Alemania: avance neonazi
«Se trata de una señal de los ciudadanos en una democracia vivaz y animada», explicó el primer mandatario alemán en su intervención de hoy ante el parlamento regional de Wiesbaden, oeste de Alemania.
Pero el canciller Gerhard Schroeder expresó que el éxito de las fuerzas neonazis «debe preocupar a cualquier demócrata» y subrayó que no hay que dar oportunidades a los extremistas.
Köhler subrayó también que los políticos deben reflexionar en particular sobre el éxito de los partidos de extrema derecha entre los electores más jóvenes.
De todas formas, si bien los partidos del gobierno -SPD y CDU- perdieron las elecciones, seguirán gobernando y, aunque las relaciones de fuerza no cambien a nivel federal, puede modificarse el clima que se vive en el país, beneficiando al gobierno «rojo-verde» de Schroeder.
El resultado de las elecciones premió a los partidos de la protesta -a los neonazis y a los poscomunistas del PDS- que en sus campañas supieron interpretar el descontento de los alemanes del este por los recortes sociales del gobierno federal.
A 15 años de la caída del muro, el resultado electoral es también una muestra poco edificante de la unificación alemana.
Ayer, los partidos políticos, los medios de comunicación y los politólogos de todo el país se dedicaron íntegramente al análisis de la situación.
La sensación unánime es que lo que pesó sobre el resultado es en gran medida la rabia generada por las reformas laborales del gobierno de Schroeder. En el este se produjeron las «manifestaciones del lunes» y las elecciones del domingo eran las primeras en la región desde el inicio de la protesta, seis semanas atrás.
Pero también pesaron factores locales vinculados sólo indirectamente con la política federal: la alta desocupación (18 por ciento), la perduración del éxodo por falta de perspectivas del este al oeste, y un sentimiento general de inferioridad de los alemanes del este que se consideran los perdedores de la unificación y, en definitiva, ciudadanos de segunda clase.
Castigar a los «poderosos» parece a muchos algo justo sin contar con la escasa afluencia electoral, 56,6 por ciento en Brandeburgo y 59,6 en Sajonia.
En ese sentido, el resultado de ayer fue leído no sólo como una prueba electoral para Schroeder y los partidos tradicionales sino también como una indicación sobre el estado de la unificación alemana a 14 años de haberse producido.
No es una buena prueba para la democracia del este, ganó el principio del «voto castigo», comentó hoy el Sueddeutsche Zeitung.
«Votar a la derecha, votar a la izquierda, no votar», fue la síntesis que hizo el periódico de la situación.
En Brandeburgo, un lugar donde el SPD es fuerte desde 1990, gobernado por una «gran coalición» SPD-CDU, los socialdemócratas siguen siendo el primer partido pero perdieron 7,4 puntos y tienen el 31,9 por ciento.
El Bundesrat, la cámara de las regiones, estaba dominada hasta ahora por la oposición cristiano-democrática (CDU-CSU), y por los liberales, FDP, que juntos tenían el 41 por ciento de los 69 votos contra los 10 del gobierno «rojo-verde».
Esto significa que la oposición podía bloquear y mandar a comisión todas las leyes del gobierno de Schroeder, obstaculizando notablemente al ejecutivo.
Para un poder de veto total, que significaría para el gobierno la parálisis y elecciones anticipadas, sirve una mayoría de dos tercios, que lo oposición hasta ahora no tenía.
La oposición tendrá siempre la mayoría sobre el gobierno «rojo-verde», pero menos fuerte.
Para los socialdemócratas (SPD) y el canciller es un regalo del cielo: la pesadilla de una mayoría de dos tercios del CDU en el Bundesrat en el caso de una victoria en las regionales el año próximo en el Nord-Reno-Westfalia ya no existe y para Schroeder la perspectiva de una reelección en 2006 es menos remota. *
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