentaria dentro del peronismo a eso de los plenos poderes por el machaque de los otros bloques que cierran filas como pocas veces, la frenó, en principio, Eduardo Duhalde.
A veces actos de los suyos encienden luces rojas o corrimiento derechoso y clerical, pero en lo inmediato, le facilita las cosas al Presidente.
López Murphy moja en el radicalismo
No luce que habrá frente opositor más allá del Parlamento y hay que ver cuánto se mantiene. Pero la idea de una coalición anti-Kirchner avanzó en el radicalismo que en su Convención Nacional desplazó a los amigos del gobierno, impuso una línea de mayor dureza y mira con simpatías ir a las elecciones en convenio con Ricardo López Murphy que en definitiva amamanta en sufragantes del viejo partido. Atención: el líder del centro derecha necesita sobre todo de un convenio en la provincia de Buenos Aires donde tiene intendentes radicales más que amistosos pero también un aparato cercano a lo que quiere Raúl Alfonsín y sus amigos.
Si la oposición se pudiera elegir, sin duda el gobierno optaría por Alfonsín, aunque cuando de eso se escribe salen chispas en la Rosada. Pero las cosas en la UCR van en otra dirección y pensar en una división interna es intelectualmente posible y prácticamente, improbable.
En este tren de definiciones de oposición que molesta está sobre todo el ARI de Elisa Carrió. Ahora avanzó en organización nacional, se dio una directiva formal que no existía aunque en ella el nombre de la ex diputada no figure pero su impronta es absoluta en línea e ideología y sobre todo en eso de no acordar con nadie para las legislativas. Carrió quiere no solo sangre pura, sino medir fuerzas, ver como le va con su discurso por un nuevo «contrato moral».
Carrió avanza en las encuestas porteñas donde ahora nadie le hace roncha, pero quien sabe dentro de un año, si el kirchnerismo no arma algo con nombres interesantes para un electorado exigente, si los hados lo ayudan en temas que ahora lo perturban. Entre estos está la pobreza, claro, pero además la inseguridad, que aunque no es totalmente alarmante en la Reina del Plata, repercute con ese sube y baja en inquietud en la provincia de Buenos Aires.
Allí la purga contra la policía corrupta generaría resistencias por el lado del delito de secuestros extorsivos que el Presidente los mira como dirigidos a desestabiizarlo y se enoja con el gobernador bonaerense, Felipe Sola, en roces con Duhalde ahora además, por que no le da todo el respaldo a su ministro de Seguridad, León Arslanián quien acaba de mandar a su casa a decenas de uniformados y denunció a los jueces que hay atentados en ciernes contra su vida por manos de la bonaerense.
Volvamos a López Murphy. Sus acuerdos con Carrió no pasarán de la acción parlamentaria en torno a la plataforma republicana, pero si por el progresismo no sucederá nada, avanza unos casilleros con diversos retazos del centro-derecha, aunque algunos hilos siguen sueltos. De esta manera, el ex ministro de defensa y economía de la Alianza, va en camino a ser el eje de la oposición de ese color.
El kirchnerismo no está tabicado y sus fieles más notorios coordinan con vistas a primar sobre el duhaldismo por los favores de su mentor. Como no son ingenuos, saben que el Presidente no piensa que se puede gobernar sin el peronismo tal como es, aunque le disguste. Pero por ahora todos los encuentros de los que miran más o menos parecido en simpatías al gobierno, es más para la foto que una amenaza para el aparato del PJ.
Sin política anti-USA
La política externa de Kirchner se afina, intentando borrar los últimos vestigios de antinorteamericanismo, sobre todo en la verbal, que alguna vez se oyó, pero que nunca fue su sesgo fundamental.
Hay que apreciar que el canciller Rafael Bielsa anuda todo lo que puede con Washington y en su despacho se estima que si ha avanzado el asunto de la deuda externa mucho tiene que ver el respaldo del Departamento de Estado, No en vano, dicen por el palacio San Martín, es que su jefe tuvo un encuentro con el secretario de Estado, Colin Powell, quien sobre el default le oyó decir que «están en el buen camino»: música celestial. «Deberíamos agradecer a los EEUU el rol asumido en el manejo de la deuda», declaró. Pero el mismo país refrendó en el G7 el más duro úkase para que Argentina ponga más dinero para sus acreedores.
Incluso sobre las elecciones en el país del norte, en el oficialismo hay personas que votarían por George Bush, porque creen que él es mejor opción para los temas concretos argentinos. La miopía política, ya se sabe, no tiene parches que la amortigüen. Eso a pesar de que Cristina Fernández de Kirchner participó en su momento de la convención del Partido Demócrata, actitud que fue vista como «imprudente» por caletres de pensamiento corto.
Se comentó poco que a un nivel más abajo del canciller llegó junto a ese piropo de Powell, un recordatorio: ver cómo se ofrecen a las tropas norteamericanas esa especie de bill de indemnidad que meses atrás frustró un operativo conjunto en este país y que una reciente ley autorizando a los militares a practicarlos, no avanza en el deseo norteamericano.
Hay asuntos de larga desavenencia como el ALCA donde el lazo con Brasil es la clave, pero vendrá en algún momento a perturbar y aquí se preparan para el momento de negociación entre el Mercosur y Washington.
Bielsa está seguro que con Bush se cumple en temas calientes que le importan como la lucha contra el terrorismo, el lavado de dinero y el narcotráfico. Sienten que le hicieron un favor al norteamericano en la resolución de conflictos: en Bolivia, con todo lo que generó la renuncia del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada o en Venezuela, por el referéndum que ganó el presidente Hugo Chávez: creen que no dejaron al venezolano irse de madre.
Brasil y Chile, señales y palabras molestas
En ocasiones el Palacio San Martín emite señales confusas en relación con Brasil. Antes subrayemos que cualquier palabra que salga de esa casa, tiene peso menor a lo dicho por Lula en la ONU, sobre el rol estratégico de Argentina en el diseño de su política externa, y con tanto peso práctico debe leerse lo que declaró el presidente del Banco Central brasileño, Henrique Meirelles. Anticipó que su país no renovará su acuerdo con el FMI, que es un curso de acción que Kirchner quiere impulsar.
En los dos casos, no es confrontación, ya que ambos pagarán lo que le deben al Fondo, pero la coincidencia en el
futuro de la entidad y los dos países, amplia el margen de autonomía, que en teoría se busca.
Si esto es así, a santo de qué, se preguntan en el mundo de la diplomacia, Kirchner ni mencionó al Mercosur ni a Brasil en su reciente intervención en la ONU, omisión que cayó mal en el vecino grande. Para peor, dicen por esos lados, Bielsa habló por los diarios «que no fue cortés por no habernos avisado», Itamaraty claro, sobre los pasos diplomáticos que Lula dio en Nueva York en busca de una banca permanente para su país en el Consejo de Seguridad.
Bielsa tiene un plan que contempla una fórmula rotativa en la cual priman la democracia y la representatividad, de modo que no influya el volumen de los aportes de los gobiernos al organismo. Esto de poner poca plata donde los grandes quieren más aportistas de volumen, es tan ingenuo como suponer que si reforma del Consejo hubiere, Argentina estará sobre México en caso que Brasil quedara afuera como representante de la región. Balines de fogueo para un asunto que Washington no tiene en agenda.
Siempre conviene medir las palabras y sino que lo diga el nuevo canciller chileno, Ignacio Walker, quien en mayo, en medio de la crisis bilateral por el suministro del gas, sacó de su arcano todo el antiguo prejuicio transandino sobre el peronismo, al que considera fascista y a Kirchner, un ambicioso de poder. Ricardo Lagos que nombró a Walker parece haber desconocido ese escrito que, en concreto, enfurece a Kirchner quien quiere del canciller un mea culpa público. Delicado. *
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